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EL PROFETA VUELVE A SU TIERRA
Rubén Vedovaldi

  Maradona vuelve a Villa Fiorito para las cámaras de varios canales, para las fotos de diarios y revistas. Firma pelotas de fútbol, firma sobre camisetas, ídolo, grande el diez.

  Lo que tendría que hacer, si tuviera conciencia, es aprovechar ese liderazgo para decirles: abuelos, padres, hermanos, hijos de la villa, no quieran hacer de los niños futuros Diego Armando Maradonas.

   Porque de millones que se esfuerzan en intentarlo puede llegar uno, si llega, y la frustración de todos los demás se expande toda la vida. No lo intenten, es muchísimo más lo que pierden que lo que podrían ganar.

   Levanten una escuela de artes y oficios; aprendan a hacer ladrillos, blocks, aprendan a levantar paredes como albañiles.

   Aprendan a cortar madera, a ser carpinteros. No van a ser genios o ídolos mundiales pero van a ganar su modesta dignidad y ayudarán a sostener una familia digna y eso no tiene precio.

   Aprendan a fabricar cosas en cuero, aprendan a cortar vidrio y a colocarlos en las casas, aprendan el oficio del vidriero y ganarán modesta dignidad para toda la vida.

   Aprendan a leer y escribir, no pierdan el tiempo matándose unos con otros en la tribuna de las canchas, o siguiendo los partidos por la tele, aprendan a arreglar radios y televisores, aprendan a hacer pantalones, camisas, pañuelos, hagan su propia ropa, compren lo que fabrican otros de su barrio,
aprendan a arreglar bicicletas, a reparar motos y autos, aprendan a pintar, a criar conejos o gallinas o a hacer panales de abejas.

   Hagan toda clase de cosas útiles con sus manos, estudien de maestro, de jardinero, de horticultor, de pescador, de chofer.

  Aprendan a hacer comida, aprendan a arreglar zapatos, aprendan a quererse a ustedes mismos, no adoren al ídolo, no levanten santuario si me muero en accidente por ahí; no se emborrachen, no fumen paco, no sean camello o mula del traficante, no sean matón a sueldo de nadie, hagan con sus propios brazos su dignidad, una villa no es menos humana que el centro de Tokio o de New York.

   El amor no está más adelantado en el vaticano o en Jerusalén, que en el corazón de cualquiera de ustedes. No me amen a mi, no amen mi foto o mi fama, amen a sus abuelos, a sus padres, a sus hermanos, a sus vecinos, entrénense todos los días en amar, ganen ese campeonato mundial del amor,
ganen esa copa de héroes o campeones anónimos de cada día trabajando dignamente con sus manos.

   No esperen que venga Papá Noel o Maradona a tocarlos con la mano de Dios, ustedes son el cuerpo vivo de dios, villa Fiorito es el cielo y el paraíso, no la pierdan. Hoy es el día, hoy es la vida, hoy es el futuro.

Rubén Vedovaldi


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