José Pedroni:
(1899 - 1968)
  Nació en Gálvez, provincia de Santa Fe, el 21 de septiembre de 1899. Era hijo de Gaspar  Pedroni y de Felisa Fantino, ambos inmigrantes piamonteses. El escritor creció disfrutando de la paz del campo y rodeado de los nobles instrumentos de trabajo.

  Pero la infancia de Pedroni fue también sufrida, ya que a la par de la escuela tuvo que trabajar con su padre como ayudante de albañil. Muchas de las imágenes que Pedroni fue registrando durante su niñez, serían el barro que luego utilizaría para construír sus versos.

  En 1912 se radica en Rosario. Estudia en la Escuela Superior de Comercio y aprende inglés y francés. Por entonces comienza a publicar sus primeros trabajos en un diario de Gálvez.

  Los años mozos de Pedroni transcurren en una Rosario convulsionada por movimientos obreros socialistas y anarquistas. En 1912 se produce el Grito de Alcorta, la primera huelga agraria del país. Años después cae asesinado el abogado Francisco Netri. Ese clima de virulencia social también influyó en la formación del poeta.

  En 1916, José Pedroni obtiene el título de Bachiller y comienza a trabajar como tenedor de libros.

   En 1918, por razones laborales, se traslada a San Carlos Norte y luego a Sa Pereira. Allí comienza a conocer la historia de los primeros colonos, historia que reproducirá en sus versos.

  Trabajando como contador en la Casa de Ramos Generales de Alejo Chautemps, José Pedroni conoce a la que sería su esposa y compañera fiel: Elena Chautemps, con quien contrajo enlace el 26 de marzo de 1920.

   Un año después, el 17 de marzo de 1921, nace su primer hijo, Omar Tulio. Ese mismo año, luego de recibir la baja como conscripto militar, Pedroni se traslada a Esperanza, donde se emplea en la Fábrica Nicolás Schneider, en la cual trabajó como contador durante 35 años.

  En 1923 aparece su primer libro: “La gota de agua”. El debut fue impactante: Pedroni empezaba a mostrar una poesía distinta, por su sencillez y belleza, donde el protagonista principal es el hombre, el obrero, la mujer amada, los hijos y la tierra.

   Dos años después, en 1925, sale a la calle “Gracia Plena”. La llegada del segundo hijo, José María, hizo que Pedroni le regalara a la posteridad varios de sus poemas más hermosos y recordados. “Gracia plena” fue un éxito literario.

   El 13 de junio de 1926 se produce un hecho que será fundamental para Pedroni: en una nota aparecida en el diario “La Nación”, Leopoldo Lugones exalta la obra del poeta santafesino, a quien bautiza como “el hermano luminoso”.

   En 1928 nace el tercer hijo de José Pedroni: Juan Carlos. En 1930, llega al mundo la única hija del poeta: Ana María, hoy radicada en Guatemala.
 
  Los conceptos elogiosos de Lugones hacia el poeta, terminaron convirtiéndose en una pesada carga, a punto tal que debieron pasar diez años para que aparezca el libro sucesor de “Gracia Plena”: “Poemas y palabras”. En 1937 José Pedroni publica “Diez mujeres”.

   En 1941, “El pan nuestro”. Y en 1944, “Nueve cantos”. Hasta que en 1956, luego de varios años de espera, aparece la que para muchos fue su obra cumbre: “Monsieur Jaquín”. Este libro es un homenaje a los primeros inmigrantes que trabajaron la tierra, especialmente a los fundadores de la Primera Colonia Agrícola Organizada del país: Esperanza.

  En 1959, el escritor funda en Esperanza el Teatro de Títeres “Pedro Pedrito”, con la colaboración de otro gran artista: Ricardo Borla.

   En mayo de 1960 se publica “Cantos del hombre”.

   En ese trabajo, Pedroni recuerda a unas islas a las que Yupanqui llamaría después “la hermanita perdida”.

   En diciembre del mismo año aparece “Canto a Cuba”. Estos versos, en los que Pedroni refleja admiración por aquellos barbudos que intentaban parir un mundo nuevo, hicieron que muchos intentaran encasillarlo ideológicamente.

   En 1961 le sigue “La hoja voladora” y en 1963, el que sería su último libro: “El nivel y su lágrima”.

