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Ponencia presentada en las
3ª JORNADAS DE HISTORIADORES Y CRONISTAS BARRIALES
REALIZADAS EN ROSARIO EL 17 y 18 DE OCTUBRE DE 2008.

Museo y Archivo Histórico Municipal
“Don Santos Tosticarelli”
Casilda
Federico Antoniasi.
 

por Federico Antoniasi.


El accionar político y cultural de los ferroviarios
en Casilda, primera mitad del siglo XX.


Introducción. El contexto.

  Estas páginas intentan iniciar una exploración por el recorrido que los ferroviarios han seguido en el espacio político y cultural de Casilda durante la primera mitad del siglo XX, haciendo especial hincapié en cómo la definición de sus propuestas en esos ámbitos ha ayudado a modelar la peculiaridad de uno de los barrios más importantes de la ciudad en los comienzos de dicha centuria, a la vez que influyó en la organización de las tramas sociales de otras dos secciones aledañas a la estación ferroviaria. Se trata, básicamente, de la parte del actual barrio centro ubicada en las inmediaciones de la Plaza San Martín y la estación del Central Argentino, conjuntamente con la zona limítrofe correspondiente a los barrios Nueva Roma y Trípoli, este último conocido actualmente como Alberdi. Buscaremos mostrar que no sólo en sus aspectos urbanísticos y económicos estos barrios han sido marcados por la presencia de los trabajadores del riel, sino que sus proyectos institucionales han dado además la pauta de la organización de la sociabilidad en ese rincón de la ciudad de Casilda.

   Fracasado un intento de extensión del ramal del Central Argentino desde la Estación Carcarañá a la Colonia Candelaria, gestionada por Carlos Casado en la década de 1870, el primer impulso de llevar adelante una línea férrea que comunicara a la naciente Casilda con Rosario se produce entre 1881 y 1883, a partir del nacimiento, construcción y posterior inauguración del primer tramo de la línea del Ferro Carril Oeste Santafecino, sobre la base de un proyecto ideado por el propio fundador de la Candelaria. El 4 de noviembre de 1883 queda librado al servicio público el ramal correspondiente, que luego se verá extendido, entre 1887 y 1888, hacia San Urbano y Colonia Iriondo. La extensión de las vías a lo largo de uno de los bulevares céntricos de la entonces Villa Casilda, atravesando inclusive la plaza principal de la misma, marca la fisonomía urbana de la localidad en la vuelta del siglo, definiendo la ubicación de los negocios, galpones, casas cerealistas y generando ciertas pautas sobre los espacios poblados y aquellos que, por la ubicación misma de la línea, quedarían rezagados en lo que concierne a desarrollo económico y demográfico.

   Las vías del Ferrocarril Central Argentino en Casilda se construyen en 1889 y 1890, atravesando el boulevard Santa Casilda, como punto de tránsito en la línea que une Pergamino con Cañada de Gómez. Por esos años, se levanta la estación Candelaria para el embarque de cereales. Hacia comienzos del siglo la empresa del Central Argentino compra el Ferro Carril Oeste Santafecino y desde fines de 1901 comienza a operar en la localidad la oficina de la misma bajo el control de H. H. Jefferies. Desde el primer momento en que la compañía inglesa realiza la compra, se propone el traslado de la estación, agitando una ola de protestas del empresariado que veía alejarse el centro neurálgico de la actividad productiva del punto en que había instalado sus casas de comercio y la infraestructura productiva y de intercambio. En 1903 comienzan los trabajos de remodelación y conexión de las dos líneas ferroviarias, generándose un fuerte conflicto entre las autoridades políticas casildenses y las de la empresa, ya que una prolongación de la vía corta la Plaza Italia de Nueva Roma y la ubicación de la nueva estación clausura la continuidad de las calles Entre Ríos y Corrientes. No obstante estas tensiones, el 24 de octubre del mismo año el Gobierno de la Nación autoriza a librar el nuevo servicio, a pesar del encono de empresarios, estancieros y pasajeros. En 1905 queda inaugurada la Estación de pasajeros y un galpón para talleres de herrería y carpintería, que marcarán desde ese momento las historias individuales y la historia colectiva de los hombres que construirán sus vidas y sus familias en el barrio nacido en sus inmediaciones.

