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En poemas

Calabria

Adelina C. Cela,
en el poema “Madre Patria” (1),
imagina el sentimiento de su tierra:

Tú clamabas por mí
como una madre divina,
con lágrimas derramadas
en nostálgica partida.

Como un susurro tu lengua
me acunó toda la vida
y no le diste abandono
a tu hija en lejanía.

Alfredo Conte (2) homenajea a su padre, que llegó desde Cosenza en 1887:

Mi viejo, vos hiciste el mundo nuevo
abriste surcos, criaste hijos
y fuiste solamente un inmigrante.
No sé cómo decirlo en dos palabras.

A sus abuelos calabreses evoca Griselda García (3):

mi abuela obligándonos a terminar el plato,
haciendo bocaditos fritos con las sobras porque
‘ustedes por suerte no conocen lo que es la guerra, el hambre...’;
(...)
mi abuelo que para todas las actividades cotidianas
produce un sonido distinto con la boca;
que en los sesenta era sastre en Aerolíneas
y hacía los trajes de azafatas y pilotos,

Notas
1. Cela, Adelina: “Madre Patria”, en La Capital, Mar del Plata, 5 de septiembre de 1999.
2. Conte, Alfredo: Pascualino. Edición homenaje. Buenos Aires, 2001.
3. García, Griselda. Poema inédito.

 

Campania
En el Martín Fierro (1) encontramos muchas referencias al inmigrante.
Transcribo uno de estos pasajes:

Un nápoles mercachifle
Que andaba con un arpista,
Cayó también en la lista
Sin dificultá ninguna:
Lo agarré a la treinta y una
Y le daba bola vista.

José Portogalo evoca, en “Los pájaros ciegos” (2), a un napolitano:

Mi padre, violinista, fracasó en Buenos Aires.

Sin embargo su nombre –Pierángelo- traía
“gli uccelli” luminosos de las calles de Nápoles;
Doménico Scarlatti, heraldo de sus pájaros,
clareaba el mundo denso de su infancia y sus lágrimas.

Notas
1 Hernández, José: Martín Fierro.
Testo originale con traduzione, commenti e note di Giovanni Meo Zilio.
Buenos Aires, Asociación Dante Alighieri, 1985.
2 Portogalo, José: “Los pájaros ciegos” (Fragmento), en L. Lugones, B. Fernández Moreno, R. Molinari y otros: La poesía argentina. Buenos Aires, CEAL, 1979. Pág. 111. (Capítulo, Vol. 4).

 

Friuli

En “Otra vez las dolomitas” (1), Syria Poletti evoca el paisaje de su infancia:

Aún remonto la picada sobre el abismo,
sin cuerda.
Pero algo ha cambiado:
ya no añoro tu mano.

Notas
1. Poletti, Syria: “Otra vez las Dolomitas”, en Letras de Buenos Aires.

Lombardía

En el poema “Antiguo Almacén ‘A la ciudad de Génova’” (1),
Olivari evoca al italiano Miquelín:

Miquelín, grande como una estatua,
que se iba a la cosecha y volvía rico dos semanas
-apenas para pagar la vuelta a todo el barrio-.
Mientras le duraba la plata cantaba,
cantaba las lejanas canciones milanesas de su tierra
y hombreaba recuerdos como hombreando cereal...

Cerca de Lombardía, en el Cantón Ticino, un cantón suizo de habla italiana, nació Alfonsina Storni, la autora de Palabras a mi madre (2):
No las grandes verdades yo te pregunto, que
no las contestarías; solamente investigo
si, cuando me gestaste, fue la luna testigo,
por los oscuros patios en flor, paseándose.

Y si, cuando, en tu seno de fervores latinos,
yo escuchando dormía, un ronco mar sonoro
te adormeció las noches, y miraste, en el oro
del crepúsculo, hundirse los pájaros marinos.

Notas
1 Olivari, Nicolás: “Antiguo Almacén ‘A la ciudad de Génova’”, en L. Lugones, B. Fernández Moreno, R. Molinari y otros: La poesía argentina. Antología, prólogo y notas por Alberto M. Perrone. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo, Vol. 4).
2 Storni, Alfonsina: “Palabras a mi madre”, en Storni, Alfonsina: Antología poética. Selección por Alfredo Veiravé. Prólogo y notas por Alejandro Fontenla. Buenos Aires, CEAL, 1980. Pág. 44. (Capítulo, vol. 51).

