El Doctor
Francisco Netri, nació en Albano, Lucania, Italia, el 2 de abril
de 1873. A la temprana edad de 5 años quedó huérfano
de padre y fue su hermano José quien se hizo cargo de sus estudios.
Ingresó en el Instituto Sarli, en Potenza, y luego pasó
a la ciudad de Nápoles, lugar donde culminó sus carrera
en Derecho con las mejores calificaciones. Allí mismo comenzó
a ejercer su profesión junto a colegas de renombre que le estimaban
y guiaron en sus primeros desempeños profesionales.
En busca
de nuevos y más prósperos horizontes emigró a nuestro
país, no para lograr fortuna sino para juntarse con su madre
y sus cinco hermanos que ya vivían en Rosario y para verse rodeado
del afecto familiar que todo humano necesita.
No necesitó
demasiado esfuerzo para revalidar su título; para lograrlo contó
con su clara inteligencia y así pudo ejercer su profesión
en nuestro medio donde instaló su bufete que pronto contó
con nutrida y selecta clientela que valoró y reconoció
su capacidad y lo que es muy importante: su honestidad.
La prensa
local publicó muchas colaboraciones debidas a su pluma, comenzando
con esto a ejercitarse como periodista en temas de doctrina.
La cátedra
llenó espacios en su vida, obteniendo por concurso la cátedra
de "Idioma italiano" en el Colegio Nacional Nº 1 "Domingo
Faustino Sarmiento", agregándose más tarde la de
"Historia del comercio" anexada a "Geografía",
donde sus lecciones fueron calificadas como brillantes.
La "Revista
Argentina de Ciencias Políticas" que tuvo al Dr. Rodolfo
Rivarola como fundador y director, contó con sus colaboraciones
al igual que otra revista que supo despertar gran interés en
su tiempo: "Revista de Ciencias Económicas".
Publicó
capítulos sobre temas especializados como "El histerismo
en la criminología", "Notas sobre el delito en el Arte",
"La reincidencia criminal específica y reiterada",
"El poder judicial", "El fenómeno de la desocupación",
"La doble nacionalidad", siendo este último tema de
primordial actualidad en nuestra Argentina de finales del siglo XX y
principios del XXI, dándose la circunstancia de que muchos hijos
o nietos de esforzados inmigrantes están volviendo al sitio originario
de sus ancestros.
La Sociedad
Italiana de Socorros Mutuos "Unione e Benevolenza" lo contó
en la nómina de sus presidentes. Además presidió
la Comisión de Homenaje al Embajador Martini. También
fue presidente del Comité XX de septiembre en 1908 y de la Comisión
de Recepción y Homenaje al Profesor Ferri. Fue iniciador del
Ateneo, lugar donde convergían intelectuales sin distinción
de nacionalidad; del "Círculo Dante Alighieri" y del
"Círculo de la prensa".
Valorado
por su intelecto, la sociedad de antropología de Roma lo
contó entre sus asociados, siendo además Miembro honorario
y corresponsal de la oficina de heráldica italiana en Florencia
y del Instituto Jurídico Internacional de Milán.
Pero el
mayor cambio en su vida lo constituyó la huelga agraria que estalló
en Alcorta (Sta. Fe) el 25 de junio de 1912. El escritor rosarino Plácido
Grela, en un enjundioso trabajo de investigación histórica
titulado "El Grito de Alcorta", hace un pormenorizado análisis
de los sucesos protagonizados por los colonos de la región, atropellados
y explotados por los terratenientes insensibles a los padecimientos
de las mujeres y de los hijos de estos poco menos que esclavos que con
motivo de la fervorosa protesta fueron encarcelados.
Faltos de asesoramiento legal, pidieron apoyo al
cura del pueblo que casualmente era hermano del Doctor Francisco Netri.
Éste, ante el requerimiento de su hermano José que había
fracasado en el pedido de liberación de los presos, decidió
intervenir para corregir la injusta privación de libertad de
los que reclamaban condiciones más dignas de vida para las explotadas
familias agrarias.
Como serio
hombre de Derecho, al ser visitado por una delegación de colonos
que vino a Rosario, estudió y analizó los contratos legales
que tenían suscriptos con los terratenientes y que debían
cumplir. ¿Por qué no lo hacían? Causas excepcionales
como la depresión mundial de los productos frutos del esfuerzo
personal no les proporcionaba en mínimo indispensable para su
supervivencia aunque las cosechas fuesen abundantes.
Netri pensó
que los propietarios accederían pero lamentablemente no fue así.
No quisieron atender razones y se aferraron a la letra de sus contratos
negándose a conceder rebajas en los arrendamientos y aparcerías.
Planteadas las cosas de esta manera, Netri alentó a los colonos
a resistir y continuar con la huelga.