   Respecto al sector conocido como Cantún Lombardo, rápidamente se instalan en la zona una cantidad considerable de negocios, restaurantes, almacenes, fondas, boliches, hoteles, en los que compartirán su cotidianeidad los cada vez más numerosos trabajadores ferroviarios que arriban a Casilda, los peones del cereal que encuentran en la estación un punto casi obligado de acción, los pasajeros, comerciantes ambulantes y demás mercachifles que aprovechan la concurrencia de gente para avivar su día económico. Hoteles como el Central de Ignacio Alberdi, el Italia de los hermanos Bressán, el de Liborio, el Europeo con bufet en la estación de trenes, las fondas Los Pasajeros, de Carlos Bassi frente a la estación y el “Chit Turín”, muy cercana a la misma, conjuntamente con gran cantidad de pequeños comercios que aún no han sido relevados, marcan la fuerte impronta que la estación dará a la circulación de hombres y, más adelante en el siglo, de ideas en esta parte del poblado. Inclusive a una cuadra de la estación se encontraba el prostíbulo La Aurora, de muy reducidas dimensiones y aparentemente clandestino, con tres habitaciones. En lo que hace al barrio Nueva Roma, la zona aledaña a las vías del Central Argentino constituye la más pujante, pudiendo afirmarse que el núcleo de población de dicha sección de Casilda corresponde a la traza definida por las calles Las Heras y boulevard Lisandro de la Torre entre Boulevard 25 de Mayo y Garibaldi.

   La presencia del ferrocarril marca fuertemente el paisaje de sus calles adyacentes, no solo desde el punto de vista edilicio y habitacional, sino además desde la conjunción de hombres que han circulado allí desde comienzos del siglo. Los carreros y los cocheros son dos importantes gremios de trabajadores urbanos de Casilda que encuentran en dicho sector de la ciudad el espacio central para desarrollar sus actividades, por el transporte del cereal unos, por el de pasajeros y equipajes los segundos; ambos, si bien no pertenecen al gremio de los trabajadores ferroviarios, están íntimamente ligados a la actividad principal desplegada por dicho sector de la ciudad. Los coches de Bonavera, Nicolini, Oliva, Moreno, Astilla se transforman en una pieza clave del escenario barrial de la primera mitad del siglo. Los vendedores ambulantes también aprovechan el espacio de la estación. La comunidad turca, ubicada en inquilinatos frente a la estación, trabaja ocasionalmente como jornaleros o como changarines en la propia estación. Muchos se insertan en épocas malas del año como hombreadores de bolsas o peones en el arreglo y mantenimiento de vías.

Los ferroviarios y la política

  Al investigar las relaciones políticas entabladas por los ferroviarios en el período de estudio considerado, debemos comenzar realizando algunas aclaraciones. En primer lugar, destacar la necesidad de diferenciar las prácticas propias de los jefes y empleados ubicados en las jerarquías más elevadas de la empresa, quienes por el rol desempeñado o por su experiencia y trayectoria previas en la ciudad se integran con mayor facilidad a los espacios políticos y de sociabilidad de la elite casildense, de las tareas de organización y difusión de ideas de los empleados y obreros de menor jerarquía y calificación dentro de la empresa, quienes en la segunda década del siglo impulsarán, junto a otros gremios, el crecimiento de las ideas de izquierdas en la localidad. Por otra parte, cuando hablamos de estos últimos grupos de obreros, destacaremos por ahora su incidencia en la conformación de partidos y agrupaciones ligadas a las ideas socialistas y no nos detendremos en su participación en el surgimiento del peronismo en los últimos años cuarenta, ya que dicho tema se encuentra por el momento escasamente investigado y fuera de nuestro alcance. Sólo podemos decir que esta estructura política permitirá a partir de 1946 la incorporación de algunos trabajadores ferroviarios al seno del Concejo Deliberante Municipal de Casilda, como en los casos de Alegre, Acuña o Antonelli.

   En el caso de las elites, sólo conocemos algunos datos referidos a casos puntuales. Nicolás Raffo, primer Jefe de la Estación Villa Casilda del Ferrocarril Oeste Santafesino, llega a Casilda para tomar ese puesto en el año 1883. En 1892, ya lo encontramos integrando la Comisión de Fomento, un año más tarde es Jefe de la oficina local de Correos y Telégrafos para ser nombrado, a comienzos del siglo, Juez de Paz y Receptor de Rentas. Va a ser el segundo Intendente Municipal de Casilda designado por el Poder Ejecutivo Provincial, entre 1909 y 1912. El ingeniero H. H. Jefferies, arribado en 1901, actúa como vocal de la Comisión de Festejos por la declaratoria de Casilda como ciudad organizada en 1907, conjuntamente con su secretario en la Oficina de Vías y Obras, Arturo Willems, llegado a Casilda en 1902. En 1929, tras la renuncia del concejal electo Teófilo Meana, Arturo Willems se incorpora al seno del Concejo, cumpliendo sus funciones durante el período 1929-1930. Igualmente ocurre con Sebastián Arriola, quien actúa en la corporación legislativa municipal entre 1928 y 1930, siendo en 1929 Presidente del cuerpo y ocupando eventualmente la Intendencia Municipal por ausencia del titular.

