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En biografías

Abruzzos
“En Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia, escrito entre 1968 y 1970, Bayer reprodujo las cartas” enviadas por el anarquista a Josefa Scarfó. “Bayer acude a las cartas para definir ese amor. ‘Hablaban de un amor que podríamos calificar de puro, profundo, pero casi sin referencias de tipo carnal o sexual’. Para Bayer, estos escritos destilan la moral anarquista de Di Giovanni: ‘Sus cartas tenían ese tono porque por sus ideas, sentía un gran respeto por el género femenino’ ” (1).

Apulia

  Acerca de PIERO. Un canto de vida, amor y libertad, escribe José Tcherkaski, el autor de la biografía: "Hace quince años que trabajamos juntos. Nos pasaron infinidad de cosas, positivas, negativas, olvidables, inolvidables, ocurrentes, tristes, talentosas, mediocres. Vivimos; ésta es la palabra.

  Construir una historia de vida no es tan fácil cuando el protagonista -Piero- en este caso, está tan ligado a la vida del que debe escribir-relatar-descubrir-mostrar-desnudar al hombre que desde un escenario hace vibrar las fibras más íntimas de multitudes incondicionales. Piero no es simplemente un cantante. Si el libro posee algún mérto, es el de mostrar justamente esta afirmación: Piero es un artista popular con un enorme sentido de la vida, con un profundo amor por la justicia y la libertad.

  Su preocupación es el hombre y la conquista de la felicidad, o sea marchar hacia el encuentro de un mundo mejor -como el dice- "lleno de buenas ondas". En este tramo de vida que recorremos juntos, construimos muchas canciones, en todas tratamos-intentamos compartir el sentimiento de la gente para sentirnos identificados con nuestros semejantes.

   Cada historia, cada texto o cada música es un pedazo de nosotros, una porción de vida que fuimos desparramando a lo largo de estos años, tan intensos, tan llenos de arbitrariedades, persecuciones y grandes traiciones. Ojalá el trabajo sirva para que las generaciones venideras sepan que una vez, en un planeta llamado argentina, vivió-vivimos, hombres-seres humanos, que intentaron contar que la vida "brilla mil veces más fuerte que el sol y calienta..." (2).

Piamonteses

   En “Polidoro Segers, el primer médico de Tierra del Fuego”, Raúl Agustín Entraigas se refiere al padre José Fagnano, nacido en Rachetta, Tanaro, en 1844: “Segers tenía ya treinta y cuatro años. Cuando se trató de dar examen, se encontró con que necesitaba título habilitante para ingresar en la Facultad... ¿Qué hará? ¿Plantará todo? ¡Qué esperanza! Esperará. El tiempo y el ingenio le darían medios para llegar.

  Entre tanto se le cruzó una oportunidad magnífica para conocer Tierra del Fuego. Iba don Ramón Lista a explorar aquellas regiones y a sentar definitivamente nuestra soberanía sobre ellas. Necesitaba un médico. Ningún profesional criollo quiso arriesgarse en esa "patriada".

  El poeta Olegario V. Andrade, padre político de Ramón Lista, lo exhortó e embarcarse y Segers no se hizo de rogar... Con los conocimientos científicos que poseía no le pareció imposible ser "cirujano de segunda" en la expedición... Y en noviembre de 1886 lo tenemos sobre el Villarino rumbo a Tierra del Fuego.

  Como capellán iba el padre José Fagnano, salesiano. Se hicieron grandes amigos. Cuando pisaron tierra firme en San Sebastián, y los 25 hombres de Lista y del capitán Marzano hicieron fuego sobre los onas, dejando sobre la virgen tierra fueguina veintiocho cadáveres, el sacerdote y el médico se levantaron, coléricos, en nombre de la justicia y de la humanidad.

(...) desde aquel día, siempre que había que vérselas con indios, eran Segers y Fagnano los encargados de parlamentar. La primera vez que les tocó la no fácil misión, se vieron en figurillas cuando toparon de buenas a primeras con una tribu. Estaban ambos perplejos. Entonces el médico -narra Fagnano- comenzó a hacer piruetas, a dar saltos y otras niñerías. Fue la salvación de ambos. Los indios bajaron sus arcos y se acercaron, riendo, a los embajadores. Desde entonces fueron los amigos de los onas” (3).

