Alcides Greca
(1889-1956) 
  Dr. Alcides Greca
Discurso pronunciado en la Facultad de Medicina con motivo
del XX aniversario de la Reforma Universitario de 1918.



CENTRO DE ESTUDIANTES DE DERECHO
FILIAL ROSARIO

Pronunciado el 15 de Junio de 1938 por el Dr. Alcides Greca, Prof. de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales en el anfiteatro de la Facultad de Medicina con
motivo del XX Aniversario de la Reforma Universitaria.


Señores estudiantes:
   No apagado aún el eco de los aplausos que acogieron las palabras del Rector en la solemne ceremonia de la inauguración de los cursos, aplausos que prodigáramos con cálido entusiasmo profesores y alumnos para testimoniar nuestra fe en la democracia tan maltratada aun por aquellos que de continuo la invocan y tan valientemente defendida en dicha ocasión, he sido requerido por la Federación Universitaria del Litoral para que exponga mi pensamiento sobre el contenido social de la Reforma en esta magna asamblea del estudiantado, que conmemora hoy su vigésimo aniversario.

   He medido mi gran responsabilidad, y pienso que, por mi condición de profesor, y por pertenecer a una generación que ha entrado ya en su declinatoria, no debo pronunciar palabras triviales o meramente circunstanciales. Se me piden directivas y, equivocado o .no, trataré de darlas sin buscar e1 aplauso fácil que se obtiene por el halago. Renegaría de mi tradición de lealtad y de franqueza si tratara de amoldar mis palabras al gusto y a la medida de mis oyentes. Diré, con toda libertad de espíritu, cuál debe ser, en mi concepto la futura trayectoria de la Reforma, cuáles han sido sus resultados hasta el presente y cuáles son los deberes de la juventud en esta hora trágica que está viviendo el mundo.

   La Reforma de 1918 no fue un hecho ocasional, que se produjera aisladamente en la ciudad de Córdoba, donde la juventud estudiosa era víctima de una camarilla ultrarreaccionaria, que usufructuaba la universidad con el criterio económico-rural de nuestros terratenientes. Fue la culminación de un largo proceso ideológico, en el que la provincia de Santa Fe tuvo una participación activa y trascendente. La lucha estudiantil llega a su máximo vigor cuando el pueblo adquiere la conciencia de sus derechos por el ejercicio del sufragio libre.

   La Reforma es una derivación del movimiento renovador y democrático producido por la implantación de la ley Sáenz Peña. Cuando la elite agro-feudal, que se había adueñado del gobierno del país, fue desalojada de sus posiciones por el empuje de la voluntad popu1ar, se atrincheró en los institutos de enseñanza superior como en un baluarte o en un refugio. Las universidades fueron su Alcázar de Toledo, su Santuario de Santa María de la Cabeza, desde donde seguían disparando sus proyectiles sobre las huestes renovadoras, a la espera de un Salvador, que llegaría tarde o temprano, acaudillando la oscura morisma de la reacción.

   En la lucha de Santa Fe, que iniciaron en 1912 los estudiantes de la vieja Facultad de Derecho, cooperó eficientemente el primer gobierno de origen auténticamente democrático que surgiera en el país. Mientras el estudiantado, apoyado por un grupo de hombres de tendencias liberales, entre los que tuve el honor de figurar, propiciaba la nacionalización de la Universidad provincial, la camarilla que usufructuaba 1as cátedras sólo pedía la nacionalización de los títulos.

   El pueblo de Rosario, sin proponérselo de una manera expresa puso su grano de arena en favor de la causa renovadora. levantando el gran Hospital del Centenario en el que figuraba este edificio, en cuyo frente se había colocado una inscripción que decía: "Escuela de Medicina". Estas aulas vacías durante largos años, esperaban que los gobernantes las llenaran con la bulliciosa juventud que hoy me escucha.

