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LOS INMIGRANTES PRÓSPEROS
Francisco Grandmontagne - (1866 - 1936)


Capítulo XIV

AUGE Y DECADENCIA DE CÁDIZ:

LOS ALMOJARIFAZGOS

  Existían tres almojarifazgos, o derechos de importación y exportación (“renta del rey”): uno llamado mayor, que se refería al comercio con Europa; otro relativo a Indias, y el tercero correspondiente a Berbería. En conjunto, estos derechos producían (reinado de Felipe I unos setenta mil ducados. Los almojarifes (vistas de aduana) establecían el aforo y aplicaban el derecho. La valoración se determinaba sobre la tabla de la aduana, por apreciación, sin tarifa. Bajo el reinado de Felipe III se cambió el nombre de almojarifes por el de “tesoreros del rey”. En España, los reyes han procurado siempre que las cosas, antes que españolas, sean reales. Y bueno sería abolir de una vez un género de propiedad tan absorbente.

  Un privilegio que eximía a. Cádiz de todo pago de almojarifazgos, fue el origen del progreso extraordinario de esta ciudad. Era en suma, puerto libre. Lo debió ser siempre. “Toda la concentración —dice Horozco— se juntaba en esta ciudad. i en esta bahía, trocando, vendiendo o cambiando el mercader de Levante lo que avía menester i se le ofrecía de Poniente, y los de Poniente lo que para aquellas partes avían de llevar, sin ser necesario que los del mar Océano pasasen al Mediterráneo, ni los de este mar al otro, sirviéndoles Cádiz de una plaza i feria la mayor del Universo.”

  Durante la época de exención acudieron a establecerse en Cádiz numerosos mercaderes de toda Europa, especialmente de Inglaterra, Italia y Francia. Pero el arrendamiento de la renta de aduana, de los almojarifazgos, a Compañías particulares, extranjeras, trajo la ruina de Cádiz y pudiera decirse que de toda España. El tesoro real había llegado a la mayor penuria. Y entonces las Compañías, en cuyas manos cayeron las Casas de Contratación, impusieron el derecho de cinco por ciento “para pujarle al rey la renta —dice Horozco—, i también para sacar ellos, los extranjeros arrendatarios, remuneración de tal arbitrio en sus particulares fines, siempre contrarios a estos reynos”. Privado Cádiz de su condición de puerto libre, cambió el eje económico del mundo. La renta real, en vez de aumentar, se redujo. Felipe II estrujaba al comercio para “tener con qué acudir a los excesivos gastos de las guerras contra infieles, sin aver quien le pudiese advertir ni reparase en los inconvenientes i ruinas que con ello se causaban a esta ciudad i a todas las del reyno” —añade el antiguo historiador gaditano. Otros puertos extranjeros, en el Océano y en el Mediterráneo, suplantaron a Cádiz en su hegemonía mercantil, Y aún dura la languidez de la bella ciudad.

  La copiosa inmigración de mercaderes que la Casa de Contratación atrajo a Cádiz requería que el Santo Oficio, con asiento en Sevilla, redoblase la vigilancia. Además de los familiares, se nombraron dos comisarios especiales, que se encargaban de visitar los navíos surtos en la bahía para evitar la propagación del nefando luteranismo. El contrabando de la fe era más estrechamente vigilado que el matute del comercio...


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Biografía del autor Francisco Grandmontagne

 


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