Ponencia de Juan José Mocciaro.
TERCERAS JORNADAS DE HISTORIADORES Y CRONISTAS BARRIALES
REALIZADAS EN ROSARIO EL 17 y 18 DE OCTUBRE DE 2008.
Cuatro anécdotas ferroviarias.
CHAPITA TRUCHA
Corría el verano del 63. Coca Cola había lanzado un Concurso que consistía encontrar el dibujo de un Ford Falcon debajo del corcho de la chapita de la gaseosa; quien la encontrara sería el ganador del auto y otro para el dueño del negocio que la vendía.
Trabajaba en los Talleres Ferroviarios de Pérez. En el Cruce Alberdi, a las 5 de la mañana tomábamos el tren obrero que nos llevaba desde Rosario a Pérez. El tren se quedaba ahí estacionado hasta la dos de la tarde que regresábamos.
Frente a los talleres y sobre la ruta se encontraba el bar de Doña María que atendía junto a sus hijos; los ferroviarios antes de entrar a trabajar iban a tomar unas copas para tener fuerza y calentar el espíritu.
Dos compañeros apodados "Capa" y "Tortuga" que eran los reyes de la joda empiezan a planear una broma para Doña María. "Capa", que era un dibujante de primera, empieza a pintar un Ford Falcon en la chapita de coca, valiéndose de una lupa, para que la copia salga perfecta.
Después de varias deliberaciones, llega el día indicado, eligiéndose un viernes, porque los sábados no trabajábamos. A la salida de los Talleres, como todos los días, acuden al bar y piden dos "Coca Cola", especulando en que el tren obrero salía a las 14,15 hs., y les diera el tiempo necesario para subirse.
Doña María les sirve el pedido y retiene las chapitas. Ellos le dicen: ¡NO, la chapita es nuestra! ¡¡¡Avivada la vieja!!!"Tortuga" saca el corta pluma, de reojo miraba el tren que arrancara, para ejecutar el cambio de tapita, sacarle la cubierta, sin que se diera cuenta Doña María que los miraba atentamente, para saber que había debajo de ese corcho.
Con rapidez de mago, deja al descubierto el dibujo del auto. "Tortuga" a los gritos sale corriendo y se sube al tren; Doña María a los alaridos les pide que vuelvan que a ella le tocaba también uno.
Mientras el tren obrero marcha en busca de la próxima estación "Barrio Vila", los dos pícaros asomados a la ventanilla veían como se ponían en forma paralela a la ruta Doña María y sus hijos que con el auto seguían al tren buscando al afortunado.
El lunes un infierno; había cámaras de televisión, radios, periodistas para entrevistar al dichoso, pero "Capa" y "Tortuga" pasaron parte de enfermo para no afrontar tamaña joda, no se podían imaginar como iban a reaccionar Doña María y sus hijos cuando se enteraran que la Chapita era Trucha.
Algunos compañeros de trabajo fueron preparando a la dueña del bar y a sus hijos para suavizar el desenlace. Nadie podía prever lo que harían; fue tan terrible la picardía que no podían digerir tal joda.
Cuentan que los hijos andaban calzados con una pistola; querían matar a los amigos de la broma.
A los pocos días, a la entrada del bar, un cartel rezaba:
ESTE BAR HA DECLARADO
PERSONAS NO GRATAS
A CAPA Y TORTUGA.
Autor:
Juan José Mocciaro.
DÍA DEL CONSCRIPTOEn la Ciudad de Pérez todos los años se organizaba el Día del Conscripto. Era un baile popular que se realizaba un sábado al año en el Club Unión y cuya finalidad no sólo era reunir a los futuros conscriptos, sino que todo lo recaudado se repartía entre los de la clase que le tocaba el servicio militar.
En los talleres del Ferrocarril se colocaban carteles de propaganda que invitaban a la muchachada; entre ellos había dos compañeros cuya anécdota paso a detallar.
Llegó el sábado tan esperado, en el baile sacan a bailar (cabecean) a dos bellas; ya en la pista, como las chicas eran amigas entre pieza y pieza se ponían a conversar. Una de ellas les dice: ¿Uds. no serán ferroviarios?, en ese momento mis amigos se quedaron atónicos por la manera y el timbre de voz de la pregunta y se miraron.Ocurre que ellas vivían en Pérez y estaban hartas de ferroviarios por tener los talleres en frente de sus casas, agotadas de verlos entrar y salir. Uno de ellos les contesta: Somos estudiantes de Rosario, para salvar el momento, y todo siguió viento en popa.