Piamonte

María Teresa Andruetto evoca, en “Citröen” (1), a su padre inmigrante:

Regresábamos en un Citröen
rojo, desde una laguna de sal,
un pueblo ahora de fantasmas,
a nuestra casa, en la luz. Y él
cantaba, de viva voz, como
nunca cantaba, voglio vivere
cosí, con il sole in fronte, y
mi madre y nosotras también
cantábamos.

En el mismo libro (2) evoca un funeral de la colectividad piamontesa en Córdoba:

Alguien nos alzó
hacia el tufo de la muerta
(se llamaba Elizabeta),
para que viéramos.

Notas
1 Andruetto, María Teresa: “Citröen”, en Kodak. Córdoba, Ediciones Argos, 2001.
2 Andruetto, María Teresa: op. cit.

Sicilia
Oscar González, en “La anunciación” (1), evoca a una mujer italiana:

Llegó a Puerto Nuevo
En otro fin de siglo
Confiando en la arcilla de estas playas
Y abierta como un surco,
Se dio a la tarea de procrear espigas.

Notas
1 González, Oscar: “La anunciación”, en El Tiempo, Azul, 16 de abril de 2000.

 

 

Véneto

Gigliola Zecchin, más conocida como Canela. “Llegó al país a los diez años. Estudió Letras Modernas en la Universidad de Córdoba. En 1962 inició su carrera presentando los programas vespertinos del canal 10 de la Universidad de Córdoba. (1). " ‘Recién ahora, cincuenta años más tarde, estoy logrando indagar sobre mi propia historia y sobre la guerra que me hizo llegar a Argentina separándome de mis padres y abuelos. El exilio tiene consecuencias terribles en los niños, sentimientos de miedo, insomnio, pesadillas. De esto se trata el desarraigo, de sacar algo de raíz’, concluyó” (2). Es la autora de Paese (3).

Notas
1. Sosa de Newton, Lily: Diccionario Biográfico de Mujeres Argentinas. Buenos Aires, Plus Ultra, 1986.
2. Irigoyen, Pedro: “MESA REDONDA Aquel exilio, este exilio, la misma tristeza”, en Clarín, 28 de febrero de 2002.
3. Zecchin, Gigliola (Canela): Paese. Buenos Aires, De la Flor, 2000.

 

 

Sin mención de origen

En “El alma del suburbio” (1), escribe Evaristo Carriego:

Soñoliento, con cara de taciturno,
cruzando lentamente los arrabales,
allá va el gringo... ¡Pobre Chopin nocturno
de las costureritas sentimentales!

¡Allá va el gringo! ¡Cómo bestia paciente
que uncida a un viejo carro de la Harmonía
arrastrase en silencio, pesadamente,
el alma del suburbio, ruda y sombría!

De Villoldo (2) son estos versos:

Sos para el canto, che, gringo
como para el bofe el gato
tomá una grapa d’Italia
y descansemos un rato.

Gustavo Riccio, en el poema “Elogio de los albañiles italianos” (3), evoca la realidad social de los inmigrantes:

Hacen subir las puntas de agudos rascacielos,
Trepan por los andamios; y en lo alto sienten ellos
que una canción de Italia se les viene al encuentro.

Más líricos que el pájaro son estos que yo elogio:
el nido que construyen no es para su reposo,
el lecho que levantan no es para sus retoños...

¡Ellos cantan haciendo las casas de los otros!.

A un trabajador peninsular, establecido en Mar del Plata, evoca Eduardo Martín La Rosa (4):

Probaste todos los trabajos.
Al fin, la cal y el rojo ladrillo
se metieron en tu sangre.
Volabas por los andamios.
Tu silbido triste, enamoraba a las nubes.
Mirabas el mar... Siempre... el mar...

Alvaro Yunque es el autor de “Una familia de inmigrantes por la Avenida” (5):

A la cabeza el padre, un hombrachote
que lleva un chiquitiño entre sus brazos;
atrás de él dos muchachas, dos gringuitas
de trenzas rubias y de ojos garzos;
detrás la madre cuyo vientre elévase
con la promesa de algún nuevo vástago;
y aún detrás cansadamente marchan
dos chicuelos cogidos de la mano;

Escribe Alvaro Abós: “Uno de los periodistas estrella de Crítica, Héctor Pedro Blomberg, glosaba los crímenes del día en romances. Y así trató el caso Donatelli:

‘En el lago flotante, en las aguas,
un sereno encontró el otro día
el cadáver cortado en pedazos
de una pobre mujer. ¿Quién sería?
(...)
¿Quién llevó esta carroña hasta el lago
Y la hundió cuando nadie veía?
¿La llevó algún señor de Lavalle?
De Lavalle y Riobamba sería...’ “ (6).