  Pedroni siguió escribiendo hasta sus últimos días. En ocasión de inaugurarse el Velódromo Municipal de Esperanza, se le pidió un poema alusivo. Así nace “La bicicleta con alas”. Fue casi una despedida. El 4 de febrero de 1968, José Pedroni voló hacia otros mundos en Mar del Plata, lejos de Esperanza, su tierra amada.


  Una vez le preguntaron a Pedroni para quién escribía, si para todos o para sí mismo. Él contestó tajantemente que el que escribe para todos no escribe para nadie, y el que escribe para sí ha elegido el peor interlocutor, ya que a la gente no le interesan las tribulaciones personales de un poeta.

   La poesía de Pedroni apunta, como a él le gustaba decir, al corazón del hombre. Quizás eso explique la vigencia de su obra.


  Nota del responsable de la página www.pampagringa.com.ar:

   Pedroni fue siempre un defensor de las causas populares y admiraba a los líderes de esas causas.
   Por eso, cuando tomó conciencia del significado del histórico "Grito de Alcorta", compuso una poesía en honor a una heroína no suficientemente nombrada y que alentó a los agricultores en las cruciales jornadas preparatorias de la huelga. Era María Robotti, la esposa de Francisco Bulzani, uno de los líderes de la causa y a ella le dedicó la poesía "María de Alcorta", que puede leerse en este enlace.


Del Diario "La Opinión" de Rafaela
del 4 de febrero de 2005
José Pedroni
21 de setiembre de 1899 - 4 de febrero de 1968

A treinta y siete años de la muerte del "hermano luminoso"

  Para el año Pedroniano que con un grupo de esperancinos coordinamos en todo el país, logramos la tercera edición de sus obras completas, realizada por la Universidad Nacional del Litoral.

   En esta oportunidad, el prólogo fue elaborado por el reconocido escritor, también santafesino, residente en París, Juan José Saer. En un párrafo, dice Saer: "Aquella 'tarde gris y fría del invierno', entrar en la casa de Pedroni, fue como penetrar en el mundo, más atrayente que el que llaman real, de la literatura. Si Pedroni no fue el primer poeta que leí, fue sin la menor duda el primero que conocí y que admiré personalmente. La increíble emoción de tenerlo sentado frente a mí, atildado, atento y cordial, escuchando la lectura de mis poemas junto al fuego feliz de la chimenea, es sin duda uno de los más hermosos recuerdos de mi adolescencia, lo que equivale a decir: de mi vida".

   Sí, Pedroni, a quien conocí viviendo a la vuelta de mi departamento, era atildado y cordial. No todos los esperancinos tuvieron este concepto de él, y pocos son los que reconocen la grandeza de su obra, simplemente porque casi no lo han leído.

   Confunden su señorío espiritual con orgullo, sus ideas progresistas con alguna esotérica ideología política, su humanismo sencillo, claro, franco, como no acorde con el modo de vida de la provinciana ciudad a la que tanto amó.

   El había nacido en Gálvez, de padres italianos que arribaron al país para cambiar su suerte. En su autobiografía, breve, Pedroni dice: "He publicado libros de versos donde el hombre, en quien creo y a quien amo, participa de mi emoción y domina sobre el paisaje. El recuerdo del hombre dirá cuál es el mejor de mis poemas. Pienso que ha de ser aquel donde mi semejante de hoy y de mañana se reconozca.
La gloria no es más que un verso recordado".


   José Bartolomé Pedroni, ese vecino que lentamente caminaba por la plaza de Esperanza junto a Elena, su bella esposa, ha logrado que muchos hombres y mujeres de latitudes diversas se reconozcan en sus poemas y que recuerden sus versos.

   Hace pocos días, un profesional cordobés residente en Alemania, escribió al hijo del poeta, Juan Carlos, una hermosa carta a la que adjuntó un magnífico poema. Eduardo Larraza, tal el nombre del profesional de Bell Ville radicado en Alemania, expresa en el primer párrafo de ella: "ignoro su dirección postal y sin embargo, sé que esta carta llegará a sus manos. Su apellido honra a Esperanza y a las letras de mi patria. Nada más ni nada menos que por este motivo, llegará". Y la carta llegó. Aquí la tengo, Juan Carlos, generosamente, me la ha traído.