No puedo
menos que recomendar la atenta lectura del libro de Plácido Grela:
"El Grito de Alcorta", que abunda hasta en los más
mínimos detalles sobre los hechos acaecidos en esa población
y que se extendió por todos los pueblos vecinos.
Sólo
hay que deplorar que una vida tan valiosa como la del Doctor Francisco
Netri, y de la que se podían esperar más contribuciones
que las que ya había elaborado exponiendo problemas que aún
subsisten sin solucionar porque favorecen a unos pocos y perjudican
a la gran mayoría, haya sido segada por un asesino cuya mano
fue armada por gente bien conocida.
Esto
ocurrió un 5 de octubre de 1916 en una céntrica calle
de Rosario, pero la obra del Dr. Francisco Netri, presidente de la Federación
Agraria Argentina y Director del periódico "La Tierra",
no pudo ser acallada; muy por el contrario, tanto la Federación
como el periódico continuaron la lucha sin claudicaciones
EL GRITO DE ALCORTA
(Apuntes de la Federación Agraria Argentina).
25 de junio de 1912
"Estos hombres de campo ya no luchan para sí,
sino por sus hogares y por sus hijos,
para que tengan la seguridad de un futuro de la que ellos carecen.
Estar a su lado en esta hora debería ser la posición de
todo argentino".
Dr. Francisco Netri
El siglo transcurrido desde
la Revolución de Mayo había modificado sustancialmente las
estructuras heredadas de la Colonia y la generación del 88 una
vez lograda la inserción de nuestra economía en la división
internacional del trabajo de los finales del siglo XIX, disfrutaba de
una opulencia similar a la de las clases dirigentes europeas, de la que
se hallaban sistemáticamente excluidas las mayorías nacionales.
El "gobernar
es poblar" se expresaba en la llegada de mas de tres millones de
inmigrantes dedicados en gran parte a la agricultura, que llevaron la
frontera agrícola de 2.100.000 ha. en 1888 a 20.000.000 en 1912.
Pero esta
gigantesca incorporación de mano de obra se realizo a través
de leoninos contratos de arrendamientos quedando la propiedad en manos
de la oligarquía terrateniente que la había recibido de
quienes habían gobernado el país desde la independencia
a la conquista del desierto, mas allá de algunos intentos validos
pero insuficientes de colonización expresados en la enfiteusis
de Rivadavia y en proyectos y leyes de los presidentes Sarmiento y Avellaneda.
Estos contratos,
verdaderos rosarios de explotación, se fundaban en un desmesurado
costo del arrendamiento, la obligación de comprar los insumos
y herramientas a los arrendadores a precios exorbitantes y de venderles
lo producido a valores muy inferiores de los que realmente poseían.
Por mas
que se trabajara de sol a sol, los esfuerzos no alcanzaban ni para dar
un mínimo de dignidad a las familias que llegadas desde una Europa
desangrada por interminables guerras, venían con la ilusión
de construir un futuro prospero.
Una sucesión
de malas cosechas, había dejado a los agricultores en una situación
muy sensible pero fue la formidable cosecha de 1912 la que motivo el
repentino salto de conciencia, al comprobarse que a pesar de ella, luego
de pagar las ingentes deudas nada quedaba en los bolsillos de los chacareros.
Cuando la
huelga estallo en la Sociedad Italiana de Alcorta el 25 de junio y rápidamente
se propago en toda la región paralizando a mas de 100.000 agricultores,
perseguía la modificación de los contratos de arrendamientos,
hecho que luego de una larga lucha se consiguió y que el Dr.
Francisco Netri pago con su vida al caer ante las balas de
la oligarquía asesina, pero en sí llevaba el germen de
solicitar un lugar en la sociedad que los había convocado y que
ahora le cerraba las puertas al progreso y al desarrollo.
El resultado
directo fue la fundación de la Federación Agraria
Argentina que se constituyó en la herramienta de los
pequeños y medianos productores con la cual lucharon para mejorar
sus condiciones de vida y acceder a la propiedad de la tierra.
Y si bien
el Grito de Alcorta no logro modificar de raíz
la estructura agraria, creó las condiciones para que los gobiernos
populares que a partir de 1916 llegaron al poder, permitieran una gradual
democratización de la propiedad y el acceso de miles de agricultores
a su porción de tierra que le dieron el paisaje a toda una región
y fueron el motor del desarrollo y el progreso en el siglo XX de nuestro
país. Cada dictadura militar produjo un nítido retroceso,
LA
CONTRARREFORMA DEL MENEMISMO
Si la lucha
de los productores había sido por lograr la propiedad de la tierra
y con ello alcanzar progreso y bienestar, la batalla de fin de siglo
fue por no perderla y evitar la condena de miseria y marginación
que les espera a los "derrotados" por este modelo.
Una década
de neoliberalismo significo la expulsión del medio rural de miles
de productores que abandonados a su suerte a partir de la desarticulación
del estado, quedaron sometidos a las tempestades del mercado.
