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LOS INMIGRANTES PRÓSPEROS
Francisco Grandmontagne - (1866 - 1936)


Capítulo XI

La Casa de Contratación

(Competencia entre sevillanos y gaditanos

en la primitiva explotación de las Indias)

EFECTOS ECONÓMICOS DE

LA CASA DE CONTRATACIÓN EN SURAMÉRICA

  La Casa de Contratación, de Sevilla, es objeto, por parte de todos los historiadores americanos, de una abundante, acerba y justificada crítica.

  Antes del descubrimiento de América habíase ya iniciado en Sevilla la concentración comercial bajo los Reyes Católicos.

  El hallazgo del Nuevo Continente sirvió para acentuar el monopolio en forma más tiránica. Trazado por Herrera y construido por su discípulo, Juan de Minjares, levantose el edificio cuadrangular, de fachada grecorromana, grande, pesada, que contrasta con la edificación árabe del resto de Sevilla, tan airosa y llena de gracia.

  Herrera se atuvo, sin duda, al gusto del tétrico Felipe II, afecto a las grandes moles, en que todo es formidable, solemne y frío.

  La Casa, aparte de la extorsión mercantil, fue, en sus orígenes, escuela naval. Américo Vespucio obtuvo el título de Piloto Mayor de la Casa de Contratación, encargado de trazar las cartas geográficas de los descubrimientos que en el sur del Continente realizasen Juan Díaz de Solís (descubridor del Río de la Plata), Juan de la Cosa y Vicente Yáñez Pinzón. Además, Vespucio debía examinar a los pilotos y emitir su dictamen sobre los instrumentos náuticos que se fuesen inventando.

  Las mercancías procedentes del interior de la Península y las que llegaban de Flandes, Italia, Inglaterra y Francia, se Concentraban en la Casa de Contratación. De aquí se reexpedían a las Indias, desembarcando en Panamá aquellas que luego habían de trasbordarse para el centro del Continente y las lejanísimas comarcas del Río de la Plata.

  La situación de estas regiones, alejadas de los focos de la conquista (Perú y Méjico), no podía ser más horrible. Los artículos llegaban a Buenos Aires —cuando llegaban—  recargados por un transporte equivalente a cien veces su valor. “Como no había con qué pagar la inflación de su precio en los últimos términos de la jornada, quedaban retenidos a inmensa distancia de nuestro mercado. Muchos habitantes andaban cubiertos de pieles, como los indios, y las mujeres se vestían hilando lana de las ovejas que, por fortuna, comenzaban a abundar. ¿Para qué quieren más? —decían los que en Cádiz y en Sevilla tenían monopolizado el surtido del Perú.” (Vicente Fidel López: “Historia Argentina”, Pág. 130.)

  Ya en aquellos tiempos se combatió el absurdo procedimiento por los mismos gobernadores y virreyes, por Cañete, Francisco de Toledo, Ramírez de Velasco y otros, hasta lograr que se abriera al tráfico comercial el puerto de Buenos Aires (año 1592).

  Pero no se abrió al cabo de un siglo, por conveniencia de los habitantes de aquella colonia, substraída desde España, en esta forma terrible, a todo posible contacto con la navegación y el comercio de otras naciones europeas. Se abrió por ser el mejor puerto para desembarcar los esclavos negros, “cargamento de madera de ébano”, como decían los traficantes, que luego, en hileras, a pie, cruzaban los Andes para ir a trabajar en la agricultura tropical del Perú.

  Ocultamente, los capitanes de estos buques introducían en Buenos Aires mercancías en condiciones ventajosas. Este contrabando sirvió para demostrar la conveniencia de librar al tráfico el gran puerto del Sur. “Surgió una abierta divergencia de intereses entre los que sostenían que debía habilitarse y los que se oponían en razón de que eso importaría un trastorno ruinoso de los enormes intereses establecidos por el monopolio con que se enriquecía el Fisco Español y los Agentes patentados de la Casa de Contratación.” (Historia Argentina, Pág. 131.)  La razón de 1os opositores se fundaba en que había que aumentar el convoy de guerra para proteger las flotas contra la piratería universal.

  Al aumentar el movimiento comercial apoderose de la Casa de Contratación una lucida burocracia. Agustín de Horozco, criado de Felipe II y autor de la “Historia de Cádiz”, la describe así: “Hombres cuya profesión es letras, i como los de otras audiencias i tribunales muy conservadores de autoridad i recogimiento para oír, ser visitados i no visitar.” ¿Qué desaire harían los “contratadores” al amigo Horozco?...


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Biografía del autor Francisco Grandmontagne

 


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