   Compruebo que en Alemania, como en tantos sitios, respetan y aman a Pedroni. Pero experimento cierta desazón, porque sé que en el vecindario en el cual habito me sobran los dedos de una mano para contar a quienes lo han leído. Un tonto consuelo es decirse: nadie es profeta en su tierra, pero no es justo. Porque la circunstancia de algunos personajes sí es conocida, y sé que ni remotamente alcanzan la riqueza espiritual del poeta.

   La vida es así. Si sobresales, no te lo perdonarán los mediocres, eternos reyes de las representaciones sociales.

   Volver a escribir sobre los magníficos once libros de Pedroni, volver a relatar su biografía, una vez más referirse a sus premios de tan alto nivel, me parece redundante. Además, escasa y pobre resulta mi palabra ante la de ese señor que caminaba plácidamente frente a mi casa de recién casada, observando a las gentes de la ciudad a la que llamara "línea del río y la calandria".

   Sólo me tomaré el atrevimiento de no rotular a Pedroni, de no compararlo. Basta ya de poeta del sencillismo. Simplemente, poeta.
Como ves, cantador y poeta, quienes te hemos leído te recordamos. Sólo que nos falta tu luminosidad para cantarte, para decirte que contigo Esperanza germinó en belleza.

Rosa Mayo de Marcuzzi

Lo que escribió Eduardo Larraza desde Alemania

A José Pedroni
Poeta de mi patria.
Como tu Gota de Agua, clara,
que sólo surjan, claras, las palabras.
Para decirte, poeta de mi patria,
lo que me dicta el alma.
Te descubrí, poeta tierno
de mi tierra llana,
entre la cenicienta bruma
del germano.
Donde la noche del invierno
es larga. Donde el alba nace
sin tu sol soberano.
Pero yo llevo, entre la niebla
de las ciudades bajas,
como un regalo del cielo,
como una bella esmeralda,
tu libro hecho de campos,
tus versos al río y la calandria.
Por oscuras calles silenciosas,
por tristes campos regados
con sangre de mortíferas batallas.
Te llevo conmigo, donde el Rin
rumoroso sobre el Tal se derrama,
por el ancho valle, entre peñascos,
arrastrando los siglos y las aguas
del corazón de Germania.
Te llevo en la mirada clara
de una niña que pasa.
Y en la apacible lluvia
sobre la tierra magra.
En la nieve sobre tumbas
de almas ya pasadas,
donde la paz es honda
como la que a ti acompaña.
"Santa Fe está lejos,
donde tú descansas"
Voy contigo por callejas
desmesuradamente viejas,
portando cual tesoro
tu obra inmensa.
Y no he encontrado
en tus versos, José,
ni una sola queja.
Nadie, nadie como tú
"hermano luminoso de Lugones"
nadie como tú, cantó a mi tierra.
Con la dulce frescura,
con la mirada tierna,
al indio, al gaucho y a la luz,
al gringo, al lino y a la lluvia
¡sobre la Pampa Vieja!

"Santa Fe está lejos,
la del arado y la reja"
La Esperanza tuya, José,
por un instante será mía,
cuando deje caer allí,
donde tú duermes,
la vieja espiga
que amaste con fervor
¡sobre la Pampa Gringa!

El poeta muere un día,
pero su obra, su creación, perdura,
si como tú, fue grande,
viejo soñador. Pura ternura.
Duerme tu sueño, José,
largo y tranquilo.
La Gota de Agua te acompaña.
Y el sol, los pastos y el rocío.
El petirrojo, tu viento hermano.
En todas partes... el trigo.
¡Patria! Preserva tu poeta.
Cúbrelo con tu manto
de tierra y trigo.
No lo dejes rodar
al fondo del olvido.
Descúbrelo a los ojos
del hombre,
en quien creyó y amó,
del joven y del niño.
Y guarda su luz inolvidable
¡para todos los siglos!

Eduardo Larraza
  A la obra poética de José Pedroni, poeta nacido en Gálvez, Provincia de Santa Fe - Argentina. Dilecto hijo de Esperanza.
  
En Bad Sooden-Allendorf, Hessen, Alemania, noviembre de 2004, junto al Rin.