   Haciendo hincapié en el accionar político de los obreros, el sector ferroviario y el agrícola son los de mayor concentración en lo que hace a la movilidad de los trabajadores en Casilda, por las características de las actividades llevadas a cabo y por la centralidad que adquiere uno y otro en el desarrollo de las tramas económicas de la ciudad y su entorno rural. En 1910, un subalterno de la Jefatura de Policía disuelve una reunión de carácter privado de la Sociedad La Fraternidad. La Capital sostiene que por la índole de la reunión no resultaba procedente disolverla, lo que muestra la idea que un medio de vasta circulación opina sobre el desarrollo de las acciones asociativas de los trabajadores ferroviarios. Es esta, hasta el momento, la primera vez que encontramos documentada la presencia del sindicato de maquinistas en la localidad. No obstante, hemos hallado en el archivo fotográfico del Museo y Archivo Histórico Municipal “Don Santos Tosticarelli” de Casilda una fotografía que registra una reunión de maquinistas ferroviarios sosteniendo el cuadro de honor de la Sociedad La Internacional, que lleva el sello de la casa fotográfica Reina Elena de Donato Stigliano, sin una fecha precisa pero con la inscripción “Villa Casilda”, lo que sugiere la hipótesis de que puede tratarse de un encuentro previo al año de declaratoria de Casilda como ciudad, producido en 1907.

   Florindo Moretti, hombre vinculado a la izquierda argentina del siglo XX, propulsor de las ideas comunistas en Casilda y su zona aledaña, se nutre desde muy chico con la savia del ejercicio sindical realizado por los ferroviarios, ya que proviene de una familia de inmigrantes que se halla atravesada por el doble influjo de las actividades ferroviarias y agrícolas. Siendo un joven de apenas más de diez años, nos comenta que la primera imagen de un huelguista que aparece en sus recuerdos es la de sus tíos ferroviarios, en la coyuntura del paro de maquinistas y foguistas de 1912. Nos deja algunos indicios que nos pueden servir para empezar a reconstruir, hasta donde se pueda, el camino recorrido por el gremio en Casilda. En primer lugar, nos dice que hacia 1911 y 1912 no existía aún una confluencia de organización entre los distintos sectores de trabajadores ferroviarios, lo que en cierta medida influyó en la pérdida de fuerza del movimiento. A su vez explica que no podía encontrarse en el gremio el desarrollo de una expresión política e ideológica clara y contundente, aspecto este que ni siquiera parece vivenciarse en las experiencias de los ferroviarios en los momentos álgidos del accionar político, entre 1917 y 1922. Hace referencia en tercer lugar a las estrechas conexiones que posee el naciente accionar político de los ferroviarios en el sur santafesino con el más concentrado agitar de la plaza rosarina. Por último, nos indica la presencia de un local de La Fraternidad en Casilda, agregando un dato más a los expresados líneas más arriba, al que suma el nombre de Luis Tosticarelli, dirigente ferroviario mencionado como presidente de La Fraternidad en la década de 1910. Al mismo tiempo, nos comenta cómo en 1915 se contacta con maquinistas para boicotear la llegada de trenes a Casilda destinados a anunciar las inscripciones voluntarias de ciudadanos italianos para formar el ejército que se encuentra peleando en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Finalmente, vuelve a indicarnos algunas señas de la presencia de los gremios ferroviarios en Casilda, en el contexto de las huelgas de 1917. De hecho, al realizar un balance de dicha experiencia comenta que “en Casilda, aún no teníamos la unión obrera local, lo único que había era ‘La Fraternidad’ y la FOF, el resto eran embriones de organización sindical. Sin embargo, aunque parezca extraño, en Casilda hubo un paro de veinticuatro horas en solidaridad con la Revolución de Octubre”.

   Después de trabajar en el almacén, despacho de bebidas y fábricas de embutidos de Domingo Bertoletti, aledaño a la estación ferroviaria, nuestro informante se incorpora a la empresa del Ferrocarril Central Argentino el 1º de enero de 1918, prestando servicio en Casilda, como limpia-máquinas aspirante a foguista. Comienzan también allí sus primeras tareas en el sindicato La Fraternidad, cobrando las cuotas a los afiliados. Su contacto previo, en el almacén y boliche, con carreros, estibadores, peones rurales y ferroviarios sin duda orienta la práctica política e ideológica de este nuevo empleado del Central Argentino.

   En su relato, Moretti hace coincidir su arribo al galpón de máquinas y a las labores gremiales con la época de máximo ascenso del accionar sindical y político de izquierdas en Casilda. Más allá de estas especulaciones, es cierto que la época posterior al despliegue de la huelga ferroviaria de 1917 puede ser considerada, no solamente para el gremio de los trabajadores del riel sino para el movimiento obrero en general, un momento de verdadera agitación, que se despliega hasta 1921 o 1922, en el que la actividad vive un período de reflujo. Casilda, más allá de que las acciones nunca adquieren las dimensiones que poseen en otros centros urbanos similares o adyacentes, no queda al margen de esta situación. Florindo Moretti y Arturo Dupont se entrevistan con sectores diversos de la actividad política local para conmemorar conjuntamente el 1º de Mayo de 1918; en ese momento, anarquistas, socialistas, representantes de La Fraternidad y de los estibadores crean una comisión organizadora encargada de los actos. A los bailes y veladas filodramáticas se suman el reparto de panfletos por parte de cada una de estas agrupaciones, la realización de colectas, actividades que muestran el crecimiento del accionar político de las primeras fuerzas políticas de izquierdas en la localidad. Apostados en la estación de trenes esperando a los oradores, los participantes en el evento escuchan, entonadas por la banda de música local adherida a la conmemoración, las estrofas en italiano del Himno a los Trabajadores, junto con La Marsellesa y La Internacional.