   La Universidad del Litoral es por tanto, una hija auténtica de la Reforma Universitaria, y al recordarlo rindo un emocionado homenaje al que fuera .su gran líder en la lucha de los estudiantes santafesínos, a Pablo Vrillaud, todo luz y acción bella alma de poeta y de conductor de muchedumbres que trágicamente abatiera su vuelo un aciago accidente, que por circunstancias conocidas, me es singularmente doloroso e inolvidable.

   Los postulados primordiales de la revolución reformista; la participación de los estudiantes en el gobierno de las casas de estudio; la dispersión de las camarillas de profesores la abolición del nepotismo la revisión de los anacrónicas planes de estudio y la implantación de métodos modernos de investigación científica, debían constituir 1os medios para llegar a una finalidad superior: la formación de futuro hombre argentino, que debía tomar más tarde las directivas del país desde todos los ángulos de su política y de su cultura.

   ¡Han transcurrido veinte años! Los hombres que entonces tenían veinte hoy tienen cuarenta. Observamos apesadumbrados que salvo muy pocas excepciones tan pocas que pueden ser contadas por los dedos de las manos aquellos jóvenes se han eclipsado de la acción, se han deslizado hacia el silencio y la molicie de la vida burguesa. El gobierno del país no está en sus manos, la enseñanza tampoco está en sus manos. Otros hombres prolongación de aquellos mismos hombres que combatieron, siguen detentando las riendas del país en todos sus órdenes.

   ¿Qué ha ocurrido con la Reforma La Reforma que se enquistó en luchas pequeñas y estériles dentro de las casas de estudio. Se discutía un decanato, una rectoría, una elección de consejeros. Se luchaba contra un profesor o entre los propios estudiantes. La Reforma en el dieciocho luchó en la calle con el apoyo de los gremios obreros y de las fuerzas representativas de la opinión pública. Al perder más tarde su contacto con el pueblo perdió su gran empuje y quedó librada a sus propias fuerzas. Por eso hoy está casi vencida.

   Pese a la Reforma, el país sigue gobernado con los viejos procedimientos y por idénticos hombres, las universidades siguen impartiendo enseñanza profesional, convertidas en fábricas de títulos. Se me dirá que la enseñaza que se imparte en las universidades argentinas es excelente y que de ellas egresan eximios médicos, eminentes ahogados, ilustres ingenieros pero yo os diré que el ser buen médico, buen abogado o buen ingeniero, nada significa en la vida de un pueblo si ese profesional no ha cultivado su espíritu conjuntamente con su intelecto.

   Esta demostrado que el hombre moderno no ha progresado paralelamente en la línea de su espíritu con la línea de su intelecto. Ni la intelectualidad es espiritualidad, ni la ciencia forma la conciencia. La ciencia amplia los horizontes de la conciencia, pero si su estudio no va acompañado de una férrea disciplina moral, de un alto idealismo humano, puede conducirnos, por nuevos y refinados procedimientos a los mismo extremos de la horda. Atila y Krupp, Tamerlán y Sir Basil Zaroff, han realizado en el mundo idéntica tarea. Existen intelectuales sin cultura e intelectuales sin conciencia. Nada más peligroso que el puro intelectualismo producto de una enseñanza unilateral, cientificista y deshumanizada.

   El intelectual puro es el político cínico, el abogado trapalón, el médico mercantilizado, el ingeniero de las medidas falsas y farmacéutico curandero y el filósofo equilibrista que fabrica doctrinas y teorías "ad usum Delphini". También los lombrosianos llegan a las universidades y se gradúan de doctores.

  El crimen adquiere entonces nuevos aspectos, y el bandolero de los robos en despoblado, propios de las pueblos pastoriles es sustituido por un gran señor de finos modales que parapetado en su bufete o en su clínica, pertrechado con un diploma que reemplaza al trabuco o al fúsil, otea los vericuetos del Código Penal para atacar a sus víctimas a mansalva y con toda impunidad. Rara vez llega a la cárcel pero llega fácilmente a la riqueza y a las altas esferas del poder.

