ENAMORADOS
DE ANDINO
Por Néstor Saavedra.
Esto es un relato de pescadores que visitaron el
río Carcarañá en Andino, de lo cual escribieron este artículo para la
revista "Aire y Sol".
Un relevamiento exclusivo en un río donde la pesca
de dorados se parece más a la de las truchas sureñas, pero a sólo media
hora de Rosario (Santa Fe).
El río Carcaraná nace en el Departamento Calamuchita
(Córdoba) con el nombre de río Tercero, al juntarse con el río Saladillo,
cerca de la localidad homónima, toma la denominación de Carcarañá.
Es límite interprovincial entre Córdoba y Santa
Fe, y luego linde interdepartamental. Desemboca en el río Coronda, afluente
del Paraná, luego de tomar una muy extraña dirección: paralelamente
al Paraná, separado apenas por unos pocos kilómetros, corre de sur a
norte, exactamente al revés de su colector final.
Para prevenir las consecuencias de las terribles
crecientes provocadas por las precipitaciones pluviales, cerca de la
localidad de Andino, se construyó un dique de nivelación. Las aguas
que bajan del murallón se aceleran notablemente por la caída y por lo
tanto, ganan en oxigenación.
Si a esto le sumamos la gran cantidad de sábalos
y bagres que nadan por este curso, tenemos un hábitat ideal para
un pez cazador como el "tigre de los ríos".
Limay del Litoral: Con estos datos en mente,
no dudamos en acompañar a un grupo de fanáticos del spinning, encabezado
por Pablo Vidal, que han encontrado en Andino la posibilidad de practicar
su estilo de pesca predilecto en un medio ambiente que tiene ciertos
visos de las aguas montañosas.
En Rosario hay un gran número de practicantes
de esta modalidad y por sus chispeantes inquietudes, descubren frecuentemente
lugares para tirar cucharas y señuelos al agua. La constitución
del suelo y la velocidad del agua crean una escenografía especial en
el Carcarañá.
En primer lugar, hay que sortear la barranca de
hasta veinte metros de alto, pero con paciencia y buenas botas es posible.
Luego hay que vadear internándose con cautela desde la costa. El lecho
tiene poco barro y prevalecen las toscas limitadas sobre las que hay
que pisar firmes en busca de los mejores puntos, es decir, poco antes
de la caída del veril, donde el dorado espera a los peces más pequeños
que nadan contra la dificultad de la corriente.
Una vez llegados a la posición de lanzamiento,
el tiro debe hacerse un poco aguas arriba, de manera que la rápida correntada
no aleje tan raudamente al engaño de las posiciones donde los peces
pueden encontrase al acecho. Como el fondo es irregular y suelen presentarse
islotes de piedra dura y como la resistencia del fluido es muy fuerte,
sólo pueden emplearse cucharas o señuelos de paleta corta o intermedia,
muy bien calibrados para que la tracción no los haga saltar o trabajar
desequilibrados.
Una premisa fundamental, por lo tanto, es recoger
lentamente sin ninguna celeridad. Para evitar el cansador trabajo de
caminar estas aguas, es imprescindible el uso de gorra, chaleco con
los bolsillos bien poblados de los señuelos que van a emplearse, pinza
para atrapar la boca del pez, pinza de puntas largas para liberar el
triple y leaders de repuesto, entre otras cosas.
También conviene untarse bien con repelente para
mosquitos y crema solar porque, en estas latitudes y con estos calores,
se necesita buena protección para ambos atacantes.
Óptimos Resultados: En apenas un
par de horas que trabajamos en la zona, cerca del mediodía, acusamos
una decena de piques, algunos de los cuales nos dejaron dudas sobre
el tamaño del autor de tan furibundos ataques. Cinco o seis piezas bien
clavadas ganaron la libertad antes de tiempo: la fuerte correntada las
llevó a un sector de piedras y enganches.
Los restantes cumplieron el ciclo esperado dejando
nuestros brazos y piernas extenuados por tanta presión. Los ejemplares
rara vez superan los cuatro kilos, pero por sus acrobacias juveniles
y la terrible resistencia de la corriente, con equipos leves cualquier
pieza exige más de quince minutos de trabajo.
El hábitat y las presas no invitan a la pesca
con carnada ni al uso de elementos pesados. Cañas de hasta 15 libras,
rheel rotativo de baitcasting o frontal chico, cargado con nailon 0,25
a 0,28 y leader de no más de 12 libras son apropiados para disfrutar
de esta pesca a "La Patagonia", pero muy cerca del Convento de San Lorenzo.
La devoción, por supuesto, es obligatoria para
seguir preservando un pesquero diferente, de gran calidad y notable
cercanía a un gran centro urbano como Rosario, distante poco más de
cuarenta kilómetros de la cuna de Fito y Baglieto.
El camino más rápido es acceder por la autopista
que conduce a Santa Fe hasta el desvío de Andino, aunque también es
posible ahorrarse el pago e un peaje e ingresar por Aldao, con un pintoresco
paisaje de las "pampas gringas" por caminos de tierra.
La experiencia de Andino es singular. Nos hizo
recordar a la pesca de dorados en el Bermejo, claro que con portes menores,
pero también mucho más cerca de Buenos Aires.
Dios quiera que la responsabilidad humana de la
preservación de este reducto sea grande que permita tenerlo por muchos
años para disfrute de los que pescan con un corazón conservacionista.
Néstor Saavedra.