Roberto Cossa escribió, en El Sur y después (7):

Allá murió la infancia
una caricia, una canción,
una plaza, una fragancia.
Los brazos viajaron, el corazón quedó.
Pero una estrella nos llama del sur.
Y un barco de esperanzas cruza el mar.
América, la tierra del sueño azul.
Es un vaso de vino, es un trozo de pan.

En su poema “La Condra” (8), Fulvio Milano canta:

Así la llamaba el abuelo italiano. No sé
qué significa este nombre. Condra,
la yegua blanca que atábamos al sulky.

¿Qué voy a hacer, Dios mío, con este
nombre raro
a través de la gente, a través del olvido?.

Alberto Luis Ponzo expresa en “Dibujos de papá” (9):

Seguí durante horas
la cabeza
que viajaba desde Italia
dejando olas y vientos
navegando en la piel.

Rubén Héctor Rodríguez evoca, en “Extraño chamuyo” (10), al propietario de un conventillo:

En el conventiyo del tano Giacumín
se armó la de San Quintín
a causa de extraño y sórdido chamuyo.
Entonces, cada cual aportó lo suyo.
(...)
Por culpa de estas quilomberas
volaron las palomas mensajeras.
Me buchonearon con el patrón
y, cabrero, desalojó el jaulón.

Lava la italiana que evoca Amalia Olga Lavira en “Estampita” (11):

Friega lienzos, camisas y vestidos,
en el fondo, la donna, en la pileta
y en fuentones y tachos florecidos
hormiguitas de sol hacen gambeta.

Habla a su padre Alberto Perrone (12), cuando llega a la casa europea del inmigrante:

Padre hoy conocí tu tierra de vides y olivos.
Conocí a tu hermana y encontré tu joven retrato
que aún preside allá, la casa.

En “Ochenta” (13), Orlando Mario Punzi evoca a sus mayores:

A Dios, conmigo se le fue la mano.

Me dio todo: la mamma de primera,
los amigos en tanda y un hermano,
y ya de pibe le saqué temprano
cien sonetos, o más de la galera.

Carlos de la Púa evoca, en su poema “Los bueyes” (14), la frustración de algunos inmigrantes:

Vinieron de Italia, tenían veinte años,
con un bagayito por toda fortuna
y, sin aliviadas, entre desengaños,
llegaron a viejos sin ventaja alguna.

más nunca a sus labios los abrió el reproche.
Siempre consecuentes, siempre laburando,
pasaron los días, pasaban las noches
el viejo en la fragua, la vieja lavando.

A su abuelo recuerda en “El saludo” (15) Antonio Aliberti, italiano afincado en San Antonio de Padua:

Mi abuelo se paraba para saludar;
se llevaba la mano a la cabeza
(había usado gorra alguna vez)
y saludaba con una reverencia.
A veces la gente salía
sólo para cruzarse con mi abuelo:
no era un saludo como tantos, sino una ceremonia,
como cuando uno despierta de mañana
y ve la punta del sol en la cortina.

“Inmigrante italiano” se titula el poema que Celia Sala dedica a José Longo, su “nonno* / y en él a todos los inmigrantes italianos”. Así comienza:

Soy la esperanza que navega
mares y continentes,
ríos y morros,
para encallar en
alegrías y sueños,
tristezas y renaceres.

Soy la esperanza que aparca
entre matas y avestruces,
rieles, andén y locomotora,
y que con sus manos levanta
carpa, rancho, molino y huerto.


En Oficio de Mujer / Mestiere di donna (16), Lidia Vinciguerra evoca a sus antepasados que llegaron desde otra tierra. En “El asombro”, ella escribe:

Dónde están los míos.
Cuántos míos prendidos de una flor
en el jardín de los después.
El album de fotografías los señala.
Dónde están los míos.
En las alas inmigrantes de los tiempos,
en el pincel de Dios,
sobre el tornasol de las mariposas.