   Ese intelectual puro, lombrosiano por herencia o lombrosiano por falta de conciencia, instruido pero inculto, permítaseme el dislate, suele ser el estadista que encarcela o destierra a sus adversarios, que negocia la riqueza de su país a costa del hambre de sus conciudadanos, que se echa a la espalda la ley y los escrúpulos para gobernar con sus digestiones y sus vísceras, y es también, el que dasata la guerra, la destrucción y la muerte.

   El hombre moderno intelectual técnico, dueño de los sectores de la física y de la química ha cambiado el taparrabos por un uniforme, el candil por la lámpara eléctrica, el alarido por las bellas romanzas, el hacha y la honda por la ametralladora y la granada de mano, pero en el fondo de su espíritu sigue agazapado el pitecántropo. Es el hombre-chauffer del Keyseryling y es el hombre-avión producto de la política realista de las dictaduras totalitarias que desde cinco mil metros de altura escondido entre las nubes, con el belfo saliente y los ojos anhelantes de matanza y estrago vuela sobre Barcelona, sobre Guernica, sobre Addis Abeba, sobre Shanghai, sobre Hong Kong, y deja caer sus píldoras de muerte sobre los hogares donde se descansa, sobre las iglesias donde se implora, sobre las escuelas donde se aprende y se canta, sobre los hospitales donde se sufre, sobre los asilos, sobre las plazas, sobre los mercados, sobre los teatros y sobre los cinematógrafos.

   Es el hombre-artillero, que dispara todas las noches sobre los barrios de Madrid y que mata a la madre que duerme ceñida en un trágico abrazo con sus pequeñuelos. Es también el gobernante que ordena una purga de sangre entre sus propios camaradas, sin sumarios, ni procesos y es asimismo el que fusila previo proceso pero teniendo en rehenes a la madre, a la esposa y a los hijos del acusado para que éste se confiese culpable y acepte la muerte como un suicidio. El hombre-bestia, el Han de Islandia de la fantasía huguiana. que bebía su vino en una taza formada con el cráneo de una de sus víctimas, es un alma cándida, un inofensivo personaje de opereta, excelente para asustar a los pequeños, a lado de estos intelectuales, arios puros, o asiáticos puros, que admiran a Kant, a Goethe, a Wagner y a Nietzsche.

   Estamos en lo más bajo de la curva, en la marcha sinuosa y ascendente de la humanidad. Si hubiésemos de admitir como verídica la reencarnación de las almas, que según los teósofos que beben sus inspiraciones en las doctrinas indostánicas, debe producirse cada mil quinientos años, podríamos decir que asistimos en estos momentos a la reencarnación de los bárbaros que en el siglo quinto de nuestra era surgieron de las selvas de Germania y de desiertos del Asia, para aniquilar la civilización greco-romana.

   ¿Nos precipitamos acaso, según las observaciones del cristiano Berdiaeff, en una nueva edad media? ¿Asistimos a los últimos estertores de una civilización que desaparece, y de cuyas ruinas surgirá un mundo nuevo, una nueva era que, como el cristianismo, dará nacimiento a una nueva cultura y dotará a la humanidad de un nuevo espíritu?

   América, que debe permanecer incontaminada de odios raciales, de nacionalismos excluyentes y agresivos, de teorías alocadas, producidas por la desesperación, el hambre y el estrago, debe formular su ideario y aprontarse para su gran misión futura. Cuando el polvorín europeo salte en mil pedazos por el aire; debemos tenernos firmes. La juventud de América, vosotros jóvenes universitarios, debéis encontrar el camino. Hemos estado y seguimos estando un poco desorientados.

