Inicio de Pampa Gringa - Pueblos y Ciudades

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La inmigración española hacia la ciudad de Rosario.

Por el Canciller Gerardo Hernández Illanes
del Consulado Español de Rosario.
Alocución pronunciada en el Centro Cultural "Bernardino Rivadavia"
de la Ciudad de Rosario, con motivo de los actos organizados por el Cincuentenario de la inauguración de Monumento a la Bandera. - Junio 2007.

  La emigración española a la Argentina, y en especial a Rosario, podemos situarla como fenómeno de masas, hacia el último cuarto del siglo XIX.

   Es desde esa fecha, y hasta nuestros días, el tiempo histórico que voy a referir en esta intervención, tiempo histórico, que a mi modo de ver tiene tres etapas perfectamente diferenciadas.
  La primera que va desde 1880 a 1930, aproximadamente. La segunda desde 1930 hasta mediados de los años setenta del siglo pasado, y la tercera y actual, desde esa fecha hasta nuestros días.

   Pero antes de proseguir, cabe preguntarse que entendemos por emigración.
   El diccionario de la Real Academia Española define a la emigración como “conjunto de habitantes de un país, que trasladan su domicilio a otro.”

   Este fenómeno social, político, e inclusive económico, se ha dado cíclicamente en la historia de la humanidad y se seguirá dando, quizá con mayor intensidad en este mundo globalizado y de cambios climáticos, donde los medios de comunicación dan constante y diario testimonio de que hay destinos mejores para desarrollar la vida.

   La emigración a la Argentina, de finales del siglo XIX y comienzo del siglo XX, y no me refiero aquí solamente a la emigración española, sino también a la italiana y a la de otros países de Europa y en menor medida del oriente próximo, tuvo el sustrato propio de toda gran migración, por un lado la pujanza de esta, por entonces tierra de promisión, y por el otro la pobreza, la guerra y el hambre de pueblos tan cercanos hoy al ser nacional argentino, y al motivo de esta disertación. Pero contó, además, con características propias, como fue el hecho singular de la integración y asimilación del extranjero a este país y a su idiosincrasia.
  Dice Ortega y Gasset en su ensayo “Meditación de Pueblo Joven”, "que el pueblo criollo rompe el hermetismo tradicional de las razas y ha sabido hacer de su Nación un volumen perfectamente poroso, donde pueden entrar hombres de todas las razas, de toda lengua, de toda religión, y de toda costumbre, vienen aquí y hallan un área libérrima e ilimitada donde pueden trabajar, levantar hogares, henchir su peculio.” Esto lo escribe Ortega en el año 1923, es decir en pleno auge de la masiva emigración a este país.

   Que vital talento innato el del pueblo argentino de entonces, capaz de absorber hombres de toda oriundez, raza o religión en la unidad del Estado. Este talento insito en el alma colectiva, esta prístina condición sólo observable en los pueblos próceres, genera un espacio de adaptación y asimilación inigualable, tiene por lo demás la virtud de no anular la esencia aportada por el emigrante.

   El espíritu del español, del italiano, del árabe o del judío, sin perder su identidad es aportado al alma colectiva, integrándose a un proyecto nacional esperanzador. Podemos así colegir que estamos frente a un innato talento socializador, que tiene la virtud de homogeneizar lo heterogéneo, como potencia vital, especifica y propia.

   Lo cierto es, que por entonces, el grueso de los emigrantes se sentía protagonista de este prodigioso proceso de crecimiento y desarrollo. Habitan uno de los países mas prósperos del
planeta, y aquí cimientan su hogar y su descendencia, participando del proyecto sugerente de vida en común, del dogma nacional, que por entonces tenía este país de vanguardia.

   Las condiciones a que he hecho referencia, y que con tanta agudeza observa Ortega en su estancia en la Argentina, así como su próspera situación económica, son las causas de esa ola incontenible de emigrantes, sobre todo en el período que va de 1880 a 1920.
  En el año del Centenario de la Independencia argentina, 1910, había en las grandes ciudades, como Buenos Aires y Rosario, mas extranjeros que nacionales.

   Aquí nace el mito-realidad del crisol de razas, vientre generoso donde se funde el alma de la nación argentina, que construía su grandeza en el extremo austral de la tierra.