   Al poco tiempo se constituye en torno a la figura de Dupont un grupo de difusión de ideas integrado entre otros por el ferroviario Pedro Pierretti. Florindo Moretti, se convierte en uno de los principales propagandistas de las ideas comunistas en la zona, en tanto estaba encargado del contacto con los estibadores, carreros y trabajadores de las estaciones de pueblos y colonias vecinas. Reunía, además, a los obreros del taller de Casilda para leer la publicación comunista “La Internacional” e impulsaba el Comité de Ayuda a Rusia, tendiente a obtener fondos para paliar el hambre en el país de los soviet, azotado por la guerra civil; en este caso, su trabajo incesante se desplegaba en los boliches y fondas aledaños a la estación, así como en los galpones de carga y descarga del cereal.

   El 4 de abril de 1921 se realiza en un modesto local de la zona céntrica de Casilda la reunión constitutiva de la sección casildense del Partido Comunista, nuevamente sobre la base de irradiación que genera la labor constante de Moretti y Dupont. Según los comentarios del primero, una importante cantidad de los cuarenta y dos asistentes a la asamblea se desempeñaba en diversas tareas dentro de la empresa del Central Argentino. Moretti rescata la memoria de José Bicchietti (jefe de boletería de la Estación Casilda), Martín Abate (segundo jefe de encomiendas y eximio futbolista, capitán del equipo de Aprendices), Pedro Pierretti (cambista), Mancinelli (señalero), Enrique Menna (de encomiendas), Capitanelli y Emilio Carranza.

   Las conexiones telegráficas entre la estación de Cañada de Gómez, polo de irradiación de las ideas comunistas y la de Casilda, en donde actuaba como telegrafista un tal Dipré, vinculado según Moretti a la nueva agrupación, fueron de gran ayuda en la difusión de la propaganda partidaria en la localidad. La estación ferroviaria se transforma, en pocos años, en un espacio predilecto de las luchas políticas.

   Moretti expresa que “ ...ese campo de trabajo político no estaba librado a nosotros solamente. Casilda era sitio de disputas en cada punto de concentración laboral: estaban los carreros y los cocheros, los ferroviarios, los metalúrgicos y carpinteros. Había una gran producción agropecuaria y se concentraban los trabajadores rurales. Las poblaciones del sur santafesino tenían una gran actividad económica. En cada localidad había diez o doce fondas, y cuando las fondas no alcanzaban los obreros se iban a dormir a los vagones del ferrocarril. La disputa era entre el anarquismo, que perdía influencia, y nosotros que aparecíamos en escena”. Nuevamente, el ferrocarril y los hombres que lo surcan no pueden quedar exentos en el análisis del surgimiento y consolidación de estas nuevas prácticas, a lo que debe agregarse la enorme influencia que sobre estos trabajadores ejercían los caudillos radicales, ligados a la actividad de cocheros y carreros, tales como Laudelino Cruz y Juan Bonavera, ambos concejales de Casilda al comienzo de la década de 1920 y ligados a su vez con el movimiento de Dupont y Moretti.

   En los años posteriores, el comunismo va a tratar de encontrar en Casilda un punto de anclaje para su afianzamiento en la región y los obreros ferroviarios intentarán ser sumados a las prácticas de la recientemente constituida entidad política. Hacia 1922, en las vísperas de la realización del congreso del gremio de ferroviarios, Moretti nos brinda esta percepción de los hechos: “en Casilda había un millar de obreros del riel y habíamos hecho un buen trabajo con una treintena de nuevos afiliados. El delegado al Congreso de mayo por Casilda fue el compañero José Bicchietti... Poco tiempo después, Casilda fue tomando mayor cuerpo y desde allí se coordinaba el trabajo hacia Firmat, Las Varillas, Cañada de Gómez, Venado Tuerto y Río Cuarto”.

El accionar cultural

  Si la acción partidaria y gremial marca significativamente las particularidades de esa parte del barrio de la estación, las prácticas culturales van a transformarse en la misma época en un complemento esencial de tales aportes. Un grupo de jóvenes ferroviarios conforma una murga para desfilar en las jornadas del carnaval de 1919. La agrupación Los Rascatripas va a estar integrada por unos cincuenta ferroviarios, asesorados por el técnico ajustador Oliva llegado exclusivamente de Cañada de Gómez. Las prácticas se llevan a cabo en el taller de máquinas del ferrocarril, sobre la mesa giratoria de locomotoras y al costado del galpón. Siguiendo las expresiones de Florindo Moretti, el número artístico del grupo no solamente se despliega en Casilda, sino que además visita algunos puntos cercanos en ocasiones especiales.