   Avanzamos y retrocedemos, tanteando el terreno. Como alguien lo expresara con justeza, damos dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás. Avanzamos tanteando, porque no sabemos hacia donde vamos. Miramos hacia la derecha y hacia la izquierda. ¿Por qué no mirar al frente, por encima de todo vericueto? ¿Por qué América ha de seguir buscando en Europa, en los conflictos de Europa, en la cultura de Europa, en el hambre y en la miseria de Europa, la solución de sus propios problemas? ¿Por qué no caminar erguidos y firmes hacia el frente?

   El sentido político y social de los problemas de América no es ya un misterio para algunos hombres y para algunos pueblos del continente. Sólo los argentinos seguimos desorientados, perturbados, influenciados por los millones de extranjeros que conviven con nosotros, por las noticias de los grandes rotativos, por los libros que nos llegan de afuera. Si queréis un ejemplo de esta desorientación espiritual, observad a nuestros artistas que debieran ser creadores originales por excelencia.

   Visitad el actual Salón de Otoño, donde muchos pintores han hecho arte clásico, inspirados en los viejos modelos, o arte de vanguardia, retorcido, alocado, de evasión, propio de los hombres que han escapado de las trincheras o que sienten sobre sus cabezas el zumbido de los aeroplanos, mensajeros de la muerte. Ahí hay de todo menos arte argentino americano.

   Dos pueblos del continente, de gran cultura hispano-indígena, de auténtica cultura americana, van abriéndose paso en medio de las penumbras y desorientación de esta hora para resolver sus problemas con verdera visión americana, con criterio americano y con métodos americanos: Méjico y el Perú.

   El Méjico del General Cárdenas se está liberando del imperialismo económico extranjero y libera también al nativo del caciquismo político-económico-social de los imperialistas de adentro.

   El Perú, pese a la opresión de su dictador Benavídez y de la casta militar que los apoya, es un pueblo espiritualmente libre, que por su fe en el aprismo conoce su camino y lo tomará muy pronto. Su conductor espiritual, el creador de su ideología, Víctor Raúl Haya de la Torre, es un hijo esclarecido de la Reforma del dieciocho que, al extenderse por toda América, encontró su mejor expresión en este varón fuerte, digno de figurar en el libro de Plutarco.

   Hay que decirlo con orgullo, y también, con un poco de pena, Haya de la Torre es el único valor político, auténtico y completo que ha dado la Reforma. La reforma universitaria de la Argentina, pese a que fue la cuna del movimiento continental, no produjo el gran conductor de la juventud y del pueblo que todos esperábamos, que tanto necesitamos; no el líder para la simple pelea electoral dentro de las aulas sino para la gran batalla nacional continental en que la Argentina y América deben cumplir la tercera y trascendental etapa de su historia: su liberación espiritual y económica.

   Por eso os digo, vuestro camino no es de izquierda ni de derecha europea. Está al frente y cuando digo al frente, no digo en el centro. El centro es estático y significa retroceso. El camino recto del frente es más avanzado que el de la izquierda, porque es más corto y está tendido sin obstáculos entre el sujeto y su meta. Liberad a América del imperialismo capitalista extranjero, liberad al hombre americano de la miseria y del hambre, liberadlo de la ignorancia y de la incultura. Colocadlo muy alto, sobre la más empinada cima, visible a todo el universo, para que se lo contemple como el valor más auténtico de la nueva civilización que nace.

   Este es el camino que debe seguir la Reforma. Debe salir de las aulas, de los claustros, de la disputa casera y pueril. Su misión está hoy en la calle, en la prensa, en las mil tribunas de pueblo. Y porque su misión es americana no podrá ser egoísta, ni resolverse con encogimientos de hombros anglo-sajón. Debe estar con su corazón lleno de afectos, con sus labios llenos de verdades, con sus manos llenas de bellas acciones, con su cerebro lleno de pensamientos luminosos para ir en auxilio de todo lo que en el mundo signifique un dolor, una injusticia, una forma de opresión.

   La frase de Sáenz Peña: "América para la humanidad" no tiene el significado que pretende adjudicársele, y que consistiría en señalar a los parias del mundo nuestras tierras incultas para que vengan a trabajarlas y a convertirse en parias americanos. "América para la humanidad" quiere decir: "América para la civilización. América para el porvenir".