En “Celestes ojos italianos” (17), el poeta Francisco de Madariaga habla a su madre fallecida:

¿Estarás cantando la canción que cantaban
tus celestes ojos italianos?
¿O estarás escuchando cómo canta mi corazón,
que fue la única maravilla en tu terror a
los viejos gauchos bandoleros y en tu
fracaso?


En conjunto

Alfredo Bufano canta a los italianos (18):

¡Salud a ti, fuerte hijo de la loba romana,
hijo del heroísmo y de la santidad,
el que a su espada, dueña de milenaria gloria,
trueca en armas benditas de trabajo y de paz!
¡Salud a ti, el de la estirpe de César
y de Virgilio, el que pone el mismo afán
al labrar tierra propia y al labrar tierra ajena,
o al esparcir semillas que otros cosecharán!
¡Salud a ti que derramas el resplandor de Roma
por los caminos del mundo con manos de eternidad!.

Italianos y otros

En su poema “En el conventillo” (19), Jevel Katz alude a los inmigrantes.

Cuartitos, cuartitos, cuartitos,
y nunca falta algo de barro.
Hay gente allí de todo el mundo
árabes, españoles, turcos, italianos,
todos apiñados en un mismo patio;
y no faltan judíos de Lituania,
y polacos, y galitzianos.

El conventillo fue el escenario del sainete, como lo afirma Vacarezza en un conocido soneto (20):

La escena representa un conventillo.
Personajes: un grébano amarrete,
un gallego que en todo se entromete,
dos guapos, una paica y un vivillo.

Raúl González Tuñón es el autor del “Poema del conventillo” (21), que comienza así:

A la luz de tu farol cansado,
Conventillo
yo también quiero cantar
tu cosmopolitismo abigarrado,
el turbio biombo amarillo
de tu fachada, tu babélico altar,
y tu vestido gris y verde y rosa.


Carlos Paoli es el autor de estos versos (22):

Me procuro primero un compadrito
un ruso, un francés, un cocoliche,
una vieja chismosa, un garabito,
un conventillo, una calle y un boliche.
Con estos elementos y una mina
que la va de cascarrienta y coqueta
que se cree gran señora y es una rea,
un taita que afila y un obrero,
que atrás de ella con el taita la camina
y se charla por la paica y es cabrero.
Ya con eso tiene bastante el sainetero


En “Canción a Berisso” (23), Matilde Alba Swann recuerda las escuelas de esa localidad:

Yo le canto a tus niñas saliendo de la escuela:
alemanas, rusitas, italianas, armenias,
distintas lenguas todas e idéntico candor;
y canto a las pequeñas hijas de mi tierra
"made in argentina" levadura extrajera,
raíces que se prenden a un destino mejor.

Le canto al influjo de tus academias
alimentando el sueño de tu adolescencia
por salir del hollín;
y canto a tus escuelas nocturnas para adultos
donde padres y abuelos aprenden a escribir.


De Leopoldo Díaz es el poema “Tierra prometida” (24), en el que expresa:

El viejo mundo se desploma y cruje...
El odio, entre la sombra acecha y ruge...
Una angustia mortal tiene la vida...

Y como leve arena que alza el viento,
a ti vendrán el paria y el hambriento
soñando con la Tierra Prometida.

Al inmigrante canta Carolina de Grinbaum, en “Llegaste” (25):

Barco de peltre, acero o cucurucho,
mole de mundo,
cargado de niñez, hombres y tumbos,
arribaste.
Estrenaste el chocolate,
la delicia de mazorcas tiernas...
Alimentaste sed de tierra,
Abiertas
para manos rocosas,
temples tristes.

En su poema “Inmigrante” (26), Cristina Pizarro evoca la desolación de quien ve frustradas sus expectativas:

Yo era el que no tenía título,
ni un doble apellido,
el que deseaba vivir en un chalet de dos pisos
con jardín
y revestimientos de piedra Mar del Plata.
Era uno de esos
originarios de tierras
devastadas.
Ahora
soy
este aire ambiguo
este daño
que regresa
y este adiós
menoscabado.

Roberto Antonio Druetta es el autor de “Inmigrantes” (27):

Partieron un día de la tierra amada
buscando un terruño en donde vivir.
Buscando una casa para el primer hijo,
buscando un lugar donde ser feliz.