La imposición
de trabajar a perdida, origino descapitalización y atraso tecnológico,
y se transformo en un gigantesco endeudamiento bancario que hoy alcanza
más de 7000 millones de dólares y es garantizado con 11
millones de hectáreas hipotecadas solo en favor del Banco Nación.
Esta realidad
que padecen miles y miles de pequeños y medianos productores,
significa una presión irresistible de la cual muchos solo se
han librado con la entrega de sus campos.
El resultado
es la concentración de la propiedad de la tierra en cada vez
menos manos, un masivo éxodo rural, el despoblamiento del interior,
la aparición de pueblos fantasmas y la llegada de nuevos pobres
a changuear a las pequeñas localidades primero y luego a los
cinturones de marginación de las grandes ciudades, mientras los
Soros miden el pulso de nuestra producción.
EL
GRITO DEL INTERIOR
Pero si
bien la gente de campo es por su idiosincrasia bastante tranquila, no
esta dispuesta a observar como en aras de la competitividad y la globalización
culpable de todo lo bueno y lo malo de este gris fin de siglo, le arrebatan
el pasado que hicieron sus abuelos, aquellos gringos de piel curtida
y el futuro de sus hijos que quieren seguir siendo productores y vivir
con los pies sobre su tierra.
A lo largo de estos años y aun cuando el modelo tenía
una fuerte aceptación social, la FAA enfrentó públicamente
estas políticas a través de la denuncia y la movilización,
y alerto a los productores y a la sociedad en su conjunto sobre sus
catastróficos resultados si no se modificaban.
El final
de este proceso encuentra en las rutas a miles de productores que realizaron
en lo que va del año dos paros agropecuarios y mas de 250 puebladas
en defensa, como lo planteaban los hombres de Alcorta, de un lugar digno
en la sociedad del siglo XXI.
Hoy aquel
Grito se funde en las gargantas de sus herederos, pero también
en el reclamo de los excluidos por este modelo, trabajadores, estudiantes,
profesionales, pequeños empresarios, economías regionales,
que no se resignan y aspiran a una Argentina para todos, en donde se
conjugue el verbo soñar, e imperen la justicia, la ética
y la solidaridad.
Fuente:
Federación Agraria Argentina
Francisco
Netri fue distinguido como
“Ciudadano Ilustre Post Mortem”
Fecha Viernes, 26/11/2004.
El
líder del llamado “Grito de Alcorta”, defensor de
los derechos de los colonos en las luchas agrarias, abogado especializado
en legislación rural, es “Ciudadano Ilustre Post Mortem”
de Rosario. Netri nació en Potenza (Italia) pero desarrolló
su actividad en nuestra ciudad.
Fuente: SM
El
compromiso de Netri con los chacareros y trabajadores rurales explotados
por los terratenientes, fue desatacado por el autor de la iniciativa,
el edil Alfredo Curi (PPS), Ricardo Barrera (PS), Nire Roldán
(ARI) y José Elmir (CPR), Enrique Tarquini (vicepresidente segundo
de la Federación Agraria Argentina) y por el Dr. Mario Netri,
nieto de Francisco.
En el palco de honor se ubicaron Yolanda Sarti de Netri
(nuera) y los nietos del líder agrario, Mario, Luis, Ricardo
y Adriana, acompañados por el Ministro de Gobierno de Santa Fe,
Fernando Rosúa.
Entre los asistentes estuvieron Rafael Gutiérrez
y María A. Gastaldi, integrantes de la Corte de Justicia de Santa
Fe; dirigentes agrarios y militantes federados de nuestra provincia,
Córdoba y La Rioja.
El Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia
y descendiente de Netri, el Dr. Mario Netri en nombre de su familia
leyó un discurso de 10 páginas. Uno de los párrafos
finales señala: “Al entusiasmo vibrante
de los hombres del campo, Netri insufló la cuota de raciocinio
que hizo permanentes las reivindicaciones. La rebeldía se convirtió
en una fuerza administrada con criterio". Ya en las reuniones
iniciales, después del Grito de Alcorta, Netri señala
los irrenunciables principios éticos que debían inspirar
su acción: “no existe ni existirá
espíritu de odio y de hostilidad contra terratenientes e intermediarios;
la lucha iniciada y a proseguir se inspira solamente en razones de humanidad
y justicia; la intransigencia no es posible ni aconsejable ante los
intereses colectivos e individuales en pugna, mucho más cuanto
que afecta tan hondamente a la riqueza nacional en general, y en particular
a las regiones en disidencia...”
Ese era Francisco Netri – prosiguió su nieto-
hombre de profundas convicciones, de firmeza de carácter, pero
de un notable e incuestionable comportamiento ético. El
5 de octubre de 1916 mientras caminaba desde su casa a la Federación
Agraria Argentina que fundó y de la cual era presidente, Netri
fue emboscado por un asesino a sueldo –Carlos Ocampo – en
Urquiza entre Mitre y Entre Ríos. “Un
par de balazos por sorpresa, a traición, le provocaron la muerte.