   La Reforma debe tomar la calle, sin olvidar la Universidad. Si todavía existen camarillas, si todavía se aplican planes anacrónicos, si todavía hay santones que desconfían del espíritu innovador de la juventud, la Reforma no debe descuidarlos ni perderlos de vista. Pero cuando la Reforma esté en todas partes, convertida en una doctrina político-social, las camarillas, los santones y los viejos infolios se verán aventados por algo más violento y expeditivo que las protestas, más o menos líricas, de los delegados estudiantiles.

   El ideario de la Reforma, entendedlo bien, jóvenes estudiantes, no debe apagarse en vuestro espíritu al recibir el diploma profesional. Es notorio que, pese a todas las prédicas, a las grandes frases y a las solemnes invocaciones, se sigue haciendo profesionalismo en nuestras universidades, ingrata tarea en la que actúan mancomunados profesores y alumnos. Lo que yo me atrevo a llamar "analfabetismo universitario", es típico en el profesional argentino y, también, en el estudiante argentino. Es propio del hombre que sólo lee el texto que prepara para la lección mientras se estudia, y para la consulta o el caso planteado cuando se ejerce.

   Este "analfabetismo", producto de una enseñanza unilateral, ha transformado a nuestros universitarios en verdaderas máquinas de producción económica, comerciantes de nueva laya, que hacen digno "pendant" con los que trafican con los cereales, las carnes y demás productos comestibles. Intentad hablar de arte, literatura, filosofía, sociología o economía política con un universitario argentino y os encontraréis, en el noventa por ciento de los casos, con un supino ignorante o con un indiferente. Si se ha definido al francés "como un señor de perita, condecorado, y que no sabe geografía", yo me atrevería a definir al universitario argentino como "un señor bien vestido, de finos modales, que pasea en automóvil, y que sólo sabe lo que le interesa a sus clientes".

   Debemos reaccionar contra ese afán desmedido de llegar cuanto antes a la obtención del título y volar con éste bajo el brazo a la conquista de la clientela y de los pesos. Ese estudiante, aparentemente idealista, contagiado de entusiasmo, que en los claustros luchaba por las reformas sociales y políticas imbuido al parecer, de un gran sentido humanista, presto, echa todo al olvido.

   Ya abogado, médico o ingeniero, sólo piensa en el confort, en la buena vida, en la casa puesta, en la cuenta corriente de los Bancos, y nos encontraremos con que el antiguo revolucionario, el idealista violento y agresivo de los veinte años es, a los veinticinco, cuando se compra el primer automóvil, un insignificante burgués, en el que hasta el físico -fiel reflejo del espíritu- va señalando con un ligero abultamiento del abdomen, que llegará a su máxima expresión, cuando sea el feliz propietario de una casa de departamentos y se case con la heredera del más rico comerciante o estanciero de la zona.

   El profesional universitario olvida fácilmente sus deberes para con el país. La cultura no le ha sido proporcionada por el Estado para que sólo acumule pesos, para que se constituya en casta para que haga una vida fácil y que todo se deslice placenteramente a su alrededor. No fue ésta la vida de nuestros antepasados. No fue esa la de los conquistadores, de los hombres de la independencia, de la organización nacional, de la conquista del desierto, de la colonización agrícola.

   Nadie me podrá sospechar simpatizante de los regímenes totalitarios, pero hay una frase de Mussolini, en sus conversaciones con Emil Ludwig, que es toda una lección: "Nosotros, dijo, nos hemos hecho difícil la vida". Esta norma es el secreto de su éxito. Hacer difícil la vida, significa elegir la carga más pesada e incómoda, el camino más escabroso, pero significa también, la realización de un ideal. Si sus adversarios hubiesen hecho difíciles sus vidas, posiblemente no habrían sido dominados, encarcelados o desterrados.

