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LA PAMPA GRINGA Y LOS FERROCARRILES.


Héctor Aldo Valinotti.

La sociedad colonial se desarrolló en torno al CAMINO REAL y sus postas de recambio de caballos y sus posadas o “dormidas” donde era posible obtener una comida frugal, una higiene precaria y un lecho para dormir.

LA PAMPA GRINGA, por el contrario nació de cara al ferrocarril. Este sembró el país de Estaciones que, por lo general TENÍAN un andén, una playa de maniobras, un galpón de cargas, oficinas diversas, una sala de espera, el telégrafo , una torre de señales, una bomba y sus tanques de agua.

¿Los nombres de tales Estaciones..? diversos. Desde nombres de tribus indígenas (Calchaquí, Avipones, Guaycurú, El Toba), hasta toponimias pre-existentes (Pozo del Molle, Cañada Ombú, Oliveros, Barranqueras, Las TOSCAS), pasando por nombres de gobernantes que habían favorecido a la actividad (VERA, CRESPO), también el nombre de gauchos famosos (Candioti), asimismo era posible que se llamaran igual que colonias gringas vecinas como Berna, Emilia, Ausonia, Etruria, Malabrigo.

Localidades muy pequeñas se conocían como “desvío km como el Desvío km 213” o ”Ramal a Las AYES “ (UN TRAMO FORESTAL). Tales estaciones fueron núcleos activos de la pampa gringa.

En sus salas de espera se reunían todos los dias (“a la hora del tren”. los personajes más conspicuos del pueblo (el comisario , el director de la Escuela, el dueño del almacén “de ramos generales” , el cambista y –por supuesto- el JEFE DE ESTACION.

Los temas – en esta suerte de club social- eran los de siempre: los milímetros de lluvia caída, el estado de los cultivos, de los pastos y de la hacienda. Según la época otro tema era la marcha de la guerra en Europa.

La absorción de los ferrocarriles por el Estado rompió este esquema primitivo. Diagramas y horarios se unificaron dando por resultado a convoyes que recorrían centenares, miles de kilómetros y ya no se detenían en las estaciones de poca y mediana importancia.

Había llegado la hora de las grandes locomotoras (las CAPRONI, las ALCO) que unían Resistencia con Retiro. Sin detenerse, facilitando los traslados de gente que hacía el mismo trayecto sin cambiar de vagón. Refrescos y comidas compartidas durante varios dias.

El cansancio y la vecindad física hacían el resto y muchos amigos de viaje terminaron siendo marido y mujer. Una temática que, salvo Mempo Gardinelli, nadie ha abordado ni desarrollado hasta ahora.

HÉCTOR ALDO VALINOTTI - Otros cuentos de este mismo autor


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