En “Barco, barcos” (28), escribe Amalia Ottonello:

y esta nave tan grande
viene de Europa.
Llegan hacinados
con sueños de progreso,
inmigrantes
-asustados-

Los agricultores inmigrantes también fueron tema de poesías. En “Ese inmigrante” (29), Virginia Rossi, nacida en Centeno, escribe:

Venía de la tierra:
nosotros no sabíamos
cómo era el paisaje
que en su frente corría...

La nostalgia los embargaba; canta Cristina Assenato en “País de inmigrante” (30):

Porque este pueblo sabe desde los ojos
y por sus ojos que el mar lo trajo,
cuando llegue el sueño grande
nuestros huesos irán cantando
hacia el fondo de la tierra.

Gladys Edich Barbosa Ehraije es la autora de la “Elegía por los inmigrantes” (31), en la que expresa:

Pero lejos
muy lejos
en el corazón
verde de los pinos
los inmigrantes
aún
sueñan con el mar.

   Betina Villaverde escribió “Homenaje al inmigrante” (32):

Sí, y fueron valientes, mares de por medio
sus raíces quedaron
más, no vacilaron, fijo en sus mentes un
mapa brillaba, Argentina.

   Manuel Conde González, pontevedrés que emigró a la Argentina en 1949, es el autor del “Poema al emigrante universal” (33), que comienza con estos versos:

Con el corazón transido
rebosante de ilusión
sale el emigrante un día
a tierras de promisión.

Deja la patria a su espalda
tal vez, su primer amor
la madre queda llorando
el padre con su dolor.

Notas

1 Carriego, Evaristo: “El alma del suburbio”, en Evaristo Carriego y otros poetas: Poemas Antología. Selección de Beatriz Sarlo, prólogo y notas por Adriana Barrandeguy. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo, vol. 47).
2 Villoldo, incluido en “Literatura inmigrante”, www.oniescuelas.edu.ar
3 Riccio, Gustavo: “Elogio de los albañiles italianos”, en J.L. Borges, L. Marechal, C. Mastronardi y otros: La generación poética de 1922 antología. Selección, prólogo y notas de María Raquel Llagostera. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo, vol. 69).
4 La Rosa, Eduardo: “El sueño de don Juan (un inmigrante)”, en La Capital, Mar del Plata, 10 de septiembre de 2000.
5 Yunque, Alvaro: “Una familia de inmigrantes por la Avenida”, en Versos de la calle. Buenos Aires, Editorial Claridad, 1924.
6 Abós, Alvaro: “Muerte en el lago”
7 Cossa, Roberto: El Sur y después. Citado en Colegio Schönthal: Bajaron de los barcos. Historia de la inmigración en la Argentina, www.monografias.com.
8 Milano, Fulvio: “La Condra”, en El Tiempo, Azul, 12 de noviembre de 2000.
9 Ponzo, Alberto Luis: “Dibujos de papá”, en El Tiempo, Azul, 20 de junio de 1999.
10 Rodríguez, Rubén Héctor: “Extraño chamuyo”, en La Nación Revista, Buenos Aires, 13 de diciembre de 1998.
11 Lavira, Amalia Olga: “Estampita”, en ¡Che, barrio!. Buenos Aires, Gente de Letras, 1998.
12 Perrone, Alberto: “Amores por la vuelta. El que una vez partió”, en Hotel de Inmigrantes, 2002.
13 Punzi, Orlando Mario: “Ochenta”, en La Nación Revista, Buenos Aires, 26 de octubre de 1997.
14 De la Púa, Carlos: “Los bueyes”, en L. Lugones, B. Fernández Moreno, R. Molinari y otros: La poesía argentina. Buenos Aires, CEAL, 1979. Pág. 89. (Capítulo, Vol. 4).
15 Aliberti, Antonio: “El saludo”, en www.poeticas.com.ar.
16 Vinciguerra, Lidia: Oficio de mujer / Mestiere di donna. Buenos Aires, Editorial Vinciguerra, 1991. Prólogo de Atilio Jorge Castelpoggi. Traducción directa del castellano de Antonio Aliberti.
17 Madariaga, Francisco: en La Nación, Buenos Aires, 10 de mayo de 1998.
18 Bufano, Alfredo: “En el día de la recolección de los frutos”, en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarín..
19 Katz, Jevel: “En el conventillo”, en Weinstein, Ana E. y Toker, Eliahu: “La rama argentina de la literatura ídish, y rama ídish de la liteatura argentina”, en Weinstein, Ana E. y Toker, Eliahu: La letra ídish en tierra argentina Bío-bibliografía de sus autores literarios. Buenos Aires, Milá, 2004. Traducción de Eliahu Toker.
20 Vacarezza, : “Un sainete en un soneto”, en Cantos de la vida y de la tierra. 1944.
21 González Tuñón, Raúl: “Poema del conventillo”, en Violín del diablo, citado en Páez, Jorge: El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970. 85 pp.
22 Paoli, Carlos: “Sainetes argentinos”
23 Swann, Matilde Alba: “Canción a Berisso”, en Canción y grito, 1955. Incluido en www.matildealbaswann.com.ar
24 Díaz, Leopoldo: “Tierra prometida”, en Cantan los pueblos americanos. Selección de Germán Berdiales; ilustraciones de David Cohen. Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1957.
25 Grinbaum, Carolina de: “Llegaste”, en Inmolación. Buenos Aires, el grillo, 2002.
26 Pizarro, Cristina: en La voz viene de lejos. Buenos Aires, Ayala Palacio, 1996.
27 Druetta, Roberto Antonio: “Inmigrantes”, en Colonia Castelar. Su centenaria epopeya de trabajo y amor 1890-1990, citado en www.nalejandria.com/01/tarbut/novedad/pikudei/inmigr.htm
28 Ottonello, Amalia: “Barco, barcos”, en La esquina literaria. Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 1996.
29 Rossi, Virginia: “Ese inmigrante”, en Capítulos, Editorial Nueva Generación.
30 Assenato, Cristina: “Paìs de inmigrante”, en El Tiempo, Azul, 21 de febrero de 1999.
31 Barbosa Ehraije, Gladys Edich: en El Tiempo, Azul.
32 Villaverde, Betina: poema enviado por e-mail a MGR en 2004.
33 Conde González, Manuel: “Poema al emigrante universal”, leído en “Gente de buena pasta”, Radio Cultura FM 97.9, el 17 de agosto de 2005.