   Partieron desde Italia el matrimonio Vairoleto con su primogénito, porque “en aquella región las posibilidades de prosperar eran muy escasas para los aldeanos pobres, y Vittorio concibió el proyecto de ir a América. Algunos emigrantes, incluso un cura que había estado en la parroquia de la villa, escribían enviando noticias favorables desde la Argentina, un país donde hacía falta mano de obra y eran bienvenidos los labriegos italianos para poblar las colonias agrícolas. Ilusionados por esas perspectivas, Vittorio y Teresa se dispusieron a marchar al nuevo continente con su bebé recién nacido”. Aquí nacería Juan Bautista.

   Los Vairoleto “siguieron hasta Rosario remontando el gran río Paraná. Al bajar en los muelles con sus bultos, mientras la sirena de la nave seguía anunciando el arribo, los emigrantes de tercera clase se encontraron con una cantidad de gente que les hablaba en piamontés, ofreciéndoles los más variados destinos y trabajos a cambio de alojamiento y comida. Todo les resultaba asombroso y no era fácil saber qué les convenía, pero tenían que hacer la prueba. Vittorio comenzó trabajando en la cosecha de esa temporada, y emprendieron un largo itinerario buscando un pedazo de tierra donde afincarse” (4).

“Alberto María De Agostini nació en Pollone, pequeño pueblo de Piamonte, en las cercanías de Biella, el 2 de noviembre de 1883 (5). Monseñor Patagonia. Vida y viajes de Alberto De Agostini el sacerdote salesiano y explorador (6) se titula la biografía escrita por Germán Sopeña, acerca de la que leemos: “En esta biografía de Alberto De Agostini trabajaba Germán Sopeña cuando lo sorprendió la muerte. Y no por azar está dedicada al gran explorador salesiano. Fueron la pasión y el amor que Sopeña sentía por la Patagonia los que lo llevaron a rescatar del olvido y el desconocimiento a uno de sus más destacados pioneros. Tras una profunda investigación que incluye testimonios de quienes lo conocieron, Sopeña traza la semblanza de este "montañista de alma", del "descubridor de hombres, regiones y montañas", del misionero preocupado por la desaparición de las culturas aborígenes y por la protección de la naturaleza. Sin dudas, Sopeña compartía con De Agostini la misma y poderosa atracción por la misteriosa región patagónica. Así lo refleja tan bella y elocuentemente este Monseñor Patagonia" (7).

   Nora Ayala escribe acerca de su abuelo, que dejó su tierra: “¡Bagnasco! Nunca hubiera creìdo que extrañarìa tanto ese pueblo contra el que tanto habìa despotricado, las tardes con Franco y Luigi mojando los anzuelos en el Tanaro mientras soñaban con tierras lejanas, aventuras, ciudades, fortunas” (8).

Toscana


“Por más de cuarenta años Marco Denevi (1920-1998) ocupó un lugar central en la narrativa argentina. Títulos que van desde la ya clásica Rosaura a las diez hasta Nuestra Señora de la Noche –su última novela–, pasando también por la inolvidable Ceremonia secreta, revelaron una voz original que se expresó en prácticamente todos los géneros, sin excluir guiones para cine y televisión. Esta biografía de Juan José Delaney –rica en documentos, cartas, testimonios y textos inéditos– da cuenta del camino del escritor, su formación, búsquedas, éxitos, fracasos y preocupaciones filosóficas y cívicas, dentro del contexto histórico y literario en que se desarrollaron.

  En otro sentido, el ensayista examina los procesos de escritura en Denevi e ilumina y valora aspectos soslayados de la producción del escritor como, por ejemplo, su condición de cuentista excepcional. El resultado es un trabajo que interesará no sólo a los admiradores de la obra de Marco Denevi sino también a estudiosos de la escritura en general y de la literatura argentina en particular” (9).

   Marco Denevi afirmó: "Genética y educación se confabularon para hacerme adicto a la música. Mi padre, que nunca exteriorizaba sus emociones, sólo aflojaba frente a la òpera. Nací y me crié en un hogar donde se hacía música a diario, donde la música mal llamada culta formaba parte de la vida cotidiana. Todavía niño, y de la mano de mis mayores, fui a salas de concierto y al Teatro Colón" (10).

Trentino

   Alcides J. Bianchi es el autor de Valentìn, el inmigrante (11), obra en la que relata la vida de su padre, exitoso empresario afincado en Mendoza. Don Valentín nació en Fasano, Italia, en 1887. Se dedicó a la docencia hasta que una carta de su hermano lo decide a emigrar a la Argentina. Tenía veintidós años. El hijo evoca ese viaje lleno de ansiedad e incomodidades, con las ratas caminando por encima de la cama del pasajero.