  Fruto indiscutido del portentoso legado recibido del flujo migratorio de finales del siglo XIX y comienzo del siglo XX, es la creación de un gran número de entidades españolas a lo largo y a lo ancho del país. Su valor arquitectónico e institucional, conformaba el testimonio elocuente del sentimiento de pertenencia, identidad y nostalgia de aquellos españoles visionarios, quienes también rendían con su accionar tributo de gratitud a esta tierra, ya para siempre su segunda patria.

   En Rosario, donde en 1847 se creaba el Viceconsulado de España, siendo su primer titular Don Joaquín Fillol, nacía años después, en 1857, la Asociación Española de Socorros Mutuos, fundada por José María Buyo.

   Desde entonces, y en forma ininterrumpida, esta institución presta servicios asistenciales a sus asociados, manteniendo viva la llama del mutualismo en esta ciudad. Cabe destacar, que el próximo mes de julio, la Asociación Española cumplirá ciento cincuenta años de vida, constituyéndose en la entidad española más antigua del país.

   Con similar visión y empeño se crea en el año 1902, la Sociedad de Beneficencia del Hospital Español, auténtico valuarte de la ciencia médica de la región, con sólido y bien ganado prestigio durante buena parte del siglo pasado.

   Por entonces un grupo de emigrantes de fortuna, como Calzada, Arijón, Echeverria y otros, hicieron posible esta magnífica obra. Tiempo después, en 1936, merced al aporte generoso de Don Ángel y Don Ramón García, titulares de la legendaria tienda La Favorita, se levantaba el Sanatorio Covadonga, auténtico hito de modernidad en aquellos años, y que todavía hoy constituye un testimonio vivo de la grandeza y generosidad de aquellos emigrantes.

   Años antes, en 1882, se fundaba en Club Español, entidad que desde su inicio se convirtió en el ámbito propio de la incipiente burguesía española de Rosario, forjada al amparo de esta tierra venturosa, que posibilitaba realizaciones como la construcción de su monumental sede inaugurada en 1916, obra del arquitecto mallorquín Simón Roca, quien fuera destacado discípulo de Gaudí.
  No faltó por entonces la fecunda simiente de aquellos españoles nostálgicos de sus aldeas al otro lado del océano, quienes exaltando las costumbres de sus mayores y venerando las tradiciones de sus ancestros, crearon infinidad de centros regionales, que aún hoy dan testimonio de aquel tiempo de esplendor. La necesidad de reunirse para bailar su folclore, entonar sus canciones, gustar sus comidas, recordar sus tradiciones, y en algún caso, como el de gallegos, vascos, catalanes, valencianos y baleares, hablar su otra lengua, los impulsó a mantener viva su identidad, si bien como hemos visto, en perfecta consonancia con la integración a este país.

   Y este es el fruto de aquello:
Centro Catalán 1902
Centro Asturiano 1904
Centro Balear 1906
Centro Vasco 1911
Centro Navarro 1913
Agrupación Andaluza 1915
Centro Gallego 1915
Centro Aragonés 1917
Centro Castilla 1920
Centro Riojano Español 1920
Centro Soriano 1922
Centro Mutuo Pollencin 1925
  La primera etapa de la emigración española en Rosario, culminaba su ciclo creador hacia mediados de la década de l930, la contención que significó cubrir las necesidades asistenciales, sanitarias, sociales y regionales, estaba cumplida.

   La conciencia colectiva de la emigración española de aquellos años fundacionales, se sentía plena y satisfecha, plenitud y satisfacción que trasmitieron a sus descendientes, ya argentinos. La estructura creada, estaba en pie, parecía cubrir todas las expectativas y las necesidades existentes en el cuerpo colectivo español de Rosario.

   No parecía propio que en un país como la Argentina, que ostentaba por entonces la mejor educación de Iberoamérica, dotada de notables científicos y una vigorosa vida cultural, los españoles emigrantes, fundasen instituciones educativas, científicas o culturales, que supuestamente estarían lejos de alcanzar el nivel de prestigio y excelencia de las aquí existentes.

   No debemos olvidar la realidad española de aquellos años, producto de una decadencia política, social y económica que laceró sin descanso la historia de España de los siglos XVIII y XIX, culminando este proceso con la guerra de Cuba de 1898, donde los últimos vestigios del imperio colonial se desmembraban, y una corriente de pesimismo y autocrítica se apoderaba del sentir nacional.