Letras de tango

En “Canzoneta” (1), tango de 1951, con letra de Enrique Lary y música de Ema Suárez, se evoca la nostalgia de Genaro:

Canzonetta gris de ausencia,
cruel malón de penas viejas
escondidas en las sombras del figón.
¡Dolor de vida!
¡Oh' mamma mía!
Tengo blanca la cabeza
y yo siempre en esta mesa
aferrado a la tristeza del alcohol.

“Giuseppe el zapatero” protagoniza un tango (2) de Guillermo Del Ciancio, compuesto en 1930:

E tique, taque, tuque,
se pasa todo el día
Giuseppe el zapatero,
alegre remendón;
masticando el toscano
y haciendo economía,
pues quiere que su hijo
estudie de doctor.

En “La violeta” (3), tango con letra de Nicolas Olivari y música de Catulo Castillo compuesto en 1929, aparece el italiano nostálgico:

Con el codo en la mesa mugrienta
y la vista clavada en un sueño,
piensa el tano Domingo Polenta
en el drama de su inmigración.

Y en la sucia cantina que canta
la nostalgia del viejo paese
desafina su ronca garganta
ya curtida de vino carlon.

“Oro muerto” (4), tango de 1926 con letra de Julio P. Navarrine y música de Juan Raggi, “Fue premiado en el certamen organizado en 1926 por la Compañía Rioplatense de Revistas en el teatro "18 de julio" de Montevideo. Carlos Gardel lo grabó aquel mismo año. A raíz de la censura impuesta en la radiofonía entre 1943 y 1946 se lo denominó ‘Jirón porteño’ ".

El dueño de la casa
atiende a las visitas;
los pibes del convento
gritan en derredor
jugando a la rayuela,
al salto, a las bolitas,
mientras un gringo curda
maldice al Redentor. (*)

(*) Gardel canta: "las va de payador".

Notas
1. Lary, Enrique: “Canzoneta”, en www.abctango.com.
2. Del Ciancio, Guillermo: “Giuseppe el zapatero”, en www.argentina.informatik uni-muenchen.de.
3. Olivari, Nicolás: “La Violeta” en www.argentina.informatik uni-muenchen.de.
4. Navarrine, Julio: “Oro muerto”, en www.todotango.com.


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