   El crecimiento del barrio del ferrocarril va a actuar como uno de los factores para el crecimiento de entidades educativas en la zona: la Escuela Nueva Roma, instalada cerca del almacén de Molachino desde fines del siglo anterior, la Escuela Manuel Dorrego, creada en 1907 y posteriormente la Escuela Nacional Nº 63, nacida en La Penca y ubicada desde 1928 en el ascendente barrio Trípoli. Algunos empleados ferroviarios pertenecerán a las comisiones cooperadoras y de ayuda escolar de estas entidades durante el lapso de tiempo estudiado, además de ser en gran parte los hijos de dichos empleados los que conformarán la matrícula de estos establecimientos.

   Sin dudas, será la Biblioteca Popular Ferroviaria Domingo Faustino Sarmiento la máxima representación del despliegue cultural de los ferroviarios en el barrio y en la ciudad. Nace el 17 de junio de 1919, en una asamblea realizada en el local de la Federación Ferroviaria, por iniciativa de un grupo de empleados y obreros ferroviarios, entre los cuales se destacan el primer presidente de la entidad, Emilio Carranza, Antonio Giaramita, Pedro Pieretti, Sebastián Arriola, Víctor Cova, Luis Tagini, Pedro Spada, Antonio Mastrobenardino, Genaro Gianelli, Luis Acuña y Claudio Dentón, siendo Antonio Tognetto el primer bibliotecario. El 5 de abril de 1921 se transforma en Biblioteca Popular y hacia 1932 cuenta con 2000 libros y folletos encuadernados, colecciones de diarios y de revistas.

   La Biblioteca Popular Ferroviaria define en sus Estatutos, sancionados en 1927, como principal objetivo el de “propender a la elevación moral del pueblo, mediante la difusión de libros instructivos, salas de lectura, conferencia etc., a medida de su desarrollo necesidades y recursos”. Es fundada por el personal ferroviario de Casilda y su Comisión Ejecutiva debe integrarse exclusivamente por socios fundadores de la misma, pudiendo formar parte de la institución todas las personas que lo deseen, sin diferencias de “raza, creencia, nacionalidad y sexos”. La Comisión Ejecutiva de la entidad debe velar porque los libros que lleguen a los estantes sirvan para el desarrollo del carácter y de la voluntad sobre las bases del trabajo y la industria. Al mismo tiempo, debe solicitar el concurso público o privado para lograr que los beneficios de la Biblioteca lleguen principalmente a los niños casildenses y a los obreros de la localidad. Con este motivo, instituye el Día del Libro, en el que una comisión de señoritas, jóvenes o niños solicitan la ayuda del vecindario de Casilda para la donación de libros o dinero para su compra. Aún en el año 1950, al final de nuestro período de indagación, en el Presupuesto General de Gastos de la Municipalidad de Casilda se estipula una subvención de cincuenta pesos mensuales a la Biblioteca Ferroviaria, siendo una constante del período la recepción de una pequeña suma de dinero por parte de las autoridades municipales.

   Libros y conferencias, formadores del espíritu libre, son consignas que también levanta a comienzos del siglo el gremio de los trabajadores ferroviarios. Es esta la idea que comparten con los sectores más encumbrados de la sociedad casildense acerca de la elevación cultural del pueblo, en este caso prestando especial atención a los obreros y a los niños. Sin que hasta el momento podamos corroborarlo, en tanto no conocemos con certeza las filiaciones políticas y los posicionamientos intelectuales de los miembros iniciales de la institución, es posible advertir en esta configuración del discurso elementos que confluyen desde el iluminismo y el socialismo, que ven en los productos de la razón, de la ciencia, la clave para la emancipación de los hombres, especialmente del trabajador. Expresa que “temporariamente invitará a profesionales, ó personas que estén dotadas de conocimientos científicos, industriales, artísticos, sociales o literarios, a dar conferencia en el local social, si esto no fuera posible se deberá leer en público libros ó capítulos de estos de interés general”. Lo cierto es que, como los propios Estatutos sociales vaticinan, esto por lo general no es posible, ya que la realización de charlas o conferencias implica un esfuerzo económico siempre alto para encarar su organización. Durante 1928, por citar un ejemplo, la institución auspicia una conferencia cultural brindada por la Liga de los Derechos del Hombre, cuyo delegado en Casilda es Santos Tombolini. Sin embargo, no prospera la posibilidad de realizar nuevas conferencias por los gastos que pueden ocasionar, afectando seriamente las cuentas de la Biblioteca.