   El egoísmo y el sensualismo de nuestros profesionales universitarios, rayan en lo inaudito. Nada les importa, con tal que no se les toque su ración, su empleo, su clientela. Su único afán es que se salven sus pesos, aunque se hundan el país y el mundo. Este crudo sensualismo se extiende desde la selva chaqueña hasta el desierto patagónico, acentuado en estos últimos tiempos por el mal ejemplo que parte de las altas esferas gubernativas y de los partidos políticos.

   Vivimos en permanente estado de oprobio. Pareciera que existe una consigna, que se trasunta en humillar, corromper y mediocrizar al pueblo argentino. El que no agacha la cabeza y acepta las imposiciones de los gobernantes o de los jefes de partidos, el que no cierra los ojos ante el fraude o se complica con él, el que no tiende la mano para recoger la dádiva o la coima, es castigado, perseguido, calificado de enemigo de la patria.

   Defender la ley es comunismo. Proclamar el imperio de la Constitución es un acto sedicioso.
Nuestros universitarios, en su gran mayoría, no han demostrado un coeficiente de espíritu cívico superior al de los obreros manuales. La cultura profesional trae un excesivo deseo de riqueza y de confort que debe conquistarse rápidamente no importa por qué medios. Las duras luchas sociales y políticas, la producción literaria o filosófica, en una palabra, la vida difícil, no encuentra muchos adeptos entre los millares de egresados de nuestras universidades.

   Si calculamos, "grosso modo", que existen en el país cien mil profesionales universitarios, cálculo que no está muy lejos de la cifra exacta, sin incluir en ella a profesores y maestros, y pensamos que difícilmente habrá mil que actúan en la política activa, y ni siquiera cien que se dedican a la producción literaria o filosófica, llegamos a la desconsoladora conclusión de que los universitarios que militan en política, apenas si llegan al uno pon ciento y los que hacen verdadera cultura, escasamente al uno por mil.

   Formo parte de la "Sociedad Argentina de Escritores", que tiene trescientos afiliados. Puedo asegurar que no llegan a veinte los que ostentan un título universitario. Esto equivale a decir que la cultura -la verdadera cultura- no se forma hoy en nuestras universidades. La acción cultural del universitario, no se observa siquiera en el periodismo, de más fácil acceso y menores exigencias técnicas. Decidme, sino, ¿cuántos médicos, abogados e ingenieros conocéis en Rosario, que actúen en forma permanente y destacada en su vida periodística?

   La reforma universitaria no debió estancarse, limitando su acción a los problemas de la enseñanza. La generación del dieciocho ha envejecido, aunque su vigoroso espíritu siga orientando a la juventud presente. Han transcurrido veinte años, y no han transcurrido en vano. Cuando se inició la Reforma, el fascismo no había hecho su aparición en el mundo, con la imposición de sus métodos violentos y regresivos, con sus teorías liberticidas y dictatoriales. Hasta las dictaduras de la política criolla habían desaparecido casi en los pueblos de América.

   La República Argentina parecía haber afianzado definitivamente su régimen democrático por medio del sufragio libre. Hemos retrocedido con una sensación de vértigo. Estamos al borde de la catástrofe. El mundo se ha cubierto de tinieblas. Los pueblos trabajan febrilmente para la guerra. Se combate en Europa y en Asia. Aun está fresca la sangre de los campos del Chaco y Etiopía.

   La Reforma tiene que salir a la calle y convertirse en un credo americano. Ya no basta designar autoridades y delegados, rever programas de estudios, auspiciar la investigación científica, combatir las camarillas y el nepotismo. Hay que salir a la calle y tomar contacto con el pueblo. Hay que asomarse a la ventana y tomar contacto con el mundo.