   Esa imagen de una España desvastada y decadente, descrita por Azorín como vacía de ilusiones, mortecina, triste, cansada, sin visión clara y rotunda de futuro, se transmite a la conciencia colectiva de la emigración a América. No hay hombres o no hay masas, se pregunta Ortega hablando de la invertebración de la España de comienzos del siglo XX.


   No parece vital por lo tanto en el ideario colectivo español en la Argentina, y tampoco en Rosario, dejar una impronta en el campo educativo, cultural o científico a nivel institucional, será otro tiempo y otras circunstancias las que vuelvan a dinamizar a los emigrantes españoles de Rosario, ahora sí con la activa participación de sus hijos y nietos argentinos.

   Sin la necesidad de esbozar nuevos proyectos, la obra parecía concluida, el colectivo español estaba como hemos visto satisfecho de tan ciclópea labor, y así lo encuentra el comienzo de la guerra civil española en el año 1936.

   La tragedia que asola España como consecuencia del estallido de la guerra civil, es de una magnitud desconocida hasta entonces. Nunca antes en la historia de España, un enfrentamiento entre hermanos había sido tal letal y devastador. En esta contienda extrema nadie pudo permanecer ajeno. Las dos Españas, cantadas de manera desgarradora por Antonio Machado, se enfrentaron con similar pasión, la lucha descarnada y cruel tiene su epicentro en suelo peninsular, pero su onda expansiva llega de manera inexorable a las costas americanas, donde cientos de miles de españoles tomaron partido por uno u otro bando.

   El mundo mira azorado esta guerra atroz, que preanunciaba, premonitoriamente, una tragedia aún mayor, la segunda guerra mundial.

   En la Argentina, donde existía por entonces el mayor colectivo español de todo el continente, la guerra se vive con
intensidad. Rosario no es ajena a este sentir, el enfrentamiento se torna ineluctable. Las consecuencias de esta fractura del cuerpo social e institucional español, por entonces inerme, no finalizan con el conflicto bélico, casi podríamos afirmar que acaban de comenzar.

   El espíritu individualista y a veces irreflexivo del español, provoca hechos irreversibles en la estructura institucional, así como en el tejido social. El Centro Gallego de Rosario pierde su sede, otros centros regionales dejarán de existir, el Club Español, otrora bastión de la acomodada burguesía española, quedará en manos de quienes apostaron por la facción triunfante. Otras instituciones por el contrario, seguirán fieles a los ideales republicanos y sellarán a cal y arena cualquier posibilidad de que en su sede ingrese el Cónsul de España o la Bandera Nacional.

   Empresas comerciales emblemáticas de la ciudad, como La Virginia o La Favorita, tomarán partido por la República o el Movimiento Nacional, llevando a cabo campañas destinadas a recaudar fondos con que subsidiar a los contendientes de esta guerra en ciernes.

   Es entonces que el proyecto sugerente de vida en común, que pergeñaron y encarnaron aquellos emigrantes generosos e idealistas, deja paso a un colectivo dividido, donde el encono y el antagonismo se enseñorean más allá de lo aceptable.
Comienza entonces una nueva etapa en la emigración española de Rosario, etapa donde la asimilación e integración
a este país, la plenitud del proyecto compartido, y la guerra civil española, generan casi medio siglo, yermo de nuevas realizaciones, asentado en la estructura institucional y edilicia existente, así como falto de proyectos capaces de tensar las voluntades, aunar los esfuerzos, arrebatar los espíritus, en pos de nuevas utopías y sueños compartidos.

   Este proceso de cierto aletargamiento, producto como hemos visto de una serie de factores endógenos al acontecer de lo español en Rosario, tiene además otras causas, vinculadas éstas al país receptor.

   El quiebre institucional del año 1930 en la Argentina, produjo un lento pero inexorable deterioro económico, político y social, que se contraponía al incipiente desarrollo económico que alcanzaba España a partir de los años sesenta. Se agotaba así la corriente emigratoria a éste país, proceso que concluiría, a mediados de los años cincuenta del siglo pasado.

