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Tapa del Libro  Mucho se ha discutido y escrito acerca de la educación sexual en la escuela. Las posiciones en general suelen ser encontradas. Desde las que todavía lo siguen considerando un tema tabú y perteneciente al ámbito privado -por lo que se oponen a que de ello se hable en la escuela- hasta quienes consideran que debe ser un tema incluido en el currículum como contenido específico.

   Sin dudas, la batalla por esa inclusión ha marcado un camino de superación, ya que se apoya en la convicción que la información nunca es perniciosa de por sí, sino que por el contrario, los niños tienen derecho a saber y la escuela es el lugar más adecuado para la enseñanza de contenidos complejos y sistemáticamente organizado.

   Pero este trabajo de la psicoanalista Graciela Giraldi va más allá de eso. No es una propuesta de cómo abordar contenidos disciplinares acerca de la educación sexual en la escuela. En un lenguaje a la vez que ameno riguroso, valiéndose de ejemplos de su propia práctica, tanto con niños y adolescentes como en talleres con docentes, va permitiéndonos comprender otra perspectiva distinta acerca de la educación sexual en la escuela.

   La idea que la escuela educa sexualmente, más allá que se lo proponga o no, que educa a través de los procesos de socialización y de subjetivación que se llevan a cabo al interior de la misma, abre un panorama distinto, tanto para re-focalizar la discusión sobre el tema, como para orientar la tarea del docente. La educación sexual no puede quedar reducida a una serie de contenidos que se toman en algunas disciplinas en particular. Tampoco es solamente un contenido transversal del que se deben hacer cargo muchos docentes porque se trata de una problemática que debe ser abordada desde distintas dimensiones.

   Al respecto, es necesario hacer algunas aclaraciones acerca de los contenidos transversales, ya que como tal, se suele proponer la educación sexual en los diseños curriculares y en muchos aportes teóricos, entendiendo por dichos contenidos aquéllas problemáticas que se toman de la realidad social y que deben ser trabajadas en distintas áreas o disciplinas. Esta prescripción tiene la buena intención de señalar que se trata de una formación que debe ser asumida por la totalidad del profesorado y que es un tema de pedagogía institucional. Sin embargo, se ve con mucha asiduidad cómo el concepto ha sido vaciado de significación y los contenidos transversales pasan a ser aquéllos que son tratados como algo accesorio en la formación: hablamos de educación sexual cuando sucede algún hecho relacionado, y luego cotidianamente los tenemos guardados en el cajón del escritorio.

   La autora, a través del abordaje de distintos tópicos, va explicitando qué se entiende por educación sexual desde los aportes del psicoanálisis. Ello le permite revisar distintos temas que posibilitan la comprensión de la problemática central.

   Por ejemplo el tema del amor en el aprendizaje, a través del cual recupera la relación pedagógica, el lazo educativo como una relación mediada por el saber, por la transferencia que el docente posibilita cuando logra establecer una relación de respeto y amor con sus alumnos, pero con la intención que su deseo por el saber pueda ser “contagiado” y que el amor que sus alumnos han depositado en él pueda ser desplazado hacia el amor al saber.

  En esa dirección le preocupan algunos síntomas actuales que muestran los efectos negativos del modelo de mercado, en cuanto a las condiciones de posibilidad de esos procesos de transferencia y de desplazamiento que fundan
el acto educativo. Pues ese modelo ha producido una paulatina desvalorización o trivialización del saber, a favor de la valorización del tener. Todo se puede comprar y vender en el mercado, sin necesidad de establecer vínculos fundantes. El excesivo individualismo que también caracteriza a los tiempos actuales, obtura la posibilidad de establecer lazos sociales indispensables para la constitución subjetiva y la organización social. 

   El resquebrajamiento de la figura paterna, es otra una característica actual. Por un lado, como consecuencias del modelo de mercado que ha dejado a muchos padres marginados del mismo. Por otro, producto de una cierta corrupción de la idea de que es necesario superar modelos autoritarios, los adultos han abandonado la función de poner límites, y es habitual entonces que los padres acudan a la escuela a pleitear porque su hijo no aprobó o recibió una sanción. Ese resquebrajamiento tiene efectos fuertes en la relación pedagógica, ha agrietado el lazo pedagógico fundado siempre en un principio de autoridad.

   La autora, a través del abordaje de distintos tópicos, va explicitando qué se entiende por educación sexual desde los aportes del psicoanálisis. Ello le permite revisar distintos temas que posibilitan la comprensión de la problemática central.

Contratapa del Libro   Por ejemplo el tema del amor en el aprendizaje, a través del cual recupera la relación pedagógica, el lazo educativo como una relación mediada por el saber, por la transferencia que el docente posibilita cuando logra establecer una relación de respeto y amor con sus alumnos, pero con la intención que su deseo por el saber pueda ser “contagiado” y que el amor que sus alumnos han depositado en él pueda ser desplazado hacia el amor al saber.

   En esa dirección le preocupan algunos síntomas actuales que muestran los efectos negativos del modelo de mercado, en cuanto a las condiciones de posibilidad de esos procesos de transferencia y de desplazamiento que fundan el acto educativo. Pues ese modelo ha producido una paulatina desvalorización o trivialización del saber, a favor de la valorización del tener. Todo se puede comprar y vender en el mercado, sin necesidad de establecer vínculos fundantes. El excesivo individualismo que también caracteriza a los tiempos actuales, obtura la posibilidad de establecer lazos sociales indispensables para la constitución subjetiva y la organización social.