Tenía apenas 43 años, una joven esposa y cinco hijos”
El acto alcanzó el punto más cálido
con la lectura de poemas de José Pedroni en la voz del colega
Héctor “Pichi” Cetta, acompañada por audiovisual
de 18 minutos producido por los colaboradores del concejal Curi y el
cierre estuvo a cargo de Marisa Palacios, cantante rosarina quien interpretó
“El triunfo agrario” de Armando Tejada Gómez y César
Isella.
Colaboración
de Gustavo Prego de Máximo Paz
El
grito de Alcorta
Plácido Grela
Biblioteca Política Argentina N°
107, Centro Editor de América Latina, 169
pág.,
Buenos Aires, 1985
La
idea de transcribir estas páginas del libro de Plácido
Grela es, en última instancia, una abierta invitación
a su lectura.
Este magnífico documento es indispensable para conocer
los pormenores de una de las luchas gremiales que, junto a la de los
obreros de La Forestal y los mártires de la Patagonia, constituye
un verdadero hito en nuestras reivindicaciones laborales.
Como paceños no podemos dejar pasar por alto este
libro que, sin lugar a dudas, debería ser de lectura obligatoria
en nuestras escuelas medias.
Memorias del cura
Pascual Netri
El
sacerdote Pascual Netri, cura párroco de Máximo Paz, en
las postrimerías de su vida, escribió documentales memorias
sobre el pronunciamiento de Alcorta.
En una parte de las mismas, sentó las siguientes
declaraciones: “Nosotros con mi hermano
José, cura párroco de Alcorta, solíamos después
de misa, reunir ante el atrio de la iglesia a los chacareros y les aconsejábamos
que se rebelaran en contra de las injusticias que padecían por
la acción nefasta de los ambiciosos terratenientes. Naturalmente
que en nuestra calidad de sacerdotes no podíamos ponernos al
frente de un movimiento como el que se inició el 25 de junio
de 1912 en Alcorta, y que repercutió luego en Bigand, Máximo
Paz, Santa Teresa y tantas otras zonas agrarias del país. Un
día mi hermano José y yo resolvimos recomendarles a los
chacareros más caracterizados, que solicitaran la presencia de
mi hermano, el abogado Francisco Netri, para que los defendiera”.
Tras otras consideraciones, el sacerdote escribió:
“Consumada la rebelión campesina
de 1912, con todas sus variadas alternativas, acusado de “maffioso”,
me detiene la policía; me trasladan a la Jefatura de Policía
de Rosario…” Más adelante agrega: “Mi
hermano era en aquel tiempo uno de los abogados de la ciudad de Rosario
que gozaba del mayor prestigio y al tomar la defensa de los agricultores
fue calumniado; los explotadores de colonos pusieron en juego todas
sus influencias para desprestigiarlo y desprestigiar también
nuestro apellido. A los enemigos naturales y bastardos, se agregaron
los propios gobiernos y cierta prensa del país."
“Recuerdo que un diario de la Capital Federal
publicó un artículo, en el cual incitaba a los estudiantes
a ahorcar al profesor Francisco Netri. El gobierno le quitó las
cátedras que desde hacía muchos años venía
desempeñando; los mejores clientes de su estudio jurídico
se fueron retirando, mientras el campo argentino tenía un solo
clamor, materializar el centenar de telegramas que llegaban a su estudio,
ya sea denunciando atropellos cometidos por las autoridades como reclamando
su presencia en cada lugar."
“El doctor Netri se multiplicaba para poder
atender a todos, abandonando su propia familia y sus intereses. Para
hacer frente a los gastos que se le ocasionaba tuvo que vender un chalet
que poseía”.
El doctor Francisco Netri, acompañado por sus hermanos
sacerdotes, recibió una delegación de colonos pertenecientes
a distintos pueblos de la provincia de Santa Fe, juramentándose
en ese instante defender hasta sus últimas consecuencias a los
chacareros arrendatarios.
En sus memorias, el doctor Netri escribió:
“Entiendo ilustrar el drama de la huelga
rural, con las impresiones y recuerdos imborrables de episodios y de
actitudes a que asistí y en la que tuve participación.
Yo he sido y soy apasionado conductor y defensor de los agricultores
y entusiasta director de huelga. Y bien, no me da vergüenza confesarlo:
que lo que he visto y oído y sentido en todo este magno movimiento
huelguístico, ha determinado en mí el convencimiento profundo
de que es deber de todo hombre civil que a cualquier partido pertenezca,
empeñarse en prevenir, en conjurar las huelgas agrarias”.