   La labor institucional en este medio siglo, -salvo excepciones, como la refundación del Centro Gallego en el año 1956 y previamente la creación del Instituto Argentino de Cultura Hispánica, en el año 1949, este último merced a la acción oficial del régimen franquista-, consistió en conservar el patrimonio heredado de los emigrantes de finales del siglo XIX y comienzo del siglo XX. Una labor valiosa y necesaria, pero carente de nuevos proyectos, de nuevas realizaciones, de nuevos desafíos, con que tensar la voluntad y la conciencia colectiva española en Rosario.
  Como expresé anteriormente, sería otro tiempo y otras circunstancias, las que volverían a dinamizar a los emigrantes españoles de Rosario, ahora si, con la activa participación de sus hijos y nietos argentinos.

   Este nuevo tiempo, estas nuevas circunstancias, y estos nuevos actores, conjugan su accionar, dando así nacimiento a la tercera etapa, referida al comienzo de mi exposición, que se inicia aproximadamente a mediados de los años setenta del siglo pasado y que todavía hoy esta latente. La altura de los tiempos, describe la cambiante situación política y luego económica que se da por esos años tanto en España, como en la Argentina.

   Los actores que protagonizan esta etapa, pertenecen en su mayoría a las últimas olas migratorias a este país que, como hemos visto, se produce hacia mediados del siglo XX, incorporando en su acción a hijos y nietos de españoles.
  Las circunstancias que estos tiempos propone a los nuevos actores del colectivo español de Rosario, actúa en ellos como reactivo, encontrando el campo propicio de la insatisfacción por la tarea inconclusa y la necesidad creciente de nuevos proyectos sugerentes de vida en común, en temas que, en otros tiempos parecían vedados, como el de la educación, la cultura y la ciencia. Reflejaban así con su obra, la imagen de una España moderna, democrática, plural, tolerante y europea.
  Fruto de este accionar es la creación del Colegio Español de Rosario en el año 1977.
   De la Biblioteca del Colegio Español en el año 1978.

   Del Centro de Documentación Histórica del Archivo de Indias, hoy Centro de Estudios Históricos e Información Parque de España, en el año 1984.

   Del Instituto Superior Hispano-Argentino, hoy Colegio Internacional Parque de España, en el año 1985.

   De la Fundación Parque de España, y de su Centro Cultural, también en ese año 1985.

   Del Centro de Apoyo de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España, en el año 1987.

   De la inauguración del edificio del Complejo Cultural Parque de España en el año 1992.

   De la Biblioteca del Colegio Internacional Parque de España, creada en el año 1993, y que cobija los 11.000 libros aportados por los herederos del lingüista Don Luís Alfonso.

   Del Instituto Superior Parque de España, con la carrera de Técnico Superior en Gestión de Agro-negocios y Cursos de Capacitación Pedagógica para Profesores y Técnicos, en el año 1997. Otorgando desde el año 2000, mediante convenio con la Universidad Tecnológica Nacional la Licenciatura en Gestión de Negocios Agroalimentarios.

   Del Archivo de Microfilmes del Centro de Estudios Históricos e Información Parque de España, en el año 1998.

   De la creación del área científica de la Fundación Hospital Español, en el año 1999.

   Y del Centro Binacional en Genómica Vegetal Hispano-Argentino, en el año 2004.
  Por otra parte, las constantes crisis políticas y económicas en este país que generaron un fenómeno nuevo, el de la marginalidad y la exclusión social de buena parte de la población, fenómeno que no fue ajeno al colectivo español de
Rosario y su región, impulsó la creación de instituciones y organismos que contuviesen y dieran protección a los españoles más necesitados.

   Así se crea el Departamento de Seguridad Social, en el año 1980, aunando los esfuerzos del Hospital Español, la Asociación Española de Socorros Mutuos y el futuro Hogar Español, bajo la coordinación del Consulado General de España en Rosario, organismo mediante el cual se brindan servicios asistenciales, geriátricos y sanitarios gratuitos a los españoles carenciados, desde hace ya veintisiete años.

   El Hogar Español en el año 1983.

   Los Centros de día del Centro Asturiano y del Centro Castilla en el año 1998.

   La Fundación Hospital Español en el año 1999.

