Inmigrantes Italianos
PresentaciónInvestigación y recopilación de la
Licenciada María González Rouco
“Desde el comienzo de la conquista europea de América, los italianos desempeñaron un papel fundamental. En nuestro suelo, desde el descubrimiento, hubo italianos en nuestra historia: Américo Vespucio, Antonio Pigafetta (nuestro primer geógrafo) y tantos más.Hubo italianos importantes en el virreinato (el explorador Mascardi, el músico Zipoli, el arquitecto Bianchi). Durante el gobierno de Rivadavia llegaron artistas, técnicos y científicos; alrededor de 1840, los legionarios garibaldinos. Después de Caseros, hubo importantes italianos en la construcción del ferrocarril (Jacobacci, Pompeyo Moneta), en la realización de obras de riego (Cipolletti, –en Mendoza, Neuquén y Río Negro) y en la industria (los frigoríficos de Antonio Devoto, las fábricas de embutidos de Fasoli y de lácteos de Magnasco fueron herederas de los saladeros de Rocca y de Berisso)”.
“También después de Caseros, se inicia la emigración masiva de italianos –del norte, primero, del sur, después-. Nuestra Constitución, la ley de fomento de la emigración dictada por Avellaneda, el progreso incesante de nuestra república, el salario superior, la abundancia de campo fértil, la ‘magia’ de América y el sueño de la ‘Argentina, tierra de promisión’, fueron importantes razones para venir a nuestro suelo”.
“En 1854 había 15.000 italianos en la provincia de Buenos Aires. En 1895, los italianos eran 492.676 v constituian el 12% de la población del país. Piamonteses, lombardos y friulanos fueron los primeros en llegar. Luego vinieron calabreses, napolitanos y sicilianos”.
“En 1856, como avanzada de frontera, se estableció la "colonia agrícola militar" "Nueva Roma", a 25 km. de Bahía Blanca, página épica de la historia nacional. Pero Esperanza, la primera colonia (?) de inmigrantes agricultores, San Carlos, la segunda Colonia (ambas en Santa Fe) y San José (Entre Ríos) marcan el comienzo de una verdadera transformación de nuestro país”.
“Por la inmigración y colonización, "La Pampa Gringa", como la llama Ezequiel Gallo, (En realidad el concepto "La Pampa Gringa" pertenece a Alcides Greca, quien en 1936 publicó una novela con ese nombre en Santiago de Chile.) pasó a ser una potencia agrícola de trascendencia internacional. Las colonias de italianos suman cientos: Humberto 1°, Lago di Como, Garibaldi, Toscana, Bella Italia, Piamonte, Firenze, Rey Humberto, Víctor Manuel, Rufino, y tantas otras”.
“Según Dionisio Petriella, las colonias italianas de Entre Ríos llegan a 2.000. En Córdoba, hay más de 400. Entre ellas, Colonia Caroya, el más friulano de los asentamientos argentinos, mantiene aún hoy la rica vitalidad de sus más puras tradiciones. Italianos (friulanos) fueron los colonizadores del Chaco y creadores de su industria algodonera. Italianos fueron los propulsores y ejecutores del desarrollo vitivinícola de Mendoza y de San Juan. Italianos también, los que sumaron su esfuerzo al crecimiento azucarero de Tucumán, creando colonias espontáneas en torno a los ingenios. Italianos fueron los creadores de la riqueza del Valle del Río Negro, cuya producción frutícola, con centro en Villa Regina, abarca el 92% de la fruta argentina”.
“Con la colonización, Santa Fe pasa de 20.000 hectáreas cultivadas de trigo en 1872, a 500.000 en 1890”.
“En 1878, el 12 de abril, zarpan del puerto de Rosario 6 veleros transportando 4500 toneladas de trigo procedentes de la Colonia La Candelaria, de Santa Fe. Fue la primera exportación de cereal que hizo el país. Al dejar la presidencia en 1880, Avellaneda expresó ‘el acto más trascendental de mi gobierno es la exportación al extranjero de la primera bolsa de trigo argentino’ ".
Italianos del norte y del sur. Agricultores, viñateros, fruticultores, labradores de la tierra y de un futuro mejor. Cultivaron el suelo, sirvieron a la patria y ampliaron nuestro patrimonio espiritual” (1).
“Desde mediados de 1870 hasta 1910 la Argentina absorbió cantidad de inmigrantes italianos. Como una aspiradora enorme timoneada por un ama de casa prolija, atrajo primero a los del Norte: los caffoni, trabajadores del Piamonte, Lombardía y Friuli; los de la zona del Véneto, Emilia y Liguria. Después siguió por los del centro: Umbria, Toscana y Lazio. Por fin llegaron los napolitanos, calabreses y sicilianos, notablemente más ruidosos y desaforados”.
“Sin que importara el lugar de procedencia, a todos se los llamó "tanos" o "bachichas" y se dio por sentado que hablaban el misrno idioma, aunque los del norte -que se caian de alemanes - no entendieran una palabra de los dialectos que hablaban los terroni del sur, sospechosamente morenos, tirando a africanos. En este "crisol de razas" no contaban los detalles” (2).
“La avalancha migratoria procedente del sur de Europa constituyó sin dudas el mayor contingente humano ingresado en el país entre mediados del siglo XIX y la primera parte del XX; en este contexto, su aporte representó casi el ochenta por ciento del total de los inmigrantes arribados. Si bien los italianos ocuparon el primer lugar por cantidad e impacto en la economía, en la sociedad y en la cultura argentinas, no estaban solos en la aventura transatlántica” (3).
“En las primeras etapas de la inmigración predominaron los septentrionales: lígures, piamonteses y lombardos. Hacia fines del siglo XIX se suman en cantidades importantes los inmigrantes del sur: Calabria, Campania, Basilicata y Sicilia. (...) Los toscanos, que desde siempre se han sentido orgullosos de portar el italiano más pulido, la lengua del Dante, poblarán ‘el gallinero’ en las noches de ópera italiana del Teatro Colón. Los dialectos meridionales de los ‘tanos’ (napolitanos, calabreses, sicilianos) serán responsables del ‘cocoliche’ e inquietarán a las autoridades, preocupadas por el destino de la lengua nacional.
Su importancia numérica hará que todos los italianos sean adscriptos a la categoría ‘tano’; del mismo modo que a los españoles se los llamará unánimemente ‘gallegos’, a todo aquel que venga del Imperio Otomano ‘turco’ y actualmente, ‘bolita’ designa a todo el que venga del área andina, sea boliviano, peruano, ecuatoriano, o simplemente jujeño. Este uso de rótulo sirve para homogeneizar la diversidad apabullante y de paso descalificar el ‘Otro’ ” (4).
Notas
1. S/F: “Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”. Buenos Aires, Clarín.
2. Wolf, Ema (texto) y Patriarca, Cristina (investigación): La gran inmigración. Buenos Aires, Sudamericana, 1991.
3. Alvarez, Marcelo y Pinotti, Luisa: A la mesa. Buenos Aires, Grijalbo, 2000.
4. ibídem
Mucho más sobre la
inmigración italiana hacia Argentina.