A mediados del mes de junio de 1912 ya se conocía
en Alcorta que el doctor Francisco Netri sería el abogado de
los colonos huelguistas. La noticia, por supuesto, inquietó a
los terratenientes que aconsejaron, en más de una ocasión,
la eliminación física del profesional mazzinista que se
había decidido por la causa de los agricultores.
Entre bambalinas, insinuaron y hasta llegaron a organizar
el crimen que no se concretó en 1912 sólo por falta de
una oportunidad propicia. Pero el crimen lo consumarían años
después. Todo era cuestión de tiempo y conseguir el amanuense
o testaferro capaz de prestarse a semejante acción.
En 1916 el doctor Francisco Netri fue alevosamente asesinado
en la ciudad de Rosario. Su preciosa vida fue el precio establecido
por los terratenientes a la sublevación campesina.
(Pág. 60 a 62)
Máximo
Paz y la huelga
Los agricultores
arrendatarios de Máximo Paz, localidad ubicada a pocos kilómetros
de Alcorta, desempeñaron un brillante rol durante la huelga agraria.
Principales actores fueron los colonos que trabajaban en los campos
de la compañía subarrendadora Donadeu, Rodeiro y Conde.
Los campos que subarrendaba el temeroso Rodeiro, los laboraban chacareros,
en su mayor parte, catalanes e italianos.
Un tal Manuel
Sales se destacó por su entusiasmo e inteligencia durante
el proceso gremial. No menos ponderable fue la acción desplegada
por el anarquista Francisco Capdevilla, personaje éste
que merece párrafo aparte y que, en consecuencia, a medida que
desarrollemos el tema de la huelga en Máximo Paz, trataremos
de dibujar su perfil ideológico y gremial.
Francisco Capdevilla arribó a nuestro
país a fines del siglo XIX, como exiliado político de
la Madre Patria. El anarquismo, al estilo Pedro Kropotkin y
Federico Urales, fue su ideología y sus principios filosóficos.
Perseguido y abrumado se alejó de su tierra natal. Llegó
a Buenos Aires se afilió a la Federación Obrera
Regional Argentina (FORA). Debido a sus actividades gremiales
burló en diferentes ocasiones la vigilancia policial. Estuvo
a punto de ser deportado del país, pues intentaron aplicarle
la Ley de Residencia; de no haber sido por la oportuna
intervención de Alfredo Palacios, el líder
socialista, seguramente se habría cumplido la intención
del gobierno nacional. Comprendiendo que Buenos Aires no era el mejor
escenario para sus actividades sindicales, resolvió trasladarse
a la zona de Máximo Paz, encontrando segura ocupación
como arrendatario en los campos de Rodeiro. Tenía sólo
25 años de edad cuando empezó a venderle su fuerza-trabajo
a los subarrendadores Donadeu, Rodeiro y Conde.
Poco tiempo había transcurrido desde su afincamiento
en Máximo Paz, cuando tuvo conocimiento de que los chacareros
de Firmat se habían organizado gremialmente. En su pecho comenzó
a latir el agitador que lo empujaba a solidarizarse con los colonos
de Alcorta y Firmat. Se trasladó hasta la localidad citada en
primer término y se hizo amigo de Francisco Bulzani,
los hermanos Menna, Caporalini y Gasparini.
Durante una semana de intensa labor doctrinaria, el catalán
Capdevilla había logrado muchos adeptos, formando una comisión
con representantes de las colonias de Bigand, Alcorta, Firmat,
Carreras, Máximo Paz y Santa Teresa. El agricultor Manuel
Sales, gran impulsor de la huelga al entrevistarle para recordar
los hechos, dijo: “No quiero que ustedes
se olviden de Capdevilla. Era hombre de acción y estaba dotado
de una extraordinaria capacidad para la lucha gremial y social, pues
sabía y conocía bien el arte de organizar a las masas
obreras y campesinas. Era, además, buen orador. Tenía
talento y conocía teórica y prácticamente la ciencia
del sindicalismo. Sin él, seguramente, la huelga en distintas
localidades de la provincia, no hubiese tenido ese sabor popular que
le caracterizó. Era un hombre de ideas claras. No obstante su
condición de anarquista tenía conciencia de clase. Le
oímos decir que había leído obras de los clásicos
de socialismo, especialmente a Carlos Marx y Federico Engels”.
El 20 de julio se realizó una asamblea de colonos
en la chacra que arrendaba Capdevilla, en la que actuaron como dirigentes
Manuel Sales y Ludovico Fauda. En aquella reunión
clandestina, pues la policía andaba en busca de Capdevilla, el
catalán de esta historia dijo: “Ya
hemos cumplido la primera etapa. La huelga ya anda en Alcorta, y seguramente
llegará a Máximo Paz. Para ello hay que distribuirse el
trabajo. Cada chacra debe ser un miembro del comité de huelga”.
La chacra de Capdevilla está llena de agricultores.