Después de esa noche salieron en varias oportunidades y las cosas estaban bastante encaminadas, pero como dice el refrán, “la mentira tiene patas cortas”.
Un día sale el tren obrero de los talleres y en el primer paso a nivel tiene que parar porque venía otro tren que iba a Casilda; como era verano estos dos amigos, que siempre se sentaban juntos, tenían las persianas de madera bajas por el sol, y uno de ellos no tuvo mejor idea que levantar la ventanilla para ver porqué se había detenido el tren y justo estaban en el paso a nivel las dos chicas con sus bicicletas esperando que pase el tren. El fin se lo imaginan: ¡Nunca más!
¡Cómo cambian los tiempos!, el prestigio del ferroviario cambió con el correr de los años. Mi padre me contaba que de joven, cuando iban a un baile, le daban el carnet de ferroviario a un amigo para que se lo llevara al locutor y anuncie que se había encontrado un carnet de ferroviario extraviado, anunciando el nombre y apellido y cuando lo iba a buscar al escenario las madres de las chicas les decían: ¡Ése te conviene! ¡Es ferroviario y gana bien! ...y el amigo bailaba toda la noche.Autor:
Juan José Mocciaro
EL TREN FANTASMA
Cuando era chico iba al Parque de Diversiones y lo que más me gustaba era ir junto con mis amigos al Tren Fantasma, que se desplazaba en total oscuridad y lleno de sorpresas.
Por su similitud el Tren Obrero recibió la denominación de Tren Fantasma, hacía el recorrido de Rosario Norte hasta la puerta de los Talleres Ferroviarios de Pérez, trasladando a los trabajadores del riel que allí trabajan.
El mote era porque no tenía ninguna luz, ya que esta era una molestia para los que iban durmiendo, que prácticamente era su totalidad.
Al igual que el tren del parque, estaba lleno de sucesos realmente graciosos, desde su partida de Rosario Norte, donde muchos trasnochados salidos de algún baile o confitería bailable se iba a dormir a los vagones, ya que no les daba tiempo para volver a su casa y así asegurarse que no se quedaría dormido para ir a trabajar.
Mi padre y yo salíamos caminando desde Vélez Sarsfield y Av. Alberdi; en el camino hasta el Cruce Alberdi se iban agregando a esta marcha más de 20 compañeros, íbamos conversando sobre la actualidad política y el tema que no podía faltar: el fútbol.
El peligro de esta caminata era que la barrera del medio no esté baja y que algún tren carguero esté haciendo maniobras porque seguro que perdíamos el tren obrero y había que ir a la Estación de Ómnibus a tomar la COTAL único medio para llegar a Pérez.
Los compañeros que venían de la zona norte llegaban hasta el Cruce en colectivo y cuando esa maldita barrera empezaba a bajarse, el colectivero hacía señales de luces para que esperara y lo dejara pasar.
Mi primer día de trabajo en el ferrocarril con 16 años de edad en la categoría de aprendiz, comenzó con el viaje en el Tren Obrero, y la primera incógnita surgió de inmediato ¿cómo pueden viajar a oscuras?; con el tiempo me di cuenta que dormir esos 45 minutos de viaje era bastante reparador.Una vez sentado, en la estación Ludueña sube un grandote, veía que se me venía a mi asiento y al darse cuenta que estaba ocupado empezó a los gritos: “Hay gente nueva haber si se van a otro asiento”; después de este mal rato me dijeron que cada uno tenía su propio lugar y nada más molesto que le usurparan el mismo.
Había dos personajes ajenos al ferrocarril pero prácticamente eran considerados de la familia ferroviaria, tal es así que a fin de año entraban a los talleres y compartían la despedida del año.
Uno era el diariero que subía en el Cruce Alberdi, su kiosco estaba en frente y vendía cientos de "Capitales", tenía clientes mensuales que le pagaban el 8, día que cobraban los ferroviarios. Este diariero tenía unos ojos de gato porque como les conté los vagones no tenían luces, repartía el diario a cada uno de los cliente y también la 6ª de la Razón y en especial los lunes que traía toda la información de fútbol del equipo rosarino que había jugado en Buenos Aires.