   Es autónoma, sin estar afiliada a ninguna central obrera ferroviaria o de otro tipo, aunque sí puede ceder sus instalaciones –excepto en horas de funcionamiento de la sala de lectura- para la realización de actos o reuniones obreras. Según la rúbrica de los Estatutos, “permanentemente podrá sesionar en la biblioteca, y dejar constituido su cuerpo administrativo en el mismo, el elemento ferroviario de la localidad que crea conveniente afiliarse a alguna entidad obrera Ferroviaria...”. Así podemos constatarlo en un recorrido rápido por los Libros de Actas de Sesiones, que dan cuenta de préstamos y alquileres del local a agrupaciones gremiales del sector. Podemos decir entonces que la Biblioteca es uno más de los espacios tendientes a afianzar los lazos de solidaridad gremiales, además de convertirse en un lugar en el que es posible el encuentro y el reconocimiento de la situación y de las problemáticas comunes de los trabajadores del riel casildenses. Por otra parte, no podemos decir que la Biblioteca se halle al margen de los canales de participación política de los obreros casildenses de la época. Muy por el contrario, los vínculos con agrupaciones sindicales y políticas son evidentes. Para conmemorar el 1º de Mayo de 1928, la Biblioteca decide enviar una nota al Centro Comunista, la Sociedad de Oficios Varios, el Sindicato de Panaderos y la Unión Ferroviaria para convocar a dichas entidades a una reunión tendiente a aunar opiniones para un festejo conjunto. Es autónoma además porque no acepta la protección de la Sociedad Protectora de Bibliotecas; sí en cambio el envío de libros por dicha entidad y los subsidios que la misma pueda enviar.

   Al observar las páginas del libro de Actas de Sesiones de la Biblioteca, correspondientes a las reuniones de los últimos años de la década de 1920 podemos suponer las dificultades por las que atraviesa la institución, ya que resulta una ardua tarea la de convocar a las sesiones de la Comisión Directiva, por la creciente ausencia de los miembros de la misma. Los cambios de directivos en este período no cesan; la gran cantidad de las asambleas convocadas sesiona en minoría. Sin embargo, hacia 1932, La Voz del Pueblo, en su edición especial por el vigésimo quinto aniversario de la declaratoria de Casilda como ciudad, expresa en el apartado dedicado a reseñar los “progresos de la cultura local”, que “la biblioteca de los empleados y obreros ferroviarios ‘Sarmiento’ es otro eficiente organismo fomentador de la cultura pública. Las conferencias periódicas que organiza en su local, favorecidas siempre por un extraordinario concurso de ambos sexos, suelen registrar la auspiciosa nota de buenos oradores de esta ciudad y otros de cartel que vienen de Buenos Aires y Rosario para agitar la atmósfera proletaria con ideas nuevas”. Más allá de que este tipo de publicaciones conmemorativas eleva el nivel de elocuencia de sus expresiones cuando alude al accionar de las instituciones de la localidad, lo cierto es que el empeño de la Biblioteca es indicado conjuntamente con el de un puñado muy reducido de entidades dedicadas al fomento de la cultura, entre las que se destacan la Biblioteca Carlos Casado, la Escuela Normal, la Sociedad Argentina de Socorros Mutuos y la Biblioteca Esteban Echeverría anexa al Centro Socialista.

El ferrocarril, el deporte y el barrio

  El personal inglés que llega para trabajar en la empresa del Central Argentino a comienzos del siglo en actividades administrativas o técnicas, incorpora la novedad de la práctica del fútbol en Casilda, si bien la primera agrupación más o menos sostenida en el tiempo dedicada a este deporte provendrá de la iniciativa de los estudiantes de la Escuela Nacional de Agricultura. En agosto de 1907 surge el Club Atlético Alumni, cuya formación está íntimamente ligada a la vida y al movimiento que se gestan en la estación ferroviaria. Adrián Ascolani comenta que, si bien no se trata de un club de ferroviarios, la ya mencionada incidencia de los empleados ingleses y la conexión con Rosario, plaza en donde existe un amplio desarrollo de la actividad futbolística, influyen decisivamente en los vecinos promotores del nuevo club. De hecho, el encuentro fundamental entre los gestores de Alumni, previo a la constitución de la institución, surge en la propia estación.

   El 17 de septiembre de 1910, en el domicilio particular de Emilio Carranza, nace el Club Atlético Central Argentino, como centro social, cultural y deportivo. En el repaso de la lista de sus fundadores aparecen los nombres de Domingo Felizia, Pedro Marasco, Víctor Cova, trabajadores del Ferrocarril al igual que el mencionado Carranza, junto a Esteban Loza, Emilio Cova, Guillermo Light, Pedro Sarubbi, Guillermo De Soto, muchos de ellos empleados y comerciantes de la localidad. Según la crónica realizada por el periódico casildense La Voz del Pueblo, en honor a la profesión de sus fundadores el club lleva el nombre con el que se lo conoce desde sus orígenes, orientando sus actividades hacia la práctica del fútbol y de las iniciativas filodramáticas que van a quedar a cargo de Pedro Marasco y Emilio Cova.