Un candil alumbra pálidamente cien rostros de sufridos trabajadores
de la tierra. El viento pampero calaba hondo hasta los huesos de hombres
que, mal abrigados y peor alimentados se aprestaban para iniciar una
etapa decisiva. En la tranquera de la finca, Capdevilla dispuso que
dos colonos con sus correspondientes escopetas, monten guardia. Al siguiente
día, se supo que en la chacra de Capdevilla se había realizado
una reunión de colonos.
Manuel Rodeiro, a quien Capdevilla le trabajaba el campo,
era un caudillo lugareño que había estado al servicio
del oficialismo hasta 1912 en que debido al triunfo de la Unión
Cívica Radical, se pasó, por conveniencia, a sus filas.
Amigo de la policía de campaña, comprendiendo que el catalán
Capdevilla agitaba a los campesinos de sus campos, resolvió hacerlo
perseguir por la policía, la cual no pudo atrapar al destacado
dirigente, porque desempeñaba actividades lícitas y constitucionales,
como el derecho a agremiarse en defensa de sus intereses.
En una oportunidad, Rodeiro le envió un emisario
invitándolo a conversar en su domicilio particular, con el propósito
de tenderle una celada y de sobornarlo. Capdevilla, que nada tenía
de tonto ni de necio, le replicó al emisario: “Dígale
a don Rodeiro que él bien conoce el camino que conduce hasta
mi chacra. Que si quiere verme y tiene interés en conversar conmigo,
que venga hasta aquí. Lo esperaré con mucho gusto en la
chacra. A no ser que tenga miedo o escrúpulos de que se sepa
en el pueblo que alternó con un anarquista”.
Manuel Rodeiro no era hombre de quedarse atrás ni
de amedrentarse. Informado de la cortante respuesta que Capdevilla le
había dado a su enviado, de inmediato se encaminó hasta
la chacra. El catalán lo dejó entrar. Y cuando estuvieron
en el corredor, Rodeiro le extendió su mano, y le habló
con buenos modos a Capdevilla. Cuando entraron en el tema de la huelga,
Rodeiro trató de persuadir a Capdevilla para que abandonara su
tarea agitativa, a lo que el aguerrido y terco catalán le replicó:
“Usted se equivoca, señor Rodeiro.
Yo no soy ni político ni oportunista. Soy hombre de lucha. Continuaré
bregando por mis hermanos de clase. Pero recuerde siempre que la solución
de la huelga de sus colonos, yo entre ellos, está en sus propias
manos. Rebaje usted el precio de los arrendamientos; firme nuevos contratos
y verá de qué manera tan simple y sencilla llegará
a un acuerdo y sus colonos le cantarán loas, agradecidos”.
Rodeiro se retiró de la chacra, convencido de que
su principal enemigo era Capdevilla, ingenioso catalán que había
logrado constituir una comisión de huelga, especie
de intersindical moderna integrada como sigue: Francisco Capdevilla,
Francisco Bulzani, Manuel Sales, Ludovico Fauda, Ramón Biladrich,
Francisco Pedia, Francisco Menna, Francisco Caporalini y Jisé
Ita.
Entre Capdevilla y Rodeiro había un abismo temerario.
El 9 de julio en el pueblo de Máximo Paz celebrábase jubilosamente
las efemérides de la independencia nacional. La huelga había
quedado relegada a un segundo término. Capdevilla aprovechó
la oportunidad de dicha celebración para trasladarse desde su
chacra hasta el pueblo. Se metió en uno de los clásicos
boliches de campaña, ubicado en la esquina de la plaza del pueblo.
En ese preciso instante, la charanga policial del pueblo
hizo oír los sones del Himno Nacional argentino. Los parroquianos
que estaban sentados se pusieron de pie y se sacaron sus sombreros,
todos, menos el chacarero Capdevilla que permaneció sentado con
la cabeza sin descubrir. Manuel Rodeiro se informó del gesto
de Capdevilla y le indicó a un servidor policial que estaba en
la plaza que se acercara a Capdevilla y lo increpara por no haberse
quitado el quitado el sombrero durante la ejecución del Himno
Nacional.
El citado servidor policial, acatando las órdenes
del caudillo, se le acercó a Capdevilla y le dijo: “Usted
tenía la obligación de sacarse el sombrero, o es que no
se dio cuenta pedazo de bruto, gallego atrevido de que estaban tocando
el Himno de nuestra patria. Lo obligo a que se saque el sombrero y se
lo ponga nuevamente…”.
Capdevilla sin inmutarse, le replicó: “Vea
señor policía, perseguidor de colonos, yo no me quité
el sombrero y tampoco me lo quito ahora, porque lo compré para
tenerlo puesto y sacármelo cuando me da la gana. Finalmente,
a usted lo manda Rodeiro. Pues, vaya y dígale que yo no tengo
más himno que el de los trabajadores ni más patria que
el mundo. Mi bandera es la roja de los hombres libres”.