   En nuestro país, el italiano desempeñó distintos oficios, destacándose por su facilidad para la contabilidad y su excelente caligrafía, que le valió el apodo de “el gringo de la letra bonita”. Fue empleado contable y rematador de lotes, hasta llegar a su ocupación definitiva: la de bodeguero. Formó familia en San Rafael, donde nacieron sus hijos.
  La esposa soportó la estrechez de los primeros tiempos haciendo economía en el hogar. Bianchi cuenta que su madre cazaba pajaritos con su rifle y los hijos –pequeños, en ese entonces- los deshuesaban, para almorzarlos con polenta.

  Cuando llegó el momento de pensar en el futuro de su empresa, hizo que los hijos mayores –una hija y el autor de la biografía- estudiaran para poder continuar con el emprendimiento paterno. A partir de ese momento, comenzó a viajar periódicamente a Fasano, donde, ya viudo, pasaba temporadas con su hermana, a quien no había visto durante décadas. Bianchi encontró la muerte en una ruta de su pueblo, en 1968.

   El autor relata - basándose en una importante investigación y en la colaboración prestada por aquellos a quienes agradece- cómo el inmigrante llegó, desde la orfandad que signó su infancia, hasta la posición social y económica que se forjó en la Argentina. Este libro narra la historia de un inmigrante exitoso que, sin embargo, nunca dejó de sentir nostalgia por su tierra.

Véneto

   El amor judío de Mussolini Margherita Sarfatti. Del fascismo al exilio (12) se titula la obra de Daniel Gutman acerca de la que se afirmó:

"En noviembre de 1938, cuando Benito Mussolini lanzó una campaña antisemita inspirada por sus aliados nazis, miles de judíos fueron marginados de la sociedad italiana. Entre quienes partieron entonces al exilio había una mujer culta y refinada, crítica de arte, que había sido amante del Duce durante cerca de veinte años, además de su biógrafa. A Margherita Sarfatti, hija de una rica familia judía de Venecia, muchos la habían considerado la mujer más poderosa de la Italia fascista. Mussolini, sin embargo, no hizo nada para protegerla.

   Ansiosa por huir de una Europa donde se avecinaba la guerra, Margherita -que en 1934 había sido recibida en la Casa Blanca por el presidente Roosevelt- intentó entrar en los Estados Unidos. Pero entonces ya se había convertido en un personaje indeseable. Aunque nunca le había prestado atención a sus raíces, en la Italia fascista no era más que una mujer judía. Y fuera de ella era una figura plenamente identificada con el régimen.

  En esas circunstancias encontró refugio en el Río de la Plata, donde vivió siete años, entre el Uruguay y la Argentina. Protegida por figuras de la cultura como Victoria Ocampo, Jorge Romero Brest y Emilio Pettoruti, Sarfatti pudo desarrollar en Buenos Aires una rica vida intelectual y fue una aguda observadora de la realidad política y social argentina.

  También siguió con angustia los sucesos europeos y la tragedia abierta para los judíos italianos luego de la caída de Mussolini y la ocupación alemana. Una hermana suya fue deportada a Auschwitz. Construido en base a extensas colecciones de cartas personales y de documentos rastreados en archivos de la Argentina, Uruguay, Italia y los Estados Unidos, el libro reconstruye cuidadosamente el clima de aquellos años. Y trae de vuelta el drama de una época, a través de una historia personal y real apasionante, rescatada del olvido" (13).