El otro personaje, “Víctor”, un tipo simpático, siempre con una sonrisa a flor de labio. Subía en Pérez a la salida del taller y hacía rifas, vendía una tirita de 10 números de tres cifras, cuando arrancaba el tren ya tenía todos los números vendidos. Hacía el sorteo con un bolillero que sacaba algún compañero para demostrar la limpieza del mismo. Una vez que salía el número ganador lo iba anunciando vagón por vagón y después pasaba dando el apellido del ganador y la sección a que pertenecía. Algunos chistosos le gritaban: “Ése es un chanta”, y él al instante le respondía: “Es un buen muchacho”. Sorteaba dos bolsos con mercadería: caramelos, masitas, duraznos al natural, etc. Cuando mi padre ganaba uno de estos premios, llegaba a casa con los bolsos, me embargaba una emoción incontenible, yo era muy chico sabía que venían días muy dulces, por las golosinas.
Víctor fue un personaje digno de rendirle un homenaje como a un caballero con todas las letras, en mis tres años de ferroviario jamás lo vi enojado, nunca se peleó con nadie, desde que se subía en Pérez hasta que se bajaba en la Estación Ludueña que era su barrio.
El tren tenía las paradas convencionales: Cruce Alberdi, Ludueña, Barrio Vila, Pèrez y la última parada en frente de los talleres, pero había una parada improvisada a la altura de Prov. Unidas porque había muchos ferroviarios que subían, se la llamaba “parada mondongo” llamada asi porque subía un ferroviario con la cara arrugada como un mondongo.
Otro día especial era el 21 de setiembre, Día de la Primavera. El Club Mitre de Pérez organizaba los pic-nics del estudiante, ¡Fabulosos! Gran cantidad de colegiales subían al tren para llegar temprano; era un disloque, los vagones sin luz y los adolescentes con ganas de festejar. ¡Ese día no dormía ningún ferroviario!
Cada persona vive las experiencias según como las siente; si bien no todo era color de rosa, al evocar los mejores recuerdos me producen alegría y orgullo de haber sido ferroviario como mi abuelo y mi padre.Autor:
Juan José Mocciaro
LA TACHADALa “tachada” en términos ferroviarios determina la hora del mate cocido. A cualquier ferroviario con el rango que le asista no le puede faltar el tarro y un fierrito con un gancho para sostener el mismo.
Cuando ingresé al ferrocarril mi padre me hizo un tarro para el mate todo estañado con su manija respectiva y el gancho para no quemarme, como si me dejara la herencia ferroviaria.
Yo todo orgulloso a la próxima mañana me arrimé a la fragua con mi tarro 0 Km y coloqué el mismo al fuego, me dí vuelta para ir a mi cofre a buscar la yerba para cuando el agua esté en su punto justo, vuelvo a la fragua y sorpresa para mí no estaba más mi tarro, fue como si me hubieran arrancado una parte de mi cuerpo. Lo primero que pensé pobre mi viejo que me lo había hecho con tanto esmero.
Tenía tal cara de desencajado que se arrimó un compañero de trabajo a punto de jubilarse y me dijo: que te pasó??, le conté lo sucedido, me tomó del hombro y con voz de padre que le habla a su hijo me expresó “ en el ferrocarril hay que tener paciencia para todo y me prestó su tarro y compartimos el mate cocido tan anhelado en los días de frío.
Recurrí al tarro muleto que era uno de durazno al natural y como manija un alambre retorcido a este por más que me lo roben no lo iba a sentir como al otro.
Había pasado un mes aproximadamente y trabajando en la cabina de una máquina Gaia veo que se arrima a la fragua uno con mi tarro con mucho hollín y me puse como loco, quería bajar y boxearlo a este miserable ladrón, que no me lo había dejado estrenar, como yo era aprendiz estaba trabajando con un oficial y me dice que te pasa?
Le cuento toda la historia y me dice de acá no te ven y vos seguilo con la vista a ver donde lo guarda y después te voy a contar el plan.
Una vez que lo ubiqué en el cofre que lo había guardado, fui en un descuido y se lo saqué lo llevé a la máquina y el oficial me dice ves este cartucho plano lo colocan en la vía cuando hay neblina y el maquinista cuando explota sabe que en la proximidad hay una señal.
Lo pinté de negro al cartucho y se lo pegué en la base del tarro con poxipol y lo volví a colocar en su lugar.
Al otro día me coloqué en la cabina de la máquina a primera hora porque no me quería perder el espectáculo de cuando lo ponga en la fragua y lo sostenga con el gancho, a los próximos minutos una explosión retumbó en todo el taller y verle la cara de susto a este ladrón fue toda una alegría y con el gancho en la mano solamente, porque el tarro se elevó como cuatro metros de alto todo defondado. Creo que este compañero no le roba más a nadie el tarro del mate.-Autor:
Juan José Mocciaro
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