La posición de Capdevilla no fue la correcta, propia
de los anarquistas. El catalán se retiró del boliche campesino
en compañía del colono Manuel Sales y cuando habían
andado varias vueltas, Capdevilla le expresó: “Gente
ingenua, gente tonta y estúpida. Lo que sucedió hace un
momento fue una provocación de Rodeiro. Buscaba camorra pero
no le di con el gusto de pelearme con ellos. Los anarquistas peleamos
cuando queremos. A otro perro con ese hueso”. Luego soltó
una carcajada. Juntamente con Manuel Sales, pues vivían en chacras
cercanas, se subieron a un sulky que estaba atado en un poste junto
a un bebedero y emprendieron el regreso. La noche había caído
sobre el pueblo y el campo. Las primeras estrellas llenas de frío
del mes de julio, titilaban desde las alturas.
Para narrar los sucesos, que protagonizó el anarquista
Capdevilla, nos hemos valido de sus memorias que nos fueron entregadas
por Manuel Sales, a quien el Catalán hizo depositario de las
mismas.
Hechos, escenas, anécdotas como las precedentes
abundan en dichas memorias. Relataremos dos hechos que servirán
para demostrar el grado de violencia que alcanzó la huelga en
Máximo Paz.
A fines de julio se realizó una reunión de
colonos en la plaza del pueblo, invitados por la Comisión de
Huelga, colocaron una silla que hacía las veces de tribuna y
habló Capdevilla sobre la situación de los colonos y de
sus justas reivindicaciones. Pero bien pronto le salió el anarquista
que había en su mente y en su corazón, y expresó:
“La revolución social está
en marcha; ya se acerca del brazo de la ciencia y el progreso. Levantemos
entonces la mirada y empuñemos el rojo pendón de la libertad
y de la justicia; sublime enseña de nuestra redención.
Rompamos para siempre las gruesas cadenas que oprimen a los hombres
y mujeres de tiempos remotos en la historia de la humanidad. No más
esclavitud; no más sirvientes de los poderosos”.
Finalizó su extenso discurso con los siguientes
conceptos: “Ha llegado el momento de levantar
nuestras voces para decirles a todos los tiranos de la tierra: ¡Basta
de tanta humillación! La humanidad marcha hacia un destino mejor
sin opresores ni oprimidos”.
En sus memorias, Capdevilla, dice que no pudo concluir
su discurso, pues la policía incitada por Manuel Rodeiro, arremetió
en contra de los parroquianos allí reunidos, golpeando a unos
y deteniendo a otros, menos a la presa codiciada: el catalán
huyó hábilmente en cuanto se percató de la peligrosa
situación.
El 26 de julio los huelguistas, cuyos reclamos no tenían
eco en Manuel Rodeiro y otros terratenientes de la zona, realizaron
nueva reunión en la chacra de Capdevilla, que se había
convertido en el blanco de los comentarios pueblerinos. Esta vez, la
policía estaba informada de que se haría una asamblea
en la chacra del catalán, por lo que sin ser vistos, penetraron
a la misma, y se instalaron en altos pajonales que había cerca
de un arroyo que bordeaba el campo de Capdevilla.
Al comenzar la asamblea, la policía se trasladó
hasta la puerta de la chacra, por lo que, al finalizar la misma, el
primer huelguista que asomó su nariz en la chacra, escuchó
que una voz potente le decía: “¡Alto, que
nadie se mueva porque hacemos fuego!”. Los colonos no
se amedrentaron. Corrieron con todas sus fuerzas, y se escondieron detrás
de una parva, mientras la policía vociferaba: “Esta
vez no se salva nadie. También caerá ese catalán
revoltoso”.
Lo cierto es que en la chacra se produjo una batalla campal.
La resistencia entre colonos y policía fue prolongada. Corridas,
gritos y municiones de escopetas que buscaban los cuerpos de los policías,
los cuales vencidos se refugiaron en los altos pajonales. Desde allí,
cuando renació la calma, se les ocurrió a las fuerzas
del “orden público” una idea criminal. Le prendieron
fuego a una parva.
Los agricultores, perseguidos y atónitos, corrieron
hacia la tranquera para ganar el camino, pero allí nueve de ellos
fueron detenidos por las fuerzas policiales, y recluidos en los sucios
calabozos de la comisaría de campaña. El colono más
castigado fue Ludovico Fauda, herido de gravedad. Francisco Capdevilla
había conseguido escapar sin dejar rastros.