   Y las nuevas instalaciones del Hogar Español, dedicadas al sector de de internados dependientes, en el año 2006.
  Por último, el advenimiento de la democracia en España y la Constitución de 1978, que incorporaba el régimen autonómico, provocó la revitalización del sentimiento regional de los españoles de Rosario y sus descendientes, hecho que contó con el apoyo, en mayor o menor medida, de las distintas Comunidades Autonómicas de España.

   Así se crean en pocos años los siguientes centros regionales:
La Agrupación Andaluza en 1987
El Centro Valenciano en 1991
El Centro Aragonés en 1992.
El Centro Canario en 1993
El Centro Andaluz Virgen del Rocío en 1994
El Centro Cántabro en 1995
El Rincón Murciano en 1996
El Centro Balear en 1998
El Centro Extremeño en 2003
El Centro Riojano en 2003
Y el Centro Madrileño en este año 2007

   Cabe destacar que el año 1969, se creaba la Federación de Instituciones Españolas de la Provincia de Santa Fe, que agrupa a la mayoría de las entidades españolas de toda la provincia.

   Como hemos visto, el camino que iniciara el Colegio Español tuvo sus frutos, veinticinco nuevas instituciones son creadas en estos últimos treinta años por la emigración española de esta ciudad, muchas de ellas en forma mancomunada con el Consulado General de España, dando muestra del vigor, generosidad y vigencia de lo español en Rosario. Su obra, puede señalarse como modelo de acción colectiva, siguiendo la tradición de sus mayores, quienes fueron precursores en su hacer y visionarios en sus metas, además de transmisores de la cultura del trabajo y del esfuerzo. Creo, y lo digo con autentica convicción y sinceridad, que pocos colectivos españoles en el mundo, pueden dar muestra de tal capacidad creadora y de tan fértil simiente.

   Prueba de esta aseveración la aportan los siguientes datos: La Asociación Española de Socorros Mutuos de Rosario, es la primera mutual creada en este país y la institución española en actividad más antigua de la Argentina.

   El Instituto Argentino de Cultura Hispánica de Rosario es el primero que España crea en la Argentina.

   El Colegio Español de Rosario, es pionero en su género en este país y quizá, en América.

   El Centro de Apoyo de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España, es también el primer Centro que inicia sus actividades en la Argentina y el segundo de América luego del de Caracas.

   El Departamento de Seguridad Social, no tiene antecedentes en otras ciudades argentinas.

   El Archivo de Microfilmes es por sus características técnicas y su finalidad científica, único en el país.

   Los Centros de Día de Rosario, fueron los primeros que España construyera en Ibero América.

   El Complejo Cultural Parque de España, es la mayor inversión oficial española, en todo el continente y posiblemente en el mundo, destinada a la cultura y a la educación.

   El Parque de España, fue precursor en la urbanización de la costa central de Rosario, abriendo la ciudad al río.

   La visita de SSMM los Reyes de España a Rosario, en el año 1985 y en el año 2004, así como el de la Infanta Cristina en el año 1992, dan prueba de la vigencia e importancia de esta colectividad.

   La entronización de la Bandera Nacional de España, en la sala de honor de las Banderas de América, es muestra del respeto de la ciudad y sus autoridades a la emigración española.

   El magnífico patrimonio institucional y arquitectónico que las entidades españolas tienen en Rosario.

   La admirable estructura sanitaria, asistencial y geriátrica.

   El Congreso de la Lengua en el año 2004, y la explosión institucional a nivel regional, son muestra evidente de una gestión colectiva encomiable.

   El futuro Centro Binacional en Genómica Vegetal hispano-argentino a construirse en Rosario, es un proyecto científico de nivel internacional.
  Como hemos podido observar durante más de un siglo, la emigración española de Rosario ha marcado rumbo en el país y en el resto de América, siendo precursora en su accionar en diversos campos, como el asistencial, el mutual, el educativo, el cultural y el científico.

   Valgan por lo tanto estas palabras como muestra de gratitud y admiración a quienes desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, han sabido enaltecer el nombre de España, sirviendo a su vez a la Argentina.

   Quiero sin embargo simbolizar esta gratitud en la figura de dos emigrantes que amé mucho, mis padres, quienes me enseñaron a amar a España, sin limitar, cercenar o mutilar el amor a esta patria argentina.

Gerardo Hernández Illanes
Junio de 2007.

Arriba - Inicio de Pampa Gringa - Pueblos y Ciudades