   Como dice la autora, hay acto docente cuando quien enseña logra tomar el discurso del maestro, logra despertar en sus alumnos el interés por aprender, cuando provoca la transferencia o el amor al trabajo con otros y con los textos. Y ese acto no es posible si del lado del docente no existe un decidido deseo de enseñar, si no hay un “es más fuerte que yo”, que lo empuja a querer enseñar a rajatablas. Solo si el docente está mordido por el deseo de enseñar, puede inyectar en sus alumnos el deseo de aprender. Alerta, además, acerca de lo peligrosas que pueden resultar las posiciones compasivas o la beneficiencia de parte del docente para con sus alumnos.

   A través de un interesante recorrido histórico acerca de las concepciones de niño, de educación, de sexualidad que han prevalecido en diversos modos de organización social, se muestra que los procesos de socialización y de subjetivación son construcciones sociales y, que como tal, han ido cambiando. En el trabajo se reconoce los avances actuales, en relación a la superación del tema de la sexualidad como tabú o del enfoque exclusivamente biologista. Pero describe cuales son los síntomas actuales que obturan esos necesarios procesos de subjetivación, como único modo de lograr humanidad.

   Resulta muy valiosa la perspectiva planteada acerca del síntoma, ya que “gracias” al síntoma y a través de la palabra, es posible darnos cuenta del sufrimiento de un humano, que el sujeto pueda solicitar ayuda, recibirla e intentar establecer otros lazos vitales con su síntoma. Trabajar con los síntomas entonces, supone apostar a la palabra para intentar modificar situaciones obturantes. Supone que el docente, cuando vislumbra algún síntoma que hace sufrir a un niño o le impide crecer en su proceso de subjetivación y que él no puede trabajar, hable con los padres para que éstos soliciten ayuda. El niño tiene derecho a ser ayudado y los maestros tienen, en ese sentido un lugar de privilegio para desanudar algunas de estas cuestiones.

   Las salidas técnicas o medicamentosas son, además de inútiles, sumamente perniciosas. Pues al buscar taparle la boca al síntoma, agregan efectos secundarios, además de anular el único indicio y posibilidad de trabajar los anudamientos profundos. La práctica, tan generalizada hoy, de medicar a los niños con supuestos problemas de atención y de aprendizaje es, también, una salida peligrosa e interesada que propone el mercado, sin importarle los efectos dañinos que produzca en infinidad de niños. El síntoma es, nada más ni nada menos, que la brújula del hablante. Por lo que lejos de alarmarnos sus manifestaciones, debe tranquilizarnos que haya lugar para su manifestación, por cuanto es una puerta de entrada. Como dice la autora, el síntoma tiene dos caras: una de apariencia, oscura y de trueno, otra de claridad.

   Y también agrega que, preguntarse por los síntomas o malestares supone elevarlos al estatuto de un problema, lo que implica que si bien puede no tenerse la solución, ya se está en camino de su elaboración.

   La problemática de la integración también es abordada en el libro, insistiéndose que no se trata de una problemática técnica sino de tener siempre en cuenta que cada uno de nuestros alumnos es un sujeto diferente y que es importante si logramos establecer con ellos, a través de la palabra, contratos subjetivos además de los formales. Se trata de acoger la subjetividad de un niño, que es precisamente lo contrario tanto de imponerle sanciones como de soportarlo o dejarlo hacer. Cualquiera de estas salidas supone abandonar la posibilidad de establecer lazos.

   Resulta interesante, también, el señalamiento que la tarea civilizatoria a favor de la subjetivación siempre se ejerce a través de una inevitable violencia simbólica, que es lo opuesto a considerar a las personas como si fuesen cobayos a adiestrar y domesticar según un patrón de conducta. Si apostamos a los procesos de subjetivación estamos en contra corriente de los procesos de segregación.

   La autora aclara que la educación sexual no es algo nuevo en las escuelas. Desde siempre los docentes tuvieron a cargo una tarea civilizadora que permite abordar lo imposible, educar la sexualidad. Imposible en el sentido de aquello que nunca lograremos pero que permite direccionar nuestras prácticas. E insta a que los docentes no bajen los brazos en su tarea civilizatoria, que sigan ejerciendo la educación sexual mediante el ejemplo, transmitiendo gusto por aprender y por realizar lazos de trabajo con los demás, vivificando la disciplina de lecturas sobre historias, cuentos infantiles y obras literarias, enseñándoles sus derechos. No se trata sólo de incluir nuevos contenidos escolares, sino de inventar nuevos modos de abordar la educación sexual en la escuela, que va de la mano con los procesos de subjetivación y de socialización.

   El libro constituye un invalorable aporte a la comprensión de una problemática compleja, acerca de la cual los docentes saben mucho, pero que el lenguaje tecnocrático muchas veces les oscureció. Recuperar algunas prácticas, revisar otras, comprender más acerca de las subjetividades de nuestros alumnos es una puerta de entrada tanto para direccionar nuestra práctica como también para construir dispositivos que nos permitan mejorarla.

 

Liliana Sanjurjo.
Dra. en Ciencias de la Educación.
Marzo de 2008.