  El Libro de Oro de Casilda afirma que “en homenaje al Centenario de la Revolución de Mayo y a la profesión de los fundadores” se decide bautizar al nuevo club con el nombre de la empresa ferroviaria con presencia en la ciudad. Hasta bien entrada la mitad del siglo, el club Central Argentino tiene influencia en la definición de las relaciones barriales en la zona de adyacencia de la estación ferroviaria, ya que si bien por la práctica del fútbol se asocia al barrio del Hospital y a su field de la Plaza Belgrano, su surgimiento y primeros pasos parecen estar ligados a la expansión del sector de la ciudad llamado popularmente Cantún Lombardo, cuyo centro neurálgico se halla en torno al almacén de ramos generales de Galmarini y la fonda de Pozzi. Además, en 1936 construye una cancha de básquet en la esquina de las calles Mitre y Entre Ríos, siendo trasladada posteriormente a Corrientes y San Martín.

   Lo mismo puede apreciarse en el caso de Aprendices Casildenses. Esta institución se funda el 17 de julio de 1917, siendo su primer presidente Ramón Juárez y actuando como secretario Domingo Felizia. Según las expresiones del historiador Adrián Ascolani, desde sus orígenes el club se vincula con la elite ferroviaria de la localidad y la cercanía con la estación ferroviaria parecen confirmar esta hipótesis. De hecho, después de iniciar sus actividades en un campo de deportes ubicado en la Plaza Garibaldi de Nueva Roma, se instala posteriormente al field existente en Barrio Trípoli. Hacia 1932 posee una cancha de básquet en un terreno de calle Washington y Corrientes.

   A la incidencia que estas entidades deportivas más o menos organizadas poseen en el escenario barrial debe agregarse sin duda la presencia de algunas otras asociaciones, de carácter un tanto más espontáneo, que no tienen su origen en la propuesta organizada por los trabajadores ferroviarios, pero que van a estar marcados por la fisonomía propia del barrio, incorporando en las filas de sus comisiones o equipos a algunos trabajadores del riel, esta vez por iniciativa particular. Blanco y Negro, nacido aparentemente entre 1916 y 1917 a causa de una disolución momentánea del club Central Argentino, con su centro de actividades en un local situado frente a la Plaza San Martín; Nacional, con centro en Nueva Roma en el cual participan esporádicamente hombres vinculados a la actividad ferroviaria; o El Águila, con su field ubicado en las cercanías de la estación, son una muestra cabal de la ebullición cultural y deportiva que se vive en un sector de la ciudad en pleno período de expansión.

   La Biblioteca Ferroviaria no queda exenta de preocupaciones deportivas y recreativas. En el año 1938 nace el Club Casildense de Ajedrez, con la presidencia de Dámaso Alegre, desarrollando las primeras partidas en el local de la Biblioteca. Dicha entidad se integra un año más tarde como Sub-Comisión de Ajedrez de la mencionada biblioteca, que a la vez es la institución propulsora de la creación de la Federación Casildense de Ajedrez, iniciada conjuntamente con los clubes Círculo Deportivo, Alumni, Aprendices y la Asociación Cristiana de Jóvenes de la Acción Católica. El primer presidente de la Comisión es Pedro Spada, de la Biblioteca Ferroviaria. Por otra parte, la misma entidad cultural integra el conjunto de entidades fundadoras en los años cuarenta de la Asociación de Bochas de la ciudad.

   El 24 de marzo de 1946 se produce el nacimiento del Club Atlético Ferroviarios. En el acta correspondiente a la primera reunión puede leerse que “siendo las 10.30 horas del día de la fecha un núcleo de empleados ferroviarios se reunieron en el local de la ‘Unión Ferroviaria’ cedido gentilmente por esta sociedad, para proyectar la constitución de un club que denominaron Club Atlético Ferroviarios...”.

  La Comisión directiva de la nueva institución queda compuesta por Ambrosio Luraschi como Presidente, Juan Tótoro como Vicepresidente, Antonio Tirabasso y Tomás Marasco como Secretario y Prosecretario, José Biscaldi y Benjamín Pooli como Tesorero y Protesorero, los vocales Jacinto Márquez, Guillermo Clifford, Jesús Corral, José Mattey, Segundo Rachi (titulares), Nicolás Mamarella y Álvaro Tagina (suplentes), el Secretario de Actas Miguel Marasco y los Revisores de Cuentas Esteban Moyano y Rubén Dentón. Se eligen los colores verde y rojo por mitades con separación vertical para la camiseta y se establece una cuota mensual para los socios de cincuenta centavos; con aportes voluntarios se realiza la compra de los primeros talonarios de recibos.