Varios

   La Asociación Dante Alighieri publicó numerosos volúmenes de biografías de ítaloargentinos destacados. Entre estos volúmenes se cuentan Rodolfo Kubik, compositor y músico, por Vittorio Balanza; Juan A. Buschiazzo, arquitecto y urbanista de Buenos Aires (1983), por Alberto O. Córdoba; Torquato Di Tella, industrial y algunas cosas más (1993), por Torcuato Di Tella; Roberto F. Giusti. Su vida, su obra (1980), por Fermín Estrella Gutiérrez; El padre Marcos Donati y los franciscanos italianos en la misión de Río Cuarto (1993), por Inés I. Farías; Eugenio Pini, el maestro y las armas (1996), por Alberto A. Fernández; Cesare Cipoletti. Sus obras, sus proyectos, sus colaboradores (1991), por Paolo Girosi; José Ingenieros (1977), por Francisco P. La Plaza; Francisco Bibolini. De la Liguria a la Pampa (1995), por María C. Maradeo; Agustín Rocca en treinta años de recuerdos (1979), por Dionisio Petriella; Alberto M. De Agostini SDB (1976), por Amalia del Pino; Clemente Onelli, de pionero de la Patagonia a director del Jardín Zoológico (1980), por Diego A. Pino; Rodolfo Mondolfo, maestro insigne de filosofía y humanista (1992), por Eugenio Pucciarelli y otros; Carlos Spada, médico y filántropo (1988), por Carlos A. Rezzonico; Víctor De Pol, el escultor olvidado (1992), por Edgardo J. Rocca; Eugenia Sacerdote de Lustig, una pionera de la ciencia en la Argentina, por Laura Rozenberg; Joaquín Frenguelli. Vida y obra de un naturalista completo (1981), por Mario E. Teruggi; Syria Poletti, mujer de dos mundos (1994), por Walter Gardini; Gherardo Marone (1993), por Dionisio Petriella-Nicolás Cocaro y El Capitán Antonio Oneto (2000), por Estela Gladys Lamas.

En tránsito

   En El ángel del capitán, Chuny Anzorreguy relata qué se planteó el croata al llegar a la Argentina: “Primero debíamos aprender el idioma. Habiendo ya aprendido más o menos el italiano, la cosa se nos iba a hacer más fácil. Así fue. En poco tiempo podía comunicarme en un castellano bastante pasable” (14).

Italianos y otros

   Nora Ayala relata que su abuela criolla, que vivía en Misiones, tenía prejuicios contra los extranjeros. “Nosotros no vinimos a matarnos el hambre como los gringos –decía-, estuvimos siempre acá”. Otros parientes de Ayala, inmigrantes, discriminaban a los nativos. La bisabuela italiana dice que tiene una hija “casada lamentablemente con un criollo”. El abuelo de la misma nacionalidad “dijo sin vueltas que los criollos eran todos haraganes y que no quería ninguno en su familia, con lo cual Samuel quedaba automáticamente excluido” (15).

Notas
1. S/F: “Las cartas de amor de Severino Di Giovanni”, en Clarín, Buenos Aires, 27 de julio de 1999.
2. Tcherkaski, José: PIERO. Un canto de vida, amor y libertad. Buenos Aires, Editorial Galerna, 1983. 223 páginas.
3. Entraigas, Raúl Agustín; “Polidoro Segers, el primer médico de Tierra del Fuego”, en Museo del Fin del Mundo. Biblioteca Virtual, www.TierradelFuego.org.ar
4. Chumbita, Hugo: Ultima frontera. Vairoleto: Vida y leyenda de un bandolero. Buenos Aires, Planeta, 1999.
5. S/F: Cuadernos Patagónicos – 2 El padre De Agostini y la Patagonia, en www.tecpetrol.com
6. Sopeña, Germán: Monseñor Patagonia. Vida y viajes de Alberto De Agostini el sacerdote salesiano y explorador. Editorial Tusquets, 2004, 132 páginas.
7. S/F: en Sopeña, Germán: Monseñor Patagonia. Vida y viajes de Alberto De Agostini el sacerdote salesiano y explorador. Editorial Tusquets, 2004, 132 páginas.
8. Ayala, Nora: Mis dos abuelas. 100 años de historias. Buenos Aires, Vinciguerra, 1997.
9. S/F: Información de prensa, en www.corregidor.com.ar.
10. Delaney, Juan José: Marco Denevi y la sacra ceremonia de la escritura: una biografía literaria. Buenos Aires, Corregidor, 2005. 244 pp.
11. Bianchi, Alcides J.: Valentín el inmigrante. Santiago de Chile, Edición del autor, 1987.
12. Gutman, Daniel: El amor judío de Mussolini. Buenos Aires, Editorial Lumiere, 2006. 208 pp.
13. S/F: "Primer capítulo", en www.clarin.com.ar, 10 de marzo de 2006.
14. Anzorreguy, Chuny: El ángel del Capitán. Biografía del Capitán Croata Miro Kovacic. Buenos Aires, Corregidor, 1996.
15. Ayala, Nora: Mis dos abuelas. 100 años de historias. Buenos Aires, Vinciguerra, 1997.



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