   La Reforma debe defender la justicia, la democracia la liberación económica de los trabajadores, la cultura, la paz, la civilización en suma. Todo está amenazado por una bárbara regresión. Como lo expresáramos en un comienzo, ha reaparecido el hombre de las cavernas y se ha apoderado de los instrumentos que brinda el progreso. Destierra a los sabios, quema sus libros, pero sigue fabricando cañones, ametralladoras, tanques y acorazados.

   La juventud debe cerrar filas. No debe dejarse engañar por los grandes domadores de pueblos, ni por sus gestos ni por sus teorías, tan gratas a las clases privilegiadas. Para luchar por la patria no es necesario marcar el paso al compás de marchas guerreras, ni ponerse una camisa negra verde o amarilla. Basta el tranco repasado y la camisa limpia del hombre honesto, que trabaja con la conciencia limpia.

   La juventud debe defender la libertad, porque ella es el camino de la paz. Debe estar con el corazón, con el pensamiento y con la acción, junto a todos los oprimidos del mundo. Cuando aparece un pirata del aire, que destruye ciudades, que mata ancianos mujeres y niños, debe sentirse en el percutor del cañón antiaéreo que voltea de un disparo, en un acto de suprema defensa y de suprema justicia.

   Debe estar con la España republicana, traicionada y ensangrentada por un grupo de militares al servicio del feudalismo regresivo y el capitalismo voraz.

   Debe estar con la China humillada, conquistada a sangre y fuego por el militarismo japonés, debe estar con la desdichada Etiopía sometida a metralla limpia desde los Caproni y los Savoia.

   Debe estar con los perseguidos de todo el mundo, con los bravos apristas peruanos, con sus presos del Panóptico, de la isla de "El Frontón", de las Casamatas de El Callao y de los campos del Madre de Dios, infierno verde que no alcanzara a imaginar el genio de gran Florentino.

   Debe estar con los perseguidos y encarcelados del Brasil, con los agrarios de Méjico, con el frente popular de Francia y con los portorriqueños, oprimidos por la plutocracia yanqui.

   Mientras en Ginebra siguen reuniéndose los diplomáticos para cambiar brindis, sonrisas y discursos, mientras el gabinete inglés sigue haciendo su política de doble juego, mientras protesta porque torpedean un barco cargado de forrajes y se calla ante la matanza de niños y mujeres de Barcelona y Hong Kong, la juventud del mundo, los obreros del mundo, deben levantar su voz, deben crear un clima moral que avente la barbarie, deben protestar y gritar, gritar, hasta quedar ronca, gritar hasta que se estremezca el universo, hasta que las madres se nieguen a seguir pariendo hijos que sirvan de pasto a la metralla.

   ¡Grande y trágico es vuestro destino, jóvenes de 1938! Vais a actuar en la hora más terrible de la historia. Hora trascendente, comparable sólo a la que viviera el cristianismo en los postreros días del Bajo Imperio!

   Asistís al derrumbamiento definitivo de un mundo caduco, de una civilización en ruinas, para iniciar el comienzo de una nueva, en medio de la hecatombe y del estruendo de la guerra. Debéis estudiar a la luz del incendio y del fogonazo del cañón, mientras se escucha en la noche el trágico galope de los nuevos bárbaros que llegan.

   Luchad con todas vuestras energías, con toda vuestra fe, con todo vuestro entusiasmo. Pese a nuestros consejos, seguid sólo el camino que os señale vuestra recta conciencia. El camino es sólo visible para vosotros. Nosotros apenas si lo vislumbramos. Luchad por la justicia del mundo y marchad hacia vuestro destino, con el paso acompasado y tranquilo de los hombres libres, llevando como coraza la camisa limpia de los hombres de conciencia limpia.

   Penetrad en las puertas luminosas de la historia, revestidos de una noble fe y de un generoso ideal, para construir un mundo mejor, donde no se apague jamás la llama del espíritu, ni resurjan de las tinieblas del pasado, el bárbaro y el esclavo, que levantando su diestra, imploraban la sonrisa del déspota, al que ofrecían su vid… con el "Ave César" de una suprema humillación.