  Es interesante ver la efusividad con que se realizan las reuniones iniciales, atendiendo especialmente a la periodicidad de su convocatoria. Como la misma documentación lo expresa, las actividades comienzan a desplegarse en el local de la Unión Ferroviaria, trasladándose posteriormente a un despacho de bebidas ubicado en la esquina formada por las calles Chile y Las Heras, en el barrio Nueva Roma; más tarde la institución se aloja en un edificio situado en Moreno y Remedios de Escalada, hasta que en el año 1963 puede comprar su sede social propia en la calle Vicente López 2440. Sin tener un campo de deportes propio, utiliza inicialmente el field del club El Águila, ubicado en la intersección de las calles Brigadier López y Washington solicitando también su cancha a Aprendices y Nacional de Nueva Roma.

   Fútbol, bochas, básquet, ajedrez son las actividades deportivas y recreativas que hallan eco entre los miembros y simpatizantes de la entidad. Apenas fundada, se organiza con el objeto de participar en los encuentros disputados en el marco institucional de la Liga Independiente de Fútbol. En ese mismo año 1946, envía representantes a las reuniones de la Liga Independiente de Básquet, resolviendo intervenir con equipo de primera división en el Campeonato organizado por la Agrupación Pro Difusión del Basket-Ball. Hacia 1947 parece entreverse una desorganización de la comisión directiva del club; no obstante, si se observa la reseña sobre lo producido en ese año, vemos que el equipo de fútbol se corona campeón invicto en la categoría de Primera División de la Liga Independiente y obtiene el título mayor en el Torneo 9 de Julio organizado por la Municipalidad de Casilda, además de intervenir en un torneo de la misma actividad realizado en Cruz Alta. Entre fines de la década de 1940 y los años cincuenta, va a mantener además el conjunto de básquet con jugadores provenientes de la labor ferroviaria.

Conclusión

  La sección del actual barrio Centro de Casilda, comprendida entre la ubicación de la Plaza San Martín y el Boulevard Santa Casilda, hoy 25 de Mayo, donde se aloja la Estación de Pasajeros y de Cargas del Ferrocarril Central Argentino, ha sido uno de los principales núcleos de poblamiento y de empuje económico y social en los comienzos de la ciudad. Podría decirse que, más allá del centro cívico existente en derredor de la Plaza Casado, el centro comercial localizado a lo largo de las calles Umberto I, Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, la aledaña al Ferrocarril es la única zona con una ocupación del espacio más o menos compacta, complementando desde el punto de vista económico la fisonomía comercial dada por los negocios de la principal arteria de la localidad. Sin dudas, los empleados que han surcado día a día la Estación del Central Argentino han tenido que ver con ese crecimiento sostenido de tal zona de Casilda, generando lazos de identidad barrial y relaciones de sociabilidad que han marcado profundamente a este sector del poblado.

   Fuera de nuestro período de estudio, se constituye la Asociación Amigos de la Estación Ferro Carril Mitre de Casilda, nacida el 29 de abril de 1969 con el propósito de construir un parque infantil en el sector comprendido entre el Boulevard 25 de Mayo entre las calles Fray Luis Beltrán e Hipólito Yrigoyen, sobre terrenos pertenecientes al mencionado Ferrocarril. Félix Dabat como Presidente y el Jefe Interino de la Estación, Mauricio Signetto, como asesor, se constituyen como las primeras autoridades.

  En 1970, luego de la reorganización de la entidad, se gestiona y obtiene de la Intendencia Municipal el lote de terreno, que es transformado en jardín, cercado y se proyecta el establecimiento de mástiles para las banderas de los Estados americanos y una réplica de la Pirámide de Mayo, que no llegan a ser establecidas. Es esta una muestra cabal de cómo los vecinos del barrio, aún más allá de los límites de nuestra periodización, han considerado y consideran a la ahora antigua estación como un verdadero punto neurálgico de la vida social de esa sección pionera de Casilda.

   La notable presencia de trabajadores en torno a la Estación, no solo vinculados al gremio de ferroviarios sino a todas aquellas ramas de actividad que se han relacionado con estos –cocheros, carreros, estibadores, jornaleros, comerciantes al menudeo, empleados y propietarios de fondas, restaurantes, boliches, han cargado de sentido la sociabilidad del barrio.

  Los ferroviarios han alentado en esta primera mitad del siglo XX, como hemos intentado empezar a descubrir, el desarrollo de prácticas políticas, partidarias y sindicales, acciones culturales tendientes a garantizar el acceso a los bienes culturales para los vecinos del barrio, para los hijos de obreros y para los propios trabajadores y han formalizado la creación de numerosas instituciones que, naciendo a los costados de la estación, han dado por mucho tiempo una vida sumamente activa y una singularidad muy notoria a la cotidianeidad de esa parte de Casilda que de a poco comienza a ser estudiada.




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