Al día siguiente, el perverso Manuel Rodeiro, autor
de aquella maquinación policial, le envió el siguiente
telegrama al señor Ministro de Gobierno de la provincia de Santa
Fe: “Máximo Paz, 27 de julio de 1912. Señor
Ministro de Gobierno. Ayer fueron asaltados los colonos que trabajaban
en nuestra colonia por huelguistas armados. Estos se han resistido a
la policía habiendo sido tomados presos nueve de ellos y sus
armas. Pedimos a S.S. se sirva tomar medidas para garantir la libertad
de trabajo, pues la mayoría de los colonos quieren trabajar,
pero grupos de huelguistas armados cometen actos de violencia impidiendo
trabajar al colono laborioso. Este hecho lo hemos comunicado al señor
jefe político. Saludámosle atentamente. Donadeu, Rodeiro
y Conde”.
Mediante tan infame como injurioso telegrama, los subarrendadores
Donedeu, Rodeiro y Conde, pretendían justificarse ante la historia,
sin percatarse que alguna vez habría de comentarse la realidad
de los hechos.
Mientras tanto, los agricultores que había sido detenidos por
la policía en el asalto a la chacra de Capdevilla fueron trasladados
hasta Villa Constitución y, desde allí, conducidos a la
Jefatura de Policía de Rosario, en que quedaron presos e incomunicados.
Los detenidos por las fuerzas policiales fueron, entre
otros, Manuel Sales, Manuel Baldrich, Francisco Pedia, José Pardiñas,
Baldomero Pueyrredón, José Berbecé, José
Perec y José Baldomar, que ocuparon cargos de responsabilidad
en la Comisión de Huelga de Máximo Paz, presidida por
el infatigable Francisco Capdevilla.
Los referidos colonos estuvieron presos durante quince días hasta
que, por gestiones realizadas por el doctor Daniel J. Infante, fueron
puestos en libertad bajo su fianza.
Debemos acotar que el doctor Daniel J. Infante
luchó mucho y bien para que se constituyera la Federación
Agraria Argentina. En su carácter de intendente municipal
de Rosario, gestionaba diariamente la libertad de colonos detenidos
por la policía al servicio de los caudillos lugareños,
de los terratenientes y del gobierno de Menchaca.
Tras grandes sacrificios, finalmente, los agricultores
de Máximo Paz impusieron sus condiciones de trabajo sobre la
base de contratos nuevos, con mejores remuneraciones para los agrarios.
No obstante esta situación, ni Rodeiro ni los terratenientes
de la zona le perdonaron al catalán Capdevilla, su obstinada
brega que culminó con el triunfo de la causa agraria en dicha
localidad.
Francisco Capdevilla, miembro de la filial
de la Federación Obrera Regional Argentina,
continuó su brega por la justicia social.
Durante una asamblea realizada en Máximo Paz habló
en nombre de la FORA, meses después de haber concluido la huelga
agraria. La policía arremetió contra los organizadores
de dicho acto, y esta vez sí lograron detener a Capdevilla que,
sin forcejeos, se entregó a sus verdugos. Primero se le confinó
en un calabozo del pueblo, donde le hicieron objeto de malos tratos.
Posteriormente lo trasladaron hasta Rosario, donde fue sometido a la
justicia para ser procesado por el delito de profesar ideas “extranjeras”,
así reza en alguna parte del juicio a que fue sometido.
La oportuna y rápida intervención del
doctor Daniel J. Infante, y del gobernador Menchaca, hizo posible
la modificación de la sentencia que aún no había
sido dispuesta por el juez, pues se pensó en aplicarle la Ley
de Residencia y expulsarlo de la República.
Tras recuperar su libertad bajo fianza, Francisco Capdevilla
regresó a Máximo Paz. Fue recibido por gran cantidad de
colonos, amigos y correligionarios políticos. No era ya el mismo
hombre de antes. Le habían vejado y torturado brutalmente. Y
un día cualquiera del año 1913, juntamente con su fiel
amigo Manuel Sales, se alejaron del pueblo, no sin antes realizar una
función de teatro en que se puso en escena la obra “Madre
Tierra” de ideología anarquista. Dicha función
fue suspendida por la autoridad policial casi al final del drama de
carácter social y agrario.
Francisco Capdevilla tomó el tren que lo condujo
nuevamente hasta Rosario, de donde nunca jamás regresó
a las zonas agrarias. Manuel Sales en sus apuntes históricos
sobre la huelga agraria de 1912, escribió: “Capdevilla
fue mi gran amigo. Luchador e idealista, sólo la cárcel
logró aplastarlo. Recuerdo que cuando estuvo preso en Rosario
organizó una sublevación de reclusos, algunos de los cuales
lograron fugarse. Sin duda, fue un revolucionario que difundía
sus ideales anarquistas, convencido del inevitable advenimiento de una
nueva sociedad llena de amor y de justicia”.
A largos trazos, dejando en el tintero la narración
de otros hechos sobre los sucesos de Máximo Paz, hemos intentado
dar una imagen de lo que en esa localidad aconteció en la huelga
de 1912.
